Se prohíbe el porno en el Reino Unido... de un tipo muy concreto

No lancen las campanas al vuelo… por desgracia la pornografía va a seguir dañando a generaciones enteras de chicos y chicas. Peo la noticia que llega del Reino Unido tiene su interés y abre una brecha que, si algún político se atreviera a ser coherente, tendría consecuencias bastante más amplias.
Porque la realidad es que el Reino Unido se ha convertido en el primer país occidental en muchas décadas en restringir la pornografía. El pasado 3 de noviembre, el gobierno británico presentó en el Parlamento un proyecto de ley que incluye una enmienda que tipifica como delito la pornografía en la que se muestra estrangulamiento o asfixia, lo que en los países de habla inglesa se conoce como «choking». Además, establece que las plataformas de internet bloqueen este contenido a sus usuarios conectados desde el Reino Unido. Tanto la posesión como la publicación de este tipo de pornografía serán delitos penales, y la nueva legislación pone este material al mismo nivel que el que muestra abuso infantil o contenidos terroristas.
Tras años de discutir sobre los efectos de la pornografía, parece que cada vez hay menos gente que cuestiona el hecho de que la pornografía daña a quienes la consumen y, así, daña al conjunto de la sociedad. En el mismo Reino Unido, un informe del gobierno de febrero de este año, sacaba a la luz que el estrangulamiento durante las relaciones sexuales se había convertido en una experiencia no tan rara para las mujeres jóvenes: al menos cuatro de cada diez mujeres británicas de entre 18 y 39 años la habían experimentado.
Como ya señaló el año pasado Jonathon Van Maren en The European Conservative, son muchas las chicas jóvenes que, a partir de la proliferación de vídeos pornográficos que incluyen el estrangulamiento (y cosas peores añadía Van Maren), han llegado a considerar esta repulsiva práctica como parte normal de una relación sexual. Algunas encuestas muestran que esto es abrumadoramente así entre los miembros de la generación Z. La pornografía ha normalizado este y otros tipos de violencia sexual, y las chicas se resignan a convivir con ellas. De hecho, en el Reino Unido, el estrangulamiento durante las relaciones sexuales ya es la segunda causa más común de accidentes cerebrovasculares en mujeres menores de 40 años.
Nada muy sorprendente para una generación criada viendo Pornhub. Laila Mickelwait, una activista dedicada a combatir la pornografía, declaraba estos días: «He visto en Pornhub muchos vídeos caseros de mujeres jóvenes desnudas siendo asfixiadas con bolsas de plástico, algo que llamaban «tortura con bolsas de vacío» y «momificación». En los vídeos (en los que nunca se verificaba la edad ni el consentimiento), las chicas se retorcían en señal de protesta, gritaban e intentaban liberarse. A menudo, el vídeo terminaba en medio de esa práctica, sin dejar claro si la chica había sobrevivido o había muerto».
No cabe duda de que la prohibición de estos contenidos es una buena noticia. Y no es que los políticos que gobiernan en el Reino Unido hayan comprendido la maldad de la pornografía, el ataque que supone a la dignidad de las personas, pero al menos no han podido mantener los ojos cerrados ante unas consecuencias muy concretas y muy devastadoras. El principio es claro: la pornografía, al menos de un tipo, daña a las personas y al conjunto de la sociedad, y es legítimo prohibirla y perseguirla, aún cuando sea «consensuada». Ahora ya sólo falta que extiendan ese principio a otros tipos de pornografía especialmente degradantes y que acaben por comprender que toda pornografía es dañina, y lo es para todos: hombres, mujeres, chicos y chicas.
8 comentarios
1) Cuando quieren prohibir algo se puede hacer. Todos esos que decían que es imposible prohibir la pornografía en general etc... Mentían. No les da la gana.
2) Les molesta, y por eso prohiben, un tipo concreto, pero el resto no. Es decir cada vez más te dicen "esto sí, esto no" sin ninguna razón objetiva más que su criterio. Dictan como pensar, como vivir...
Si esto no es 1984... Se le parece.
Recuerdo una clase en la que el profesor preguntó: "¿se debe prohibir la pornografía?"
Y los alumnos no sabían qué contestar. Yo contesté "¡por supuesto!" A lo que el profesor acotó "hay que prohibirla, pero no se debe perseguir a cada uno de los consumidores porque las acciones privadas de los hombres no son de la incumbencia del Estado".
Lo cual me dejó un poco perplejo.
Un psiquiatra observó atinadamente que el masoquiso le iba más a las mujeres y el sadismo a los hombres. Lo clavó.
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