(C-Fam/InfoCatólica) La Santa Sede ha recordado al comité de Naciones Unidas encargado de los derechos de la mujer que ninguna terminología puede ocultar que el aborto «entraña la destrucción de una persona humana no nacida», ni convertirlo en un derecho humano reconocido internacionalmente. Lo hizo en una reciente reunión entre representantes de gobiernos y organizaciones de la sociedad civil en la que, según informa C-Fam, el comité pidió fondos y recibió a la vez duras críticas por su larga trayectoria de promoción del aborto.
La intervención vaticana tiene un relieve particular, porque la Santa Sede no es Estado parte de la convención que supervisa el comité y, aun así, se sumó a las objeciones.
La maternidad, presentada como imposición
El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (Comité CEDAW) reconoce en su recomendación general que la «maternidad es una contribución importante» de las mujeres a las familias y a las sociedades. Sin embargo, añade a renglón seguido que «muchas mujeres se ven obligadas a la maternidad», entre otros motivos, por la penalización del aborto.
A partir de ese diagnóstico, el texto recomienda a todos los Estados parte de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer que «adopten medidas para despenalizar el aborto y garanticen un acceso asequible a una atención integral al aborto».
La objeción de la Santa Sede
El delegado de la Santa Sede se opuso con firmeza a esta recomendación. Tras precisar que la Santa Sede no ha ratificado la CEDAW, pero que desea participar con espíritu constructivo, afirmó que «la expresión "atención al aborto" es profundamente engañosa, y busca normalizar la eliminación deliberada de una vida humana inocente presentándola como atención sanitaria».
«Tal terminología no puede ocultar la realidad fundamental de que el aborto entraña la destrucción de una persona humana no nacida, ni puede transformar el aborto en un derecho humano reconocido internacionalmente», prosiguió.
La delegación vaticana cuestionó también la afirmación de la presidenta del comité de que el tratado es un «instrumento vivo», y señaló que esa tesis no es coherente ni con el propio texto del tratado ni con la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados. Objetó, además, la insistencia del comité en que los textos religiosos se interpreten a la luz de la CEDAW y la recomendación de que los gobiernos «pongan en marcha programas de estudios de género y una educación obligatoria en salud y derechos sexuales y reproductivos en todos los niveles del sistema educativo».
La convención, de hecho, no contiene ninguna referencia al aborto y mucho menos lo presenta como un derecho humano.
Egipto se suma a las críticas
El delegado de Egipto también rechazó las referencias al aborto. «Despenalizar el aborto no es una obligación derivada de la Convención, ya que la [Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo] deja la decisión correspondiente al ámbito nacional, de modo que cada país fija las condiciones en las que se permite el aborto», declaró.
Ningún otro delegado nacional abordó expresamente la cuestión. La última en intervenir fue la representante del Center for Reproductive Rights, que agradeció al comité la recomendación general y su «referencia explícita a la salud y los derechos sexuales y reproductivos, el aborto, la autonomía corporal y reproductiva y la educación sexual integral». Lamentó que, pese a las orientaciones de la Organización Mundial de la Salud a favor de la despenalización total, muchos países mantengan el aborto en su legislación penal, y pidió al comité que priorice el acceso al aborto «a petición, sin supuestos restrictivos», eliminándolo de los tribunales penales.
C-Fam advierte de que, en materia de aborto y derechos humanos, la propia OMS se apoya a su vez en las orientaciones del Center for Reproductive Rights y del Comité CEDAW.
Un comité con apuros económicos
Durante la presentación de su trabajo, los miembros del comité aludieron en repetidas ocasiones a la difícil situación financiera de la ONU. Los recortes presupuestarios han reducido su personal y su capacidad para reunirse, algo que, según uno de sus miembros, ocurre «en el actual contexto de reacción global y amenazas contra los derechos de las mujeres».








