(InfoCatólica) Cuando una congregación cierra un colegio o cede una residencia de ancianos, no se pierden solo plazas. Una línea de investigación económica sostiene que la desaparición progresiva de la red asistencial que mantuvieron durante décadas las religiosas en Europa pudo encarecer la crianza de los hijos y contribuir así al descenso de la natalidad.
La hipótesis procede de un estudio publicado en 2018 en el Journal of Demographic Economics, que ha recuperado El Economista. Se titula «From Empty Pews to Empty Cradles: Fertility Decline Among European Catholics» («De los bancos vacíos a las cunas vacías: el descenso de la fecundidad entre los católicos europeos»). Lo firman los economistas Eli Berman, Laurence R. Iannaccone y Giuseppe Ragusa, que analizaron datos de trece países europeos entre 1960 y 2000.
Su conclusión más llamativa es que la pérdida de los servicios que prestaban las órdenes religiosas podría haber influido en la evolución de los nacimientos más que los cambios en las creencias. La tesis no sostiene que la práctica religiosa determine por sí sola cuántos hijos tienen las familias. Apunta a algo más concreto, el coste efectivo de criarlos, que aumentó a medida que se desvanecía una red de escuelas, hospitales y obras asistenciales que antes se daba por descontada.
Religiosas por cada 10.000 católicos
Para medir el peso de esas instituciones, los investigadores usaron como indicador el número de religiosas por cada 10.000 católicos, porque las congregaciones femeninas aportaban buena parte del personal de colegios, hospitales y otras obras de la Iglesia.
El retroceso fue desigual. En España el indicador pasó de 21 religiosas en 1960 a 15 en 2000. En Italia bajó de 31 a 20, en Francia de 30 a 10 y en los Países Bajos de 77 a 18. Portugal, en cambio, se mantuvo en siete durante todo el periodo, según recoge El Economista.
Esas diferencias entre países permitieron a los autores comprobar si la pérdida de religiosas coincidía con cambios en la fecundidad. Dentro de su modelo econométrico estimaron efectos del orden de 300 a 400 hijos por religiosa.
Guarderías y natalidad
Un trabajo más reciente apunta en una dirección compatible, aunque no se refiere a la Iglesia. El 14 de julio de 2026 la revista PLoS One publicó «Early public childcare and fertility: A longitudinal study for Europe», de Giovanni Minchio, Agnese Vitali y Stefani Scherer. El estudio cruza el uso de guarderías públicas para niños de cero a dos años en 60 regiones de once países europeos con la trayectoria de mujeres de entre 20 y 45 años con pareja, entre 2005 y 2020.
Según sus resultados, un aumento de diez puntos en la escolarización pública de esa franja de edad se asocia con un incremento del 29% en la tasa de paso al primer hijo y del 32% en la del segundo. En cifras, se pasa de 9,8 a 12,2 primeros nacimientos por cada 100 mujeres, y de 7,1 a 9,0 en el caso de los segundos.
Las informaciones de prensa resumen que el efecto es mayor entre las mujeres con menos recursos económicos. El artículo precisa algo distinto. La asociación con el primer hijo es especialmente marcada entre las mujeres con menor nivel de estudios o con empleo, y entre las que no trabajan no se observa relación significativa. Los autores detectan además un efecto de saturación, porque la asociación solo es significativa en las regiones donde el uso de guarderías públicas no supera el 22% (el 27% para el segundo hijo). Entre las regiones españolas estudiadas, cinco partían de una cobertura nula en 2003. Los propios investigadores advierten de que no pretenden establecer relaciones causales.
La red que se deshace
En España, el retroceso de las vocaciones estaría reduciendo la capacidad de algunas congregaciones para sostener sus obras. Según datos históricos de la Iglesia, el país pasó de cerca de 88.000 religiosas profesas en 1969 a unas 58.000 en 1987. En 2024 las estadísticas vaticanas contabilizan 32.996.
La falta de relevo y el envejecimiento de las comunidades están llevando a cerrar casas, abandonar residencias o traspasar su gestión, sobre todo a entidades privadas. Ya en 2020 la consultora Alimarket advertía de esta tendencia en el sector geriátrico. En Bilbao, las Hermanitas de los Pobres cerraron en 2024, por falta de religiosas para mantenerla, una residencia que había atendido a mayores durante casi cuatro décadas. En Caravaca de la Cruz, las Hermanas de los Desamparados dejaron en enero de 2025 el asilo que gestionaban desde 1883, que pasó a manos de una empresa privada.
En la enseñanza, según las memorias de la Conferencia Episcopal Española, los centros educativos católicos pasaron de unos 2.635 en el curso 2010-2011 a 2.536 en el 2023-2024. En el mismo periodo, los concertados pasaron de unos 2.445 a 2.402. En el último de esos cursos, el 97% del personal docente era seglar y solo el 3% religioso.
De la vocación a la nómina
Esa sustitución altera la estructura de costes. Las congregaciones aportaban personas cuya dedicación no funcionaba como una relación laboral asalariada convencional. La contratación de profesionales, en cambio, obliga a asumir salarios y cotizaciones. Que ese gasto acabe recayendo en las familias o que lo absorban las instituciones y las administraciones depende del modelo de financiación de cada centro.
El cierre de una obra religiosa no siempre supone que el servicio desaparezca, pero abre interrogantes sobre tarifas, condiciones de acceso y financiación. Los datos de la Conferencia Episcopal reflejan además una contracción rápida de la red asistencial de la Iglesia. Sus beneficiarios pasaron de 4,7 millones en 2017 a poco más de 3,8 millones en 2024, en torno a un 20% menos en siete años.
El Economista advierte de que la teoría, aunque merece estudiarse, no explica por sí sola la caída de la natalidad. A su juicio, sí plantea hasta qué punto la desaparición de redes asistenciales gratuitas ha pesado también en el fenómeno, más allá de la habitual explicación cultural. Religión en Libertad, que se hace eco de los estudios, recuerda que España registró en 2025 una de las tasas de fecundidad más bajas de la Unión Europea. Para este medio, la pregunta de fondo ya no es solo por qué las familias desean menos hijos, sino también qué apoyos han desaparecido por el camino.








