(InfoCatólica) Chick-fil-A no abrirá en domingo, ni ahora ni en el futuro. Así lo ha asegurado Andrew Cathy, consejero delegado de la cadena estadounidense de comida rápida, que mantiene cerrados sus establecimientos el primer día de la semana desde sus orígenes en 1946 y cuyo máximo responsable reconoce que nunca se ha parado a calcular cuánto dinero le cuesta esa decisión.
Cathy lo explicó en una entrevista concedida al programa Today de la cadena NBC, en la que repasó el origen de una norma que la empresa considera intocable. Según relató, en sus inicios el negocio abría las 24 horas durante seis días a la semana, algo habitual en los años cuarenta. El cierre dominical respondió al deseo de garantizar a los trabajadores un día fijo de descanso. «Debían tener la oportunidad de hacer una pausa... de ir a la iglesia y, para otros, simplemente de descansar un poco», afirmó.
Un gigante casi desconocido fuera de Estados Unidos
Para el lector español o iberoamericano, el nombre apenas dice nada, pero en Estados Unidos Chick-fil-A es una institución. Con sede en Atlanta, en el estado de Georgia, la cadena se especializa en el sándwich de pollo frito y es el tercer grupo de restauración del país por ventas, solo por detrás de McDonald's y Starbucks. En 2025 facturó 23.918 millones de dólares con 3.287 establecimientos (unos 20.500 millones de euros), y lo hizo por delante de enseñas tan conocidas en España como Burger King.
Su rasgo más llamativo es el rendimiento de cada local. Un restaurante de Chick-fil-A vende de media 7,7 millones de dólares al año, frente a los algo más de 4 millones de un McDonald's, y eso abriendo un día menos a la semana. La cadena es, además, célebre por la atención al cliente, ya que encabezó durante once años consecutivos el índice estadounidense de satisfacción del cliente en comida rápida, hasta que este año la cadena de bocadillos Jersey Mike's la desplazó por un solo punto. Es la cadena de comida rápida más popular en el Sur y el Oeste del país.
«Es demasiado importante para nosotros»
Los empleados valoran mucho el cierre dominical, señaló Cathy, porque saben que cada semana tienen asegurado un día libre. El consejero delegado, que dirige la compañía desde hace cinco años, subrayó que jamás ha calculado los ingresos que la cadena deja de percibir por no abrir los domingos. «Y esa es la pura verdad. Nunca lo he hecho, porque nunca es algo que nos planteemos. Es sencillamente demasiado importante para nosotros», declaró.
A su juicio, una empresa familiar puede permitirse una decisión así aunque no maximice la facturación. Chick-fil-A sigue siendo de capital privado y está en manos de la tercera generación, ya que Andrew Cathy es nieto del fundador.
Una empresa nacida de la fe bautista
La impronta cristiana de la familia fundadora explica buena parte de la identidad de la compañía. Su fundador, S. Truett Cathy, fue un laico bautista del Sur que construyó su negocio sobre los principios de su fe y que durante más de medio siglo dio catequesis dominical a chicos de 13 años en la First Baptist Church de Jonesboro, en Georgia. Tras sus primeros pasos como restaurador, abrió el primer local con la marca Chick-fil-A en un centro comercial de Atlanta en 1967. Cathy, fallecido en 2014, explicaba el cierre dominical como su manera de honrar a Dios y de dirigir la atención a cosas más importantes que el negocio.
Esa herencia sigue presente en el propósito con el que se define la empresa, que su actual consejero delegado recordó en la entrevista. «Estamos en el negocio para glorificar a Dios siendo fieles administradores de todo lo que se nos ha confiado y para ejercer una influencia positiva en todos los que entran en contacto con Chick-fil-A».








