(OSV News/InfoCatólica) Los obispos de Francia han condenado la «violencia inaceptable» que se apoderó del país durante el fin de semana del 17 y 18 de octubre. En una declaración fechada el 19 de octubre, la presidencia de la Conferencia Episcopal afirma que las escenas de disturbios «sumieron al país en la conmoción, el miedo y la desolación, suscitando numerosas preguntas sobre las causas profundas de esta crisis».
«Instamos a todos a no dejarse arrastrar por la espiral de esta violencia mortífera: nuestro país merece algo mejor», escribieron los obispos, que expresaron su indignación por los agentes de las fuerzas del orden atacados y heridos, las tiendas saqueadas, los bienes públicos dañados y los edificios que representan a las instituciones del Estado, objeto de actos vandálicos.
«Queremos expresar nuestro apoyo y nuestra solidaridad a todos los que han sufrido heridas, así como a los numerosos comerciantes que han sido víctimas de este vandalismo», añadieron los obispos. La declaración la firman el presidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal Jean-Marc Aveline, arzobispo de Marsella, y sus dos vicepresidentes, Mons. Vincent Jordy, arzobispo de Tours, y Mons. Benoît Bertrand, obispo de Pontoise.
Otros responsables de la Iglesia y diversos comentaristas se han sumado a los obispos en su llamamiento a una salida pacífica de la crisis. Insisten en que ha llegado la hora de que los ciudadanos se conviertan en constructores de paz y rechacen la creciente división, y recuerdan la reciente visita apostólica del Papa León XIV al país como un faro que seguir.
Una violencia trágica que ha destruido edificios históricos
Las manifestaciones del 17 de octubre se convocaron inicialmente para protestar por el aumento del coste de la vida, pero llegaron en medio de un movimiento de protesta de estudiantes de secundaria que, desde finales de septiembre, había derivado en un levantamiento urbano de mayor alcance. Con la incorporación de activistas de extrema izquierda y alborotadores encapuchados, algunos manifestantes se enfrentaron a la policía, causando heridas a cientos de agentes, y atacaron escuelas y otros bienes públicos.
Los alborotadores rompieron escaparates para saquear comercios, mientras los dueños, desesperados, intentaban proteger sus propiedades, y prendieron fuego a automóviles en numerosas ciudades de Francia.
Ayuntamientos y edificios públicos fueron atacados, sufrieron graves daños o quedaron completamente destruidos. El ayuntamiento de Limoges, un edificio histórico del siglo XIX en el centro de Francia, quedó casi totalmente arrasado por un aparatoso incendio.
Cardenal Aveline: Francia merece algo mejor
El presidente de la Conferencia Episcopal ya había condenado la «violencia inaceptable» en una declaración propia el 18 de octubre.
«No nos dejemos atrapar por la espiral de esta violencia», afirmó el cardenal Aveline. «Nuestra ciudad y nuestro país merecen algo mejor que esto. Junto con todos los creyentes, recemos para que cesen estos disturbios y vuelva la paz».
El purpurado, que fue testigo directo de la violencia en Marsella, la segunda ciudad de Francia, escribió que «nuestra ciudad, como muchas otras en Francia, ha sido víctima de una violencia inaceptable».
«Al margen de las manifestaciones previstas, se saquearon tiendas, se forzaron iglesias, el ayuntamiento fue invadido y destrozado, una comisaría fue saqueada y se atacó a miembros de las fuerzas de seguridad», relató.
«Junto con toda la Iglesia de Marsella, deseo expresar mi apoyo y mi solidaridad a quienes resultaron heridos y a los comerciantes que fueron víctimas de este vandalismo», añadió el arzobispo.
El arzobispo de Lyon habla de una sociedad en crisis
Mons. Olivier de Germay deploró a su vez la destrucción sufrida por Lyon, otra de las grandes ciudades francesas, de la que es arzobispo.
«La violencia que se produjo en Lyon el 17 de octubre va mucho más allá del marco de una protesta en la que se pueden expresar reivindicaciones legítimas», escribió en la red social X el 18 de octubre. «La ciudad fue escenario de enfrentamientos, odio, destrucción y saqueos, todo lo cual es inaceptable. Nuestros pensamientos y nuestras oraciones están con los comerciantes, las fuerzas del orden y todos los que fueron víctimas de estos excesos, incluidos quienes querían manifestarse pacíficamente».
Para Mons. de Germay, la necesidad urgente es ahora actuar como «constructores de paz».
«Soy muy consciente de que esta violencia es signo de una sociedad en crisis», afirmó. «Pero quiero reiterar con énfasis que es un callejón sin salida y que solo puede conducir a más injusticias y divisiones. No es enfrentando a unos con otros, sino trabajando juntos, como podremos afrontar los desafíos que tiene ante sí nuestra sociedad».
Vergüenza ante un país desfigurado
El 18 de octubre las reacciones de profunda consternación se multiplicaron en toda Francia, y numerosos comentaristas expresaron la vergüenza de ver el país tan desfigurado por saqueadores y alborotadores entregados a una destrucción compulsiva. «¿Qué nos está pasando?», escribió Jérôme Chapuis, director del diario católico La Croix. «El estallido de violencia de aquel fatídico 17 de octubre es desalentador, inquietante y motivo de vergüenza para nosotros».
Chapuis señaló como responsables de los daños, tanto como a los propios alborotadores violentos, a «los arquitectos del caos, los influencers o los partidos políticos embarcados en la carrera hacia los extremos». Reclamó además que se depuren responsabilidades, mientras París y otras grandes ciudades amanecían el 19 de octubre con escenas propias de una posguerra.
El eco del discurso del Papa en el Elíseo
Frente a la arrogancia de los alborotadores, escribió Chapuis, ha surgido en Francia otra forma de indignación, apenas un mes después de una visita papal muy fructífera en el país.
«Es la indignación pacífica de hombres y mujeres de buena voluntad que, en la diversidad de sus opiniones y de sus formas de compromiso político, contemplan las ruinas».
«Ante la imagen del ayuntamiento calcinado de Limoges, viene a la mente el eco reciente de un discurso», añadió Chapuis, en referencia a las palabras que León XIV pronunció en el Palacio del Elíseo, sede de la Presidencia de la República, el día de su llegada a Francia, el 25 de septiembre.
«Libertad, igualdad y fraternidad no son simplemente palabras grabadas en el frontispicio de vuestros edificios públicos; remiten a imperativos éticos universales que encuentran también en el mensaje evangélico una fuente inagotable de inspiración y de plenitud», dijo aquel día el Papa ante el presidente Emmanuel Macron y las autoridades presentes.
Para Chapuis, esas palabras del Pontífice «harían bien en ser escuchadas de nuevo por todos los que aprecian la paz civil, los que conocen su valor y su fragilidad».
Macron: cómo han podido hacer los franceses esto a Francia
En París, donde calles enteras quedaron arrasadas, la violencia continuaba aún la noche del 18 de octubre cuando el presidente Macron se dirigió a la nación por televisión.
«Al ver estas imágenes, todos nos hemos preguntado cómo han podido los franceses hacerle esto a Francia», dijo Macron. «¿Cómo han podido llegar a esto? Nada lo justifica; nada lo explica». El presidente se refirió a los numerosos comerciantes que tuvieron que «defender ellos mismos sus tiendas frente a los delincuentes» y atribuyó la responsabilidad de esta «violencia desenfrenada» a «alborotadores de grupúsculos de extrema izquierda a los que se han sumado numerosos delincuentes».
Macron concluyó su intervención aludiendo a las próximas elecciones presidenciales, que se celebrarán en abril y mayo de 2027.
«Todos los que hoy os dicen que lo urgente es salir a la calle, protestar y sembrar el desorden tienen un único objetivo: socavar la República y secuestrar el debate», lamentó.
«Los debates deben celebrarse en reuniones públicas. Deben celebrarse con los partidos políticos, no en la calle mediante la violencia», prosiguió. «Deben tener lugar en los periódicos, en los programas de televisión y en encuentros pacíficos, donde la gente habla y se explica con respeto, nunca en medio del caos y la destrucción. Nuestro país merece una gran elección presidencial dentro de seis meses».








