(IFN/InfoCatólica) A solo dos semanas de que Washington se cubra de pancartas en la Marcha por la Vida, el movimiento que fue el aliado más fiel del expresidente siente el frío de la incertidumbre. La petición de «flexibilidad» de Trump sobre la Enmienda Hyde ha encendido las alarmas: no es solo política, es una cuestión de principios.
En los pasillos del Kennedy Center, donde las palabras suelen medirse con cuidado diplomático, una sola frase de Donald Trump ha bastado para fracturar un bloque que parecía de granito. Al pedir «flexibilidad» a los legisladores republicanos sobre la Enmienda Hyde, el hombre que una vez fue aclamado como el presidente más «provida» de la historia de EE. UU. ha tocado una fibra sensible que va mucho más allá de las estrategias electorales de 2026.
El peso de una promesa
Para entender mejor la alarma, hay que mirar atrás. Desde 1976, la Enmienda Hyde no ha sido solo un texto legal; ha sido el escudo de millones de contribuyentes que se niegan a que su dinero financie el aborto. Michael New, que ha dedicado su vida a estudiar estas cifras desde el Instituto Charlotte Lozier, lo ve con la claridad de quien cuenta ausencias: «Son 2,6 millones de vidas salvadas. Cuarenta y nueve años de frutos que ahora vemos amenazados por un giro táctico».
Pero donde los asesores políticos ven votos moderados y pragmatismo para las próximas elecciones, los provida de base ven una traición a los más vulnerables.
Voces en la trinchera
Lila Rose, una de las voces más enérgicas, no oculta su decepción. A través de sus redes, su mensaje fue un grito de resistencia: «Sin excepciones. Sin ceder ni un centímetro. Si sacrificas Hyde, sacrificas a niños inocentes». Para Rose y su organización, Live Action, la política no es un mercado de regateos, sino un compromiso sagrado.
Más crudo fue Randall Terry, un veterano de mil batallas en las calles, quien no dudó en usar una metáfora punzante. Comparó la petición de compromiso de Trump con pedir a un esclavo que negocie con su amo. «Me preocupa más que algunos grupos quieran hacerse una foto con el presidente que salvar a las víctimas de este genocidio», sentenció, subrayando una brecha generacional y moral que amenaza con vaciar las urnas republicanas en noviembre.
El dilema de noviembre
La advertencia más seria llega de Marjorie Dannenfelser, presidenta de SBA Pro-Life America. Ella conoce bien los despachos de Washington y sabe que la «flexibilidad» en política suele ser el preludio de la rendición. «Es un abandono de un compromiso de décadas», advierte con la frialdad de quien recuerda las derrotas del pasado. Su pronóstico es sombrío: si el Partido Republicano suelta la mano de la Enmienda Hyde, la caída en las urnas será inevitable.
Mientras Washington se prepara para el frío de enero y los autobuses de todo el país comienzan su ruta hacia la capital para la Marcha por la Vida, la pregunta en el aire ya no es solo legislativa. Los líderes provida han dejado claro que su lealtad no es a un hombre, sino a una causa. Ahora, la pelota está en el tejado de un Trump que debe decidir si la «flexibilidad» vale el precio de romper con una base leal.








