La Iglesia le ahorra al Estado tres mil millones de euros en educación

Giménez Barriocanal: «Muchos españoles no conocen la realidad económica de la Iglesia»

El Vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal asegura que todavía hay muchos españoles que no conocen la realidad económica de la Iglesia Católica. Giménez Barriocanal afirma que aunque «la asignación tributaria es una especie de colchón de seguridad que permite tener unos ingresos mínimos para cubrir necesidades básicas», en realidad «la parte fundamental» de la financiación de la Iglesia proviene «del compromiso personal de los católicos que destinan su dinero directamente a favor de la misma».

(Inmaculada Álvarez, ZENIT.org).- La Iglesia española prepara actualmente una campaña informativa sobre el nuevo acuerdo alcanzado con el Gobierno en materia económica, según explica a Zenit el responsable de Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Española, Fernando Giménez Barriocanal: «El problema es que los ciudadanos en general no conocen la realidad económica de la Iglesia católica», afirma.

La financiación de la Iglesia católica en España se estableció en los acuerdos bilaterales entre el Estado y la Santa Sede, y consistía en la renuncia de la Iglesia a recibir directamente dinero del Estado y que fuesen los ciudadanos quienes voluntariamente contribuyesen a su financiación. Esta fórmula se materializaba a través de un pequeño porcentaje asignado de la tributación de la Renta, el 0,52%, que los contribuyentes destinarían a la Iglesia o a otros fines sociales marcando cada año la correspondiente casilla en el formulario tributario.

Sin embargo, los acuerdos preveían un periodo de «ajuste» de un máximo de cinco años durante el cual el Estado «completaría» la financiación a cargo de los presupuestos generales del Estado. Este periodo provisional, por diversas razones, se ha prolongado hasta ahora, cuando finalmente el Gobierno y la Iglesia han renegociado el porcentaje, que era insuficiente para que la Iglesia se autofinanciara.

En esta entrevista, el vicesecretario de Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Española, el seglar Fernando Giménez Barriocanal, explica en qué consiste esta reforma, así como a qué fines se destina el dinero en la Iglesia católica.

--¿En qué consiste la reforma de la financiación de la Iglesia?

--Consiste en varias cosas, en primer lugar que, a partir de ahora, los contribuyentes pueden destinar un 0,7% de los impuestos de la renta a la Iglesia Católica, mientras que antes el porcentaje era del 0,52%. En segundo lugar, la Iglesia va a recibir para su sostenimiento sólo lo que se obtenga de esta asignación, mientras que hasta ahora había tenido un mínimo garantizado en los presupuestos generales del Estado. En tercer lugar, a cambio de esta subida, la Iglesia ha renunciado a cambio a una serie de beneficios fiscales que tenía en materia de IVA. Lo más importante es la modificación del porcentaje del Irpf: de cada 1.000 euros de sus impuestos, los contribuyentes pueden destinar 7 al sostenimiento de la Iglesia.

--Esto, para el contribuyente, ¿va a suponer algún cambio?

--No, en absoluto. Ni los contribuyentes que deben pagar a Hacienda tienen que pagar más por marcar la casilla, ni a los que les toca devolución les van a devolver menos, ya que ese porcentaje corresponde a la cuota íntegra, que se calcula sobre impuestos teóricos antes de las deducciones. Por tanto, para el contribuyente es neutral el hecho de marcar la casilla.

--Esta reforma, ¿estaba prevista en los acuerdos Iglesia-Estado de 1979 o supone una modificación de los mismos?

--Efectivamente estaba prevista. Cuando se firmaron los acuerdos se estableció que se iba a poner en marcha el sistema de la asignación tributaria, y se preveía un periodo de transición que iba a durar aproximadamente tres años, para acomodar el porcentaje a la capacidad real de obtención de recursos, y lamentablemente ha tardado casi 19 años en ponerse en práctica.

Pero lo importante es que lo que se ha hecho estaba pactado en los Acuerdos: establecer un porcentaje adecuado y que la Iglesia renunciara al mínimo garantizado que tenía hasta ahora.

--En este nuevo acuerdo, ¿la Iglesia sale perdiendo desde el punto de vista económico?

--Es difícil de prever. Lo lógico es que, si las cosas se trabajan bien y la Iglesia explica bien su mensaje, se puedan recabar por esta vía más recursos. Lo que también es verdad es que pierde la seguridad de ese mínimo garantizado que tenía hasta ahora. Yo confío en el trabajo que vamos a realizar de explicación de lo que la Iglesia es para obtener más recursos. Si no, no habríamos llegado a este acuerdo.

En noviembre hicimos una campaña de imagen, explicando lo que es la Iglesia, y este mes de abril estamos comenzando una nueva campaña, más intensa, con spots publicitarios en televisión, en radio, con intervenciones en los medios, y probablemente pongamos en marcha también un periódico gratuito. Se trata de explicar a los contribuyentes cómo tienen que hacer cuando reciben el borrador de la declaración, y sobre todo a qué se destinan estas aportaciones.

--¿A qué se destina el dinero de la Iglesia?

--A las cuatro finalidades recogidas en el Código de Derecho Canónico: en primer lugar, a mantener a los cerca de 20.000 sacerdotes existentes en España; en segundo lugar, a mantener la actividad litúrgica en las cerca de 22.700 parroquias del país; en tercer lugar, a la actividad evangelizadora (no sólo en España: hay cerca de 19.000 misioneros españoles en todo el mundo), y por último, a la actividad asistencial.

--Para que la gente se haga una idea, ¿cuánto cobra un sacerdote?

--Depende de las diócesis. Lo que se les garantiza es el salario mínimo interprofesional. Podemos hablar, por ejemplo, en el caso de un párroco, de un salario entre 600 y 800 euros al mes. Los obispos cobran algo más, alrededor de 900 euros al mes. Es verdad que muchos sacerdotes tienen vivienda parroquial, pero como puede verse, la austeridad en la que nos movemos es grande. Hay que recordar que un sacerdote cotiza por el salario mínimo, sin derecho a baja laboral, y que cuando se jubilan percibe sólo la pensión mínima.

--Hay otra cuestión que es la del patrimonio, la Iglesia española tiene una carga patrimonial importante.

--Sin duda, la Iglesia es titular de un inmenso patrimonio histórico-artístico, un patrimonio del que se beneficia toda la sociedad, pero que tiene también dos notas importantes: por un lado, no es enajenable, no se puede vender; y por otra, es una fuente de gastos más que de ingresos. Es decir, es un patrimonio muy caro de mantener, y por aunque nominalmente suponga una riqueza, en realidad la Iglesia lo único que hace es administrarlo y pagar los gastos que ocasiona (las facturas de la luz, la calefacción, etc.).

--En estos días se ha conocido la sentencia del caso Gescartera, por el cual tanto se criticó a la Iglesia. ¿Por qué la Iglesia invierte en fondos y qué pasó exactamente?

--La Iglesia tiene algunos fondos provenientes de herencias, legados y fundaciones, de personas que han querido que los intereses de su patrimonio reviertan en actividades de carácter social o evangelizador. Ese dinero tiene que invertirse en los mercados financieros, que es donde se pueden generar esos intereses. Normalmente se hace en base a criterios de prudencia, con la máxima seguridad posible, buscando una rentabilidad adecuada (para que puedan cumplir el fin a que se han destinado) y ese es el motivo por el que muchas instituciones religiosas dispongan de fondos en el mercado. ¿Dónde se invierten? Pues no hay una norma establecida, aunque sí se pide a los intermediarios (profesionales) que se haga en fondos seguros, éticos, etc.

La mayoría de los operadores financieros son solventes y serios, pero concretamente en el caso Gescartera no fue así, y las instituciones que le confiaron sus fondos fueron las grandes perjudicadas al perder su patrimonio. Lo verdaderamente lamentable es que, a esas instituciones que han perdido su patrimonio, encima se las culpabilice por haber tenido ese dinero, que habían recibido para dedicarlos a los fines de que hablaba antes.

--De todas las partidas económicas, ¿cuál es a la que se destina más dinero?

--Como es lógico, lo primero que aseguramos es el mantenimiento de los sacerdotes, eso consume una parte importante de los recursos. A partir de ahí, se distribuye atendiendo a las necesidades básicas (mantenimiento de los templos, etc.) En cuanto a la actividad asistencial, muchos fondos se reciben directamente de los benefactores.

Me interesaría destacar que, al margen del dinero, hay una aportación muy importante que la gente realiza en tiempo: estoy pensando en los más de 60.000 voluntarios que tiene Cáritas, en los más de 70.000 catequistas y agentes de pastoral, y en esas miles y miles de personas que dedican su tiempo gratuitamente a la labor evangelizadora y asistencial de la Iglesia.

--¿La Iglesia gasta menos de lo que produce?

--Eso por supuesto. Recientemente hemos hecho un estudio en el que se muestra que sólo en las parroquias se producen 42 millones de horas de trabajo pastoral. Si eso lo valoráramos a un precio de coste, estaríamos hablando de alrededor de 900 millones de euros (si lo valoráramos a precio de mercado estaríamos hablando de más del doble), ¡mientras que de la Asignación Tributaria se reciben alrededor de 150 millones de euros! Por poner otro ejemplo, sólo en materia educativa (los centros concertados) la Iglesia le ahorra al Estado alrededor de 3.000 millones de euros. Es indudable que la Iglesia ofrece (y ahorra) mucho más de lo que gasta.

--Pero el dinero de los colegios concertados no sale de este fondo...

--No, en absoluto. El dinero de los colegios concertados sale del bolsillo de todos los españoles, que decidimos en su día que la enseñanza obligatoria era gratuita, lo que hace que el Gobierno arbitre partidas, desde los presupuestos generales del Estado, destinados a la enseñanza, sea en centros públicos o en privados concertados. Esto es muy importante señalarlo, porque el dinero no se destina a los centros sino a los alumnos y sus necesidades. Lo que sucede, como ha señalado Fere en varias ocasiones, es que una plaza en un colegio concertado le cuesta a la administración aproximadamente la mitad que la misma plaza en un colegio público, por varias razones (mejor gestión, mayor contención de los gastos, etc.). Ése es el ahorro al que me refería antes. No es que el Estado subvencione a la Iglesia, sino más bien al contrario, son los centros de titularidad católica los que están ahorrando recursos a las administraciones.

--Una precisión de orden técnico: el dinero que se recibe a través de la Asignación Tributaria, ¿lo gestiona directamente la Conferencia Episcopal o se pasa a las diócesis?

--La Conferencia Episcopal recibe el dinero de la asignación tributaria, y aprueba un sistema de reparto (cada año se hace público en rueda de prensa): una parte (alrededor del 20%) lo gestiona directamente la Conferencia Episcopal, y básicamente se destina a pagar la Seguridad Social de todos los sacerdotes de España, y otras partidas de gastos (facultades eclesiásticas, etc). El grueso (80%) se reparte entre las 69 diócesis, mediante un complejo sistema de reparto atendiendo a las necesidades básicas (de personal y de pastoral).

--En España ¿hay diócesis más pobres que otras?

--Claro que sí. Dentro de las 69 diócesis las hay con 3 millones de habitantes (por ejemplo Madrid) y otras que no llegan a los 50.000 (como Ciudad Rodrigo o Ibiza). Hay diócesis con más patrimonio histórico que otras, hay diócesis que tienen más trabajado el sistema de financiación, hay diócesis mayormente rurales (por ejemplo Astorga, con cerca de 900 parroquias) que necesitan más recursos para su mantenimiento, respecto a otras diócesis más urbanas.

Todo esto se tiene en cuenta en el reparto: hay diócesis que dependen mucho de la Asignación Tributaria, fundamentalmente las pequeñas y rurales, y otras que dependen mucho menos.

--Aparte de la asignación tributaria, ¿por qué otras vías se financia la Iglesia?

--Hay muchas campañas a lo largo del año, como el Día de la Iglesia Diocesana. La Iglesia se financia sobre todo gracias a la aportación de los fieles (sea a través de las colectas dominicales, de las campañas anuales o de las suscripciones periódicas), ésa es la principal fuente de financiación. La asignación tributaria es una especie de «colchón de seguridad» que nos permite tener unos ingresos mínimos para cubrir necesidades básicas, pero la parte fundamental proviene del compromiso personal de los católicos que destinan su dinero directamente a favor de la Iglesia.

--Sin embargo, en el «imaginario colectivo» la Iglesia «tiene muchos bienes» y además «recibe un trato de favor» o «subvenciones» por parte del Gobierno.

--Yo creo que muchos españoles no conocen la realidad económica de la Iglesia, hay mucha gente que aún piensa que «a los curas les paga el Estado», cosa que dejo de ser así hace muchos años, también hay mucha gente que piensa que la iluminación de las catedrales se paga sola. Hay un gran desconocimiento de lo que la Iglesia hace, de en qué invierte sus recursos, y por eso estamos comenzando esta campaña. Estoy convencido de que cuando la gente conoce realmente la economía de la Iglesia, sin duda alguna es mucho más generosa.

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