28.04.22

(682) 28-IV. San Luis María Grignion de Montfort

 

 

–Su último post es del 9 de abril. ¿Mucho descanso, eh?

–Fiel a su costumbre, se equivoca usted: Muchos trabajos.

 

En 1673 nace Luis María Grignion de Montfort en Montfort-la-Cane, cerca de Rennes, en una familia de la pequeña nobleza de Bretaña. Su padre es abogado. Hace Luis sus estudios en el colegio de los jesuitas de Rennes, y a los veinte años de edad inicia en París su formación para el sacerdocio, primero en la comunidad de M. de La Barmondière y después en San Sulpicio. Reza mucho, lee mucho –es encargado de la biblioteca del Seminario– y se acoge muy especialmente bajo el amparo de la Virgen María. En 1700 es ordenado sacerdote.

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9.04.22

(681) Alegres en la esperanza. y 12

–Dígame, por favor, un par de buenos textos sobre la alegría cristiana. 

–La Misa del III domingo de Adviento, Dominica lætare. Y la exhortación apostólica de Pablo VI, Gaudete in Domino (9-V-1975).

 

Repeticiones justificadas

Podría ser que algunos lectores «ilustrados», despreciadores de la Tradición y de la memoria, se quejaran por las repeticiones que se dan en este artículo, e incluso en los 11 que le preceden en su serie. Respondeo dicendum:

«Repetitio est mater studiorum» es un principio didáctico muy antiguo de la cultura tradicional.

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2.04.22

(680) Alegres en la esperanza. 11– Espiritualidad providencial - Beata Elisabetta Canori

–¿Dos temas en un post?

–Sí. El primero es una síntesis de la espiritualidad providencial. Y el segundo es un ejemplo muy estimulante de la misma.

Ya es hora de que intentemos hacer una síntesis de la espiritualidad cristiana en relación a su naturaleza providencial. Pretenderlo es una tarea difícil, pues toda la espiritualidad, si es cristiana, ha de ser providencial. Pero lo intentaré, enumerando sus rasgos principales.

* * *

1) El misterio de la Providencia debe ser contemplado,  meditado y adorado en toda su majestuosa grandeza, en toda su belleza fascinante. Eso sí, contemplar no es comprender. Dios da a los que sinceramente le buscan luz suficiente para ir conociendo Su voluntad en medio de las turbulencias y cambios de la vida temporal. Pero no siempre desvela en forma clara sus designios, que vamos conociendo a lo largo de nuestra vida.

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28.03.22

(679) Alegres en la esperanza. 10-La esperanza sana y eleva la memoria

 

–Este artículo me recuerda otro suyo de 2014, el número (254).

–Qué memoria… Sí, tratan temas diferentes, pero son hermanos.

 

Rechazo masivo de Dios. Iglesias locales que en pocos decenios pasan de 100  a 20 o a 10. Herejías y sacrilegios. Falta persistente de vocaciones. No Misa, no confesión, no matrimonio sacramental, anticoncepción generalizada, leyes civiles abiertamente contra natura. contra Cristo… Apostasías innumerables.

Los malos cristianos no sufren el peso aplastante de tantos males en el mundo y en la Iglesia, sino que están en ellos como pez en el agua.

Los buenos sufren esos males con humilde confianza y paz, pues viven la Providencia divina con docilidad y esperanza.

Pero algunos de los buenos, no pocos, andan tristes, apocados, desconcertados, quejosos, amargados, buscando y señalando culpables –juzgando– con implacable dureza. Especialmente en estos años presentes, un buen número de fieles se ven aplastados por los males del mundo y de la Iglesia. No pueden con su alma.

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23.03.22

(678) Alegres en la esperanza. 9.-Entre luz y tinieblas, la Providencia nos mantiene en la esperanza

Ucrania. Una familia huye de la guerra

–Entre luz y tinieblas…

–En realidad, viviendo en Cristo, que es “la Luz del mundo", “somos todos hijos de la luz e hijos del día; no de la noche, ni de las tinieblas” (1Tes 5,5). 

I) 

Estamos en paz

«Aquí estamos en paz, hay tranquilidad y no pasa nada»

Ateniéndose a ese «pensamiento» –más bien «pensación», los hombres «comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; pero en cuanto Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y acabó con todos. Lo mismo pasará el día en que se revele el Hijo del hombre» (Lc 17,28-30). Cuántos cristianos hoy, al menos entre aquellos que gozan de una relativa prosperidad y tienen una mentalidad liberal mundana, son moderados a la hora de considerar los males del mundo, en el que de ningún modo aceptan vivir «como peregrinos y forasteros» (1Pe 2,11), y menos aún como combatientes. Son «hombres terrenales»; mientras que los cristianos somos «hombres celestiales» (1Cor 15,48).

Piensan que no hay que dar crédito a los profetas alarmistas, y que los males del mundo actual son, con un poco de paciencia, tolerables. Tranquilos todos. En esta actitud, no pierden su tranquilidad aunque continuamente los medios de comunicación les informen de que crece la criminalidad, la droga, el espiritismo y los cultos satánicos, la promiscuidad sexual, las enfermedades mentales, la violencia, la pobreza de los países pobres, la homosexualidad, la irreligiosidad, el ateísmo y el agnosticismo, el laicismo contrario a Dios en todo, política, leyes, educación, sanidad, etc. ¿Y con todo esto pueden seguir pensando que no estamos en guerra?… Tendremos que encender en esta oscuridad la luz del Evangelio. 

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