InfoCatólica / El blog de Monseñor Sebastián / Archivos para: 2009

25.12.09

Una Navidad religiosamente alegre

Por más que digan, la Navidad no empieza en el Corte Inglés. La osadía de los publicitarios es ilimitada. La Navidad comienza en el corazón de Dios, en el amor de la santa Trinidad. El texto del evangelio de san Juan que leemos hoy en la Misa es, sin duda, uno de los textos más solemnes y más grandiosos de la literatura universal. Vale la pena que todos los cristianos lo leamos despacio en casa hasta que se levante en nuestro corazón una oleada de gratitud y de alegría.

Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, no quisieron dejarnos solos. Saben mejor que nosotros lo complicado de nuestra vida, conocen nuestra fragilidad, por eso quisieron estar cerca de nosotros para ayudarnos a vivir nuestra humanidad con acierto y con paz. Me gusta pensar en la Encarnación del Hijo de Dios como el gesto de ternura de una madre cuando se inclina sobre la cuna de su hijo para cogerlo en sus brazos. Dios se inclina hasta nuestro mundo, nos coge en sus brazos en la humanidad de su Hijo Jesús, para hacernos a todos hijos en su Hijo. La Navidad es el desbordamiento de la ternura y de la compasión de Dios hacia nosotros. “Ha aparecido la humanidad de nuestro Dios”.

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14.12.09

La Navidad llama a la puerta

Me doy cuenta de que la Navidad está ya llamando a la puerta y me siento obligado a ofrecer a mis amigos del blog algunas reflexiones que les ayuden a vivir intensamente las celebraciones de estos días.

La Navidad es una fiesta exclusivamente cristiana y profundamente religiosa. Los consumistas se echan a la calle sin saber por qué; los cristianos celebramos el nacimiento del Hijo de Dios, hecho hombre y nacido de María Virgen, para salvarnos, muriendo por nosotros y abriéndonos las puertas del cielo con su resurrección.

Esta afirmación es insólita. Hay que pararse para darnos cuenta de lo que estamos diciendo. Afirmamos la existencia de un Dios tripersonal, que vive cerca de nosotros y quiere que lleguemos a vivir eternamente en su presencia. Para hacer posible este proyecto, las personas divinas deciden que el Hijo, la segunda persona divina, nazca de una virgen y lleve a cabo esta tarea increíble del encabezamiento y salvación de la humanidad. Nos paramos a pensarlo y lo creemos firmemente.

La segunda cosa es darnos cuentas de las consecuencias de este hecho. Un hombre, Jesús, es el Hijo de Dios, es, como dicen los Santos Padres “uno de la Trinidad”. En virtud de este hecho la humanidad se siente como reorganizada en torno a Cristo, su nueva Cabeza, el nuevo Adán, actúa de distinta manera que el primero, nos abre otros caminos y nos deja otra herencia mucho más hermosa. Por la fe y el bautismo nos apuntamos a la nueva humanidad encabezada por Jesús, una humanidad que ha hecho las paces con Dios, una humanidad de hijos, en comunión de vida con la Trinidad Santa por los siglos de los siglos. Somos una humanidad nueva, diferente, una raza nueva, la raza de los hijos de Dios, hemos sido salvados del naufragio de Adán y hemos escapado del poder del demonio.

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6.12.09

Otra vez contra los crucifijos. ¿Vamos a renegar de todo lo bueno de nuestra civilización?

Quieren quitar los crucifijos de las escuelas, de todos los centros concertados, aunque sean católicos. El gobierno necesita los votos de la extrema izquierda y éstos le ponen su precio. El PSOE pasa por todo con tal de seguir mandando. El gran argumento es: el Estado español es laico y en donde se paga con dinero público no tiene que haber ningún signo religioso. Muy contundente, pero falso. El Estado paga para que los ciudadanos puedan vivir de acuerdo con sus conciencias. Eso es lo que dice la Constitución.

Los gobernantes no pueden imponer sus opiniones aprovechándose del dinero público. El dinero no es del Estado, es de los ciudadanos y para los ciudadanos. Los espacios públicos no son del Estado, son de los ciudadanos y tienen que reflejar los gustos y los deseos de los ciudadanos, no los de los gobernantes. Los padres católicos no deben permitir que se quiten los crucifijos ni de los centros concertados ni de los públicos. Los centros públicos no son del Estado, son de los ciudadanos, los pagan los ciudadanos y tienen que responder a los deseos de los ciudadanos.

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20.11.09

La Familia como lugar de la Vida

Conferencia inaugural de la XXXI Semana de la Familia, Diócesis de Cádiz y Ceuta, 15-XI-2009

Los organizadores de estas Jornadas Diocesanas sobre la Familia, me han pedido que inicie el trabajo de las Jornadas comentando el lema escogido para este XXXIª celebración: La vida, primer tesoro de la familia.

Mi primera preocupación al preparar esta intervención fue preguntarme de qué vida tenía que hablar. Porque vida es la vida de las hormigas, y vida es la vida de los ángeles. Una primera reflexión me hizo ver que si había que hablar de la vida tenía que de hacerlo en su totalidad. Cualquier otro planteamiento se me quedaba corto y terminaba yendo contra la misma naturaleza de las cosas. Porque la vida, aunque se realice y se manifieste en muchos grados y con formas infinitas, es una sola, vida es la misteriosa animación de cuanto existe, vida es la actividad, la alegría, la pujanza, el deseo de afirmarse y de crecer que mueve y sostiene a cuanto existe.

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31.10.09

Los santos del Cielo

La fiesta de Todos los Santos es una buena oportunidad para recordar algunos puntos esenciales de nuestra fe cristiana. No siempre lo más importante es lo que más tenemos en cuenta; ni siempre lo que más nos ocupa o nos preocupa es lo más importante.

Una primera consideración es pensar que la vida eterna es lo verdaderamente valioso y definitivo de nuestra vida. Esta vida, con todas sus maravillas y complejidades, no deja de ser la preparación para la vida eterna de después de la muerte. Somos ciudadanos del Cielo, como dice San Pablo, hijos de Dios, herederos de su gloria. La tendencia natural, favorecida desde muchos centros de poder, es considerar esta vida terrestre como centro de nuestra vida, como aspiración suprema de nuestro deseo de vivir. La fe cristiana nos dice que no es así. Los cristianos deberíamos vivir con el corazón puesto en la vida eterna, con los ojos siempre levantados hacia el más allá de la muerte, que es tanto como decir hacia el encuentro con el Dios verdadero y nuestra convivencia con El por toda la eternidad. Este es el centro de nuestra fe y la raíz viva de toda vida cristiana verdadera.

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