Una Navidad religiosamente alegre
Por más que digan, la Navidad no empieza en el Corte Inglés. La osadía de los publicitarios es ilimitada. La Navidad comienza en el corazón de Dios, en el amor de la santa Trinidad. El texto del evangelio de san Juan que leemos hoy en la Misa es, sin duda, uno de los textos más solemnes y más grandiosos de la literatura universal. Vale la pena que todos los cristianos lo leamos despacio en casa hasta que se levante en nuestro corazón una oleada de gratitud y de alegría.
Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, no quisieron dejarnos solos. Saben mejor que nosotros lo complicado de nuestra vida, conocen nuestra fragilidad, por eso quisieron estar cerca de nosotros para ayudarnos a vivir nuestra humanidad con acierto y con paz. Me gusta pensar en la Encarnación del Hijo de Dios como el gesto de ternura de una madre cuando se inclina sobre la cuna de su hijo para cogerlo en sus brazos. Dios se inclina hasta nuestro mundo, nos coge en sus brazos en la humanidad de su Hijo Jesús, para hacernos a todos hijos en su Hijo. La Navidad es el desbordamiento de la ternura y de la compasión de Dios hacia nosotros. “Ha aparecido la humanidad de nuestro Dios”.

Me doy cuenta de que la Navidad está ya llamando a la puerta y me siento obligado a ofrecer a mis amigos del blog algunas reflexiones que les ayuden a vivir intensamente las celebraciones de estos días.
Quieren quitar los crucifijos de las escuelas, de todos los centros concertados, aunque sean católicos. El gobierno necesita los votos de la extrema izquierda y éstos le ponen su precio. El PSOE pasa por todo con tal de seguir mandando. El gran argumento es: el Estado español es laico y en donde se paga con dinero público no tiene que haber ningún signo religioso. Muy contundente, pero falso. El Estado paga para que los ciudadanos puedan vivir de acuerdo con sus conciencias. Eso es lo que dice la Constitución.
Conferencia inaugural de la XXXI Semana de la Familia, Diócesis de Cádiz y Ceuta, 15-XI-2009
La fiesta de Todos los Santos es una buena oportunidad para recordar algunos puntos esenciales de nuestra fe cristiana. No siempre lo más importante es lo que más tenemos en cuenta; ni siempre lo que más nos ocupa o nos preocupa es lo más importante.