InfoCatólica / Sapientia christiana / Archivos para: Mayo 2024

15.05.24

LVI. Exaltación de Cristo por su pasión

Merecimiento de la humanidad de Cristo[1]

El sexto y último efecto de la pasión de Cristo no fue en beneficio de los hombres, como los anteriores, sino sobre sí mismo. Lo mereció en cuanto sus sufrimientos y su muerte, porque ya en cuanto hombre, como ha dicho Santo Tomás más arriba, con su alma veía a Dios y gozaba de la más alta gloria.

Como recordaba Newman, Cristo: «Era una sola persona viva, y ese único Hijo de Dios vivo y Todopoderoso, Dios y hombre, era el resplandor de la gloria de Dios y de su Poder, y obró la voluntad de su Padre y estaba en el Padre y el Padre en Él, no solo en el cielo sino también en la tierra. En el cielo lo era y lo hacía todo como Dios; en la Tierra lo era y lo hacía en esa Humanidad que había asumido, pero tanto en el cielo como en la tierra, siempre como Hijo. Por tanto, la verdad se refería a todo Él cuando declaraba que no estaba solo; no hablaba u obraba por sí mismo, sino que donde Él estaba, estaba el Padre y quien le veía a Él veía al Padre, tanto si le miraban como Dios o como hombre»[2].

Leer más... »

2.05.24

LV. La reconciliación, la salvación y la vida eterna

Reconciliación con Dios[1]

Además de la liberación del pecado, del diablo y de la pena del pecado, tratadas en los tres primeros artículos de la cuestión de los efectos de la pasión de Cristo, Santo Tomás, en los siguientes, se ocupa de otros dos. El primero de ellos es el de la reconciliación con Dios. Indica quesobre ella «escribe el Apóstol a los romanos: «Hemos sido reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo» (Rom 5, 10)»[2].

Explica seguidamente que: «La pasión de Cristo es causa de nuestra reconciliación con Dios, de dos maneras. Primera, en cuanto que quita el pecado, por el que los hombres se constituyen en enemigos de Dios, según se dice en el libro de la Sabiduría: «Igualmente son odiosos a Dios el impío y su impiedad» (Sab 14, 9)».

La segunda manera de la reconciliación con Dios por Cristo es «en cuanto que la pasión de Cristo es un sacrificio aceptísimo a Dios». La razón es porque: «El efecto propio del sacrificio es el de aplacar a Dios, como acontece con el hombre que, en atención a un obsequio que se le hace, perdona la ofensa cometida contra él. Por esto se dice en la Escritura: «Si es el Señor quien te excita contra mí, que Él reciba el olor de una ofrenda» (1 Sam 26, 19). Pues fue tan grande el bien de padecer Cristo voluntariamente que, en atención a este bien, que Dios halló en la naturaleza humana, se aplacó de todas las ofensas del género humano en cuanto a aquellos que se unen a Cristo paciente»[3].

Leer más... »