San Roque: el perro, el pan y el ángel

La todavía reciente pandemia del coronavirus nos ha ayudado a comprender lo que significaba para las personas de otras épocas el flagelo de la peste. Cuando esa amenaza se divisaba en el horizonte, era frecuente invocar la protección de los santos y, en concreto, la de san Roque, quien vivió en el castigado siglo XIV y que contrajo él mismo el terrible mal.

En la fachada de la iglesia veneciana dedicada al santo, se puede contemplar un imponente relieve de san Roque curando a los apestados. En ese templo, que cuenta con magníficas pinturas de Tintoretto que ilustran la vida de san Roque, se custodian las reliquias de su cuerpo, que llegaron a Venecia en 1485 y que se convirtieron muy pronto en un foco de devoción religiosa. En 1576, san Roque fue declarado uno de los santos patronos de la ciudad y cada año, el día de su fiesta, el 16 de agosto, el dogo de Venecia, el máximo dirigente de la Serenísima República, peregrinaba a esta iglesia.

            La iconografía de san Roque nos resulta familiar. Se le representa como un joven peregrino, con una pierna al descubierto que muestra una llaga y, a su lado, un perro con un pan en la boca. A menudo le acompaña un ángel. El pan es el alimento, la subsistencia. Una de las peticiones del padrenuestro es la del pan: “Danos hoy nuestro pan de cada día”, el alimento cotidiano. A san Roque, por providencia divina, no le faltó ese sustento, que seguramente él también proporcionó a tantos enfermos. Pedir el pan nos compromete a estar dispuestos a compartirlo con los demás, especialmente con aquellos que más lo necesitan.

            El perro es un animal doméstico que cumplió un papel muy relevante en la vida de san Roque. Cuando el santo se contagió de la peste, se retiró a un bosque aislado para no contagiar a otros. Y fue allí, en el bosque, donde lo encontró el perro. Cada día, cuentan, cogía un pan de la mesa de sus amos y se lo llevaba a san Roque. Este hecho llamó la atención de su dueño, quien, siguiendo los pasos del perro, encontró al santo enfermo y lo llevó a su casa para ser atendido y curado.

            El ángel suele aparecer también en las representaciones de san Roque. La creación es más rica de lo que nosotros podemos constatar con los sentidos. Dios es el Creador “de todo lo visible y lo invisible”, incluidos los ángeles, que nos rodean con su custodia y con su intercesión. En un villancico cubano de Navidad los niños piden a su ángel custodio que los lleve a Belén: “Angelito mío, llévame a Belén, donde esta la Virgen y el Niño también”. Los ángeles nos llevan a Jesús, en quien nuestro corazón puede encontrar descanso.

            No solo en la República de Venecia se celebraba a san Roque, sino que su devoción de ha extendido por todas partes, por nuestros pueblos y ciudades. Numerosas serán las parroquias que procesionen tras una imagen de san Roque. Especialmente famosa es la romería urbana que en honor del santo se celebra en Vigo, la más antigua y grande de Galicia.

            Muchos serán los que canten los gozos de san Roque: “Pues médico eres divino con prodigiosas señales: Líbranos de peste y males, Roque, santo peregrino”.

Guillermo Juan-Morado.

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