Sobre la animación humana retardada
En el tema de si el alma humana espiritual se infunde precisamente en el instante de la concepción o un tiempo después del mismo, Aristóteles y Santo Tomás enseñan la animación humana retardada, es decir, primero el cigoto o embrión tendría un alma solamente vegetativa, luego tendría un alma sensitiva, y luego tendría un alma racional, que es propiamente el alma humana.
Modernamente, sobre todo desde el desarrollo de la genética, se sostiene que el alma bumana espiritual es creada-infundida en el embrión precisamente en el instante de la concepción.
Incluso si no se pudiese llegar a una demostración final de alguna de las dos tesis, eso no excluye que se barajen argumentos en orden a ver al menos cuál es la más probable.
En ese sentido queremos aportar las argumentaciones que siguen.
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Aceptando como hipótesis la animación humana retardada, en la cual el cigoto tiene primero solamente alma vegetativa, luego alma sensitiva, y luego alma racional, el hecho es que un desarrollo naturalmente orientado a un fin tiene su fundamento en la forma sustancial de lo que se desarrolla.
Por tanto, si el desarrollo del cigoto está orientado a un fin que es la unión entre el alma humana espiritual y la materia, el fundamento de ese desarrollo tiene que estar en la forma sustancial del cigoto.
Pero una forma sustancial no humana no puede ser el fundamento de un desarrollo natural cuyo fin es la naturaleza humana compuesta de alma espiritual y materia.
Por tanto, la forma sustancial del cigoto debería de todos modos ser ya humana, compuesta de alma espiritual y materia. O sea que de todos modos habría que aceptar la animación humana inmediata, en la misma concepción.
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Posibles objeciones:
1) El cigoto no es una sustancia.
En este caso, sería un agregado accidental de sustancias. Pero entonces no se entiende cómo su desarrollo gradual termina en una sustancia, que es el ser humano. Un desarrollo gradual es un cambio accidental, el cual nunca puede dar como resultado una sustancia.
Además, en la misma tesis de la animación humana retardada es imposible que el cigoto no sea una sustancia, pues tiene forma sustancial, a saber, alma vegetativa primero, y luego, alma sensitiva.
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2) El desarrollo del cigoto no es gradual, pues cada nueva forma sustancial implica un cambio sustancial.
Pero eso no parece fácil de compaginar con lo que se observa efectivamente en desarrollo del cigoto, que desde la concepción inicia un proceso continuo e ininterrumpido en el cual cada momento es continuación del momento anterior, sin que quede lugar para la ruptura que significa un cambio sustancial.
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3) El desarrollo del cigoto no procede de un principio intrínseco al cigoto mismo, sino solamente de un principio extrínseco que son los progenitores.
Pero entonces no se entiende cómo es un desarrollo natural de un ser sustancial, que debe proceder de la naturaleza de tal ser, y por tanto, debe tener un principio intrínseco a ese ente.
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4) A una sustancia que está en el estadio de desarrollo propio del cigoto, le corresponde que su desarrollo natural proceda solamente de un principio extrínseco, que son los progenitores.
Pero eso haría del desarrollo del cigoto un proceso puramente pasivo de su parte, lo cual no condice con lo que se observa del desarrollo embrionario, que aparece como un proceso que comienza espontáneamente en el momento en que se combina el material genético de los progenitores.
Además, y éste es un dato que no estaba disponible para Aristóteles ni para Santo Tomás, el desarrollo embrionario comienza espontáneamente luego de que se ha formado, por la combinación del material genético de los progenitores, un código genético humano.
Es lógico pensar que si hubiesen conocido este dado les habría sido muy difícil poner al comienzo del desarrollo del cigoto humano un alma puramente vegetativa.
Todo hace pensar, además, que ese código genético humano juega un papel en el desencadenamiento del proceso y en la fijación del fin al que ese proceso tiende, y de las etapas por las que se llega a ese fin. Esto elimina toda posibilidad de un desarrollo puramente pasivo por parte del cigoto, y exige entonces un principio intrínseco de ese desarrollo.
Ahora bien, sabemos que el código genético no es la naturaleza humana, sino una consecuencia o manifestación de la misma: no somos humanos porque tenemos ese código genético, sino que tenemos ese código genético porque somos humanos.
Eso es claro con sólo pensar que lo que nos hace humanos es el alma espiritual, la cual ciertamente que no es el código genético ni depende del código genético.
Todo esto refuerza la tesis que dice que desde el principio del desarrollo del cigoto está presente en él la naturaleza humana, y por tanto, el alma humana espiritual.
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5) El principìo intrínseco del desarrollo embrionario es una “moción” o “virtud” procedente de los padres, que, con fundamento en la forma sustancial de los padres, tiene como finalidad natural la constitución de una naturaleza humana.
Esto todavía debe afrontar una dificultad, y es que en realidad se trataría entonces de tres individuos sucesivos, dos de los cuales morirían para dar lugar finalmente al individuo humano.
Es extraño que nada en el desarrollo embrionario de pie para pensar en esas dos muertes.
Además, un problema aquí es que los padres son dos, y esa “virtud” ha de ser una sola, por lo que debería existir solamente después de la combinación de los materiales genéticos de los progenitores. Pero esa misma combinación es la que requiere un principio único, para que pueda ser unificador.
El problema desaparece si ese principio único es la forma sustancial del nuevo ser, pero entonces volvemos a lo de arriba: una forma sustancial naturalmente orientada a lo humano debe ser humana.
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6) Esa “virtud” procede de solamente uno de los progenitores, por ejemplo, el padre, con lo cual se soluciona el problema de su unicidad.
Pero sigue siendo en realidad un principio extrínseco, por más que esté dentro del embrión, como un marcapasos es un principio extrínseco del funcionamento del corazón, por más que esté dentro del organismo.
Y si se insiste en decir que es un principio intrínseco, al tiempo que le conserva la titularidad paterna, se corre el riesgo de negar la individualidad propia del embrión y su distinción real respecto de los gametos paternos.
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En la tesis antigua, el argumento era que el alma espiritual necesita una base orgánica suficientemente desarrollada, la cual no está presente inmediatamente después de la concepción. Se calculaba que el alma espiritual se infundía alrededor de los 40 días después de la concepción.
Pero incluso en esa hipótesis, el embrión de 40 días está muy lejos del desarrollo corporal humano completo. No posee todavía cerebro desarrollado; ni sistema nervioso funcional, ni órganos maduros, ni operaciones sensitivas propiamente dichas. En realidad, comparado con un recién nacido, sigue siendo extremadamente rudimentario.
Entonces surge la pregunta: ¿por qué esa organización sería “suficiente” para el alma racional, mientras que la del cigoto no lo sería?
La dificultad aumenta porque, en la metafísica tomista, el alma racional no es solamente forma del cerebro ni de los órganos superiores, sino del cuerpo entero como cuerpo humano. Y ya desde el cigoto existe unidad orgánica intrínseca, desarrollo autónomo coordinado, identidad genética propia, y orientación teleológica continua hacia la madurez humana.
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Por eso se puede pensar que el criterio de “materia suficientemente dispuesta” fue aplicado por Santo Tomás sobre la base de una biología hoy superada.
En efecto, Santo Tomás pensaba que el semen paterno actuaba gradualmente sobre una materia inicialmente no organizada, que el embrión temprano era más parecido a una especie de organismo en formación extrínseca, y que la organización específicamente humana aparecía sólo después.
Pero la embriología moderna muestra algo muy distinto: desde la fecundación existe ya un organismo unitario, el desarrollo no viene impuesto desde afuera, el cigoto actúa desde sí mismo como totalidad organizada, el desarrollo posterior es despliegue del mismo individuo.
Y eso cambia profundamente el problema metafísico de la disposición de la materia. Porque si la materia está ya organizada desde dentro por un único principio de desarrollo, entonces parece difícil negar que exista ya la forma sustancial correspondiente a esa unidad orgánica.
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Se presenta la objeción de los gemelos monocigóticos. En etapas tempranas de su desarrollo, el cigoto tiene la capacidad de dividirse dando lugar a dos individuos distintos de la especie humana. Pero no es posible que una persona humana se divida para dar lugar a dos personas humanas. Por tanto, en esas tempranas etapas no hay persona humana, y por tanto, no hay alma espiritual.
Ante todo, cabe preguntar si la dificultad desaparecería en caso de tratarse de un alma solamente vegetativa o sensitiva. Pensemos en un alma sensitiva. Por ejemplo, un gato. ¿Puede un gato dividirse para dar lugar a dos gatos? Si decimos que no, entonces tampoco podría el cigoto humano dividirse para dar lugar a dos cigotos distintos, por más que su alma fuese solamente vegetativa o sensitiva.
No parece entonces que la tesis de la animación humana retardada tenga menos problemas con la dificultad basada en los gemelos monocigóticos que la tesis de la animación humana inmediata.
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Por otra parte, si bien la sustancia viviente corpórea es indivisible, su cuerpo no lo es. Pueden separarse partes de él, sin problema alguno, y no siempre provocando la muerte del ser vivo en cuestión.
Si un ser vivo corpóreo pierde una parte de su cuerpo sin perder la vida, no parece imposible que esa parte separada de él, por obra de una causa que bien puede ser Dios, Causa Primera, adquiera una forma sustancial específicamente idéntica pero numéricamente distinta respecto de la del individuo original, y pase a ser así otro individuo vivo de la misma especie.
¿Seria en ese caso el primer individuo el progenitor del segundo? No, porque la generación se da formalmente en la combinación del material genético de los progenitores, que en esta hipótesis ya ha tenido lugar, antes de la división.
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Según lo que dijimos arriba, incluso si en este tema no se puede llegar a una demostración apodíctica, de todos modos los argumentos arriba presentados pueden ayudar a la discusión en orden a ver cuál de las dos tesis es la más probable.
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