El miedo a la verdad

Andrómeda

Traducimos para empezar una noticia tomada de Internet:

https://www.osvnews.com/cardinal-fernandez-warns-against-ex-cathedra-condemnations-online-urges-humility/

Todos los resaltados en negrita son nuestros, exceptuando los títulos.

(OSV News) — El prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe inauguró la sesión plenaria del dicasterio, celebrada del 27 al 29 de enero, con un firme llamado a la humildad en el pensamiento, en la teología y en el discurso “on line". 

Dijo que la capacidad de pensar no significa que los seres humanos posean una capacidad… comprensiva para percibir la realidad, y advirtió que la razón humana —incluso cuando es asistida por tecnología avanzada— nunca puede captar la realidad en su plenitud, una capacidad que pertenece sólo a Dios.

Sólo Dios conoce la realidad “en su totalidad”

El cardenal Víctor Manuel Fernández afirmó en su meditación, titulada «No pidas la luz, sino el fuego», que incluso con la ayuda de “las tecnologías más poderosas imaginables, es imposible que una mente humana sea consciente de la realidad en su totalidad y en cada uno de sus aspectos. Esto es posible sólo para Dios”.

Habló pocos días después de que el papa León XIV publicara su mensaje para la 60.ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, en el que expuso tanto los desafíos como las soluciones para afrontar la tecnología y la inteligencia artificial.

“Cuanto más avanzan la ciencia y la tecnología”, dijo el cardenal Fernández, “más debemos mantener viva esa conciencia de nuestros límites, de nuestra necesidad de Dios, para no caer en un terrible engaño, el mismo que condujo a los excesos de la Inquisición, a las guerras mundiales, al Holocausto, a las masacres en Gaza, todas situaciones que se justifican con argumentos falaces”.

“Vivir con excesiva confianza en lo que sabemos”

Señaló que algo paralelo puede ocurrir en nuestras vidas: cuando las personas creen comprender plenamente la realidad o la voluntad de Dios, corren el riesgo de justificar la violencia, la exclusión y las atrocidades. “En efecto, repetimos ese engaño viviendo con demasiada confianza en lo que sabemos”.

El prefecto del dicasterio doctrinal afirmó que la respuesta a este modo de proceder es la humildad —intelectual, espiritual y teológica—.

“Para comprender plenamente cualquier cosa, debemos dejarnos iluminar por Dios, debemos invocarlo, orarle, escucharlo, dejar que nos guíe en medio de las sombras”, dijo el cardenal Fernández.

Escuchar antes de hablar

Subrayó también que escuchar a los demás es crucial antes de tomar la palabra —para “abrirnos a otros puntos de vista”—: “nos hace bien prestar atención a las ‘periferias’, desde las cuales las cosas se ven de otro modo”.

Citando al papa León, quien dijo en octubre durante el Jubileo de los Equipos Sinodales que “nadie posee la verdad completa; todos debemos buscarla humildemente y buscarla juntos”, el cardenal Fernández exhortó a los teólogos de su dicasterio recordándoles que “en un lugar como éste, donde tenemos la posibilidad de dar respuestas autorizadas, de redactar documentos que pasan a formar parte del magisterio ordinario, e incluso de corregir y condenar, el riesgo de perder amplitud de perspectiva es mayor”.

El problema es aún más grave —subrayó— “porque hoy, en cualquier blog, cualquiera, incluso quienes no han estudiado mucho teología, expresa su opinión y sus condenas como si hablara ex cathedra. Por eso debemos recuperar en toda la Iglesia ese sano realismo propuesto por los grandes sabios y místicos de la Iglesia”.

El pensamiento humano nunca es exhaustivo

Hablando un día antes de la fiesta de santo Tomás de Aquino, el cardenal señaló que el pensamiento humano tiene un alcance universal, pero nunca es exhaustivo: sólo Dios ve el todo. Ni siquiera la tecnología avanzada puede superar esta limitación.

Citando a san Buenaventura, concluyó que para abordar las grandes cuestiones se necesita silencio interior, y que éste habla más fuerte que las palabras en este momento.

“Por tanto, en este punto, nuestro discurso debe terminar y es mejor orar al Señor para que nos conceda la experiencia de la que hablamos”.

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Más allá de que esto corresponda realmente o no a lo dicho por el Card. Fernández, aquí entendemos que se corre el riesgo del “moralismo epistemológico”. Es decir, el intento de resolver cuestiones epistemológicas con argumentos morales.

La cuestión epistemológica es si el hombre puede conocer la verdad o no. Es claro que la respuesta de la razón natural y la fe católica sólo puede ser que sí. Decir que no se puede conocer la verdad es ya afirmar algo como verdadero.

No viene a cuento si podemos conocer la totalidad de lo real o no. Para saber que una proposición es verdadera no es necesario conocer la totalidad de las proposiciones verdaderas.

Para saber con absoluta certeza que yo existo, por ejemplo, no necesito saber si hay vida en Marte o en alguna parte de la galaxia de Andrómeda.

Y no necesito saber cuántos agujeros negros hay en el cosmos para saber que todo el que diga que yo no existo está en el error.

En ese sentido, sí se conoce totalmente a cada verdad que se conoce. Porque entre “existo” y “no existo”, no hay otra posibilidad, ni grados intermedios. Si existo, es totalmente verdadero que existo, y si dos más dos son cuatro, es totalmente verdadero que es así.

Hilando más fino, tampoco es cierto, en un sentido, que el hombre no pueda conocer la totalidad de lo real. Puede conocerla, lo que no puede es conocerla totalmente.

En efecto, cuando digo, por ejemplo, que sólo existen Dios y las creaturas de Dios, estoy diciendo algo verdadero que abarca la totalidad de lo real sin excepción posible. Eso no quiere decir, obviamente, que conozca exhaustivamente a Dios o a las creaturas, o que sepa cuántas creaturas existen.

Y cualquier verdad universal y necesaria es una verdad acerca de la totalidad de lo real, en cierto sentido. Por ejemplo, “todo ente contingente tiene causa” es verdadero para la totalidad de los entes contingentes pasados, presentes, futuros o incluso meramente posibles, esto último en el sentido de que si llegan a existir, es por obra de una causa.

Por eso puede haber un gran sofisma en la forma en que algunos usan la expresión “verdad absoluta”. Pretenden identificarla con la totalidad de la verdad, para luego decir que no la podemos conocer.

No es eso. Que yo existo, que dos más dos son cuatro, que las cosas cambian, son verdades absolutas, porque valen para cualquier sujeto cognoscente posible, no hay un solo sujeto cognoscente que tenga epistemológicamente derecho a decir que no son verdades, y no dependen, por tanto, esas verdades del sujeto que las considere, ahí está su absolutez, es decir, su independencia (ab solutum).

Y eso es todo. Pero lo que pasa es que a veces se pretende oscurecer esto con cuestiones morales que no son atinentes.

Es claro que debemos ser humildes, pero eso no tiene nada que ver con el hecho de si una proposición es verdadera o no lo es.

Si alguien lleno de soberbia dice que dos más dos son cuatro, o que el ser no sale sin más del no ser, lo que dice es verdad. A lo mejor se condena por soberbio, pero eso que dijo sigue siendo verdad.

El moralismo epistemológico, entonces, puede usarse sofísticamente como argumento a favor del relativismo.

Después está el miedo a la verdad. En nombre de la verdad, se dice, a veces, mediante argumentos falaces, se ha cometido injusticias.

Supongamos que sí, pues también ha sucedido que los médicos a veces, sin querer, han matado a los pacientes, o que los jueces han condenado a inocentes, etc. ¿Y entonces qué? ¿Vamos a mirar con recelo la medicina o la justicia humana?

Por el contrario, el escepticismo y el relativismo son los aliados naturales de la tiranía. Porque dejados de lado la verdad y la razón, sólo queda el garrote, en sus múltiples formas, algunas muy suaves y educadas.

¿Cuántas veces en la historia se ha visto la persecución llevada adelante por los escépticos, relativistas y “liberales”? Y es lógico que así sea, porque es gente que no tiene, frente a su voluntad de poder, la valla de la verdad objetiva.

El ablandamiento de la cabeza va junto con el endurecimiento del corazón.

Por eso Chesterton advirtió contra el peligro de dejar que la humildad se traslade de la voluntad al intelecto, como decía él, del órgano de la ambición al órgano de la convicción.

Es blasfemia ser “humilde” ante la verdad en el sentido de ponerla en duda por sistema o no confiar plenamente en ella. Porque la verdad es la mensajera de Dios, ya que Dios mismo es la Verdad primera.

Es falsa la “humildad” del escéptico y el relativista. Es una “humildad” que lo independiza de todo vínculo con la realidad objetiva, es decir, lo absolutiza. La verdad no es absoluta, porque yo soy absoluto. Soy tan humilde que puedo hacer lo que se me antoje, porque todos modos, no hay verdad.

Es lógico, entonces, que alguien que no comprende estas cosas tenga miedo de la verdad, porque en su sistema relativista de pensamiento, la verdad sólo puede ser una imposición arbitraria.

Pero es de esperar que ese problema no se le plantee al Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.

El fuego sin la luz es destrucción en la oscuridad.

8 comentarios

  
Luis López
Desafortunada y disparatada comparación del prefecto Víctor Fdez. de la Inquisición (cuyo actual responsable es él) con el holocausto.

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Al menos hay que decir que los inquisidores no defendían lo que a ellos les parecía que era la verdad, sino la verdad, sin más. Cosa que evidentemente no puede decirse de Hitler y sus seguidores.

Saludos cordiales.
30/01/26 11:14 AM
  
sofía
Pues sí. Pero antes de asegurar que quien afirma que 2+2 son 10 se equivoca porque 2+2 son 4, habrá que preguntarse si está operando en base diez como nosotros o en base 4.
Saludos cordiales

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Obviamente, se presupone que estamos usando los términos en el mismo sentido. Lo que decimos es que no necesitamos saber nada más para saber que todo el que niega una proposición verdadera, en el preciso sentido en que es verdadera, se equivoca.

Saludos cordiales.
30/01/26 11:41 AM
  
Daniel Iglesias
Un artículo excelente y muy oportuno. Muchas gracias.

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Gracias y saludos cordiales !
30/01/26 2:11 PM
  
Bruno
Muy bien dicho... aunque sea "en cualquier blog", como diría el Prefecto.

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Muchas gracias. Es prácticamente imposible exagerar la humildad de este "blog" :)

Saludos cordiales.
30/01/26 5:34 PM
  
Carlos Prosperi
En apoyo a la nota de Bruno, S. Tomás dice en la Summa (1 q 109 a 1)
"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est sicut a primo principio.". "Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo como de su primer principio."
Si alguien dice la verdad, no importa si es santo o pecador, creyente o ateo, honesto o ladrón.[...]

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En efecto, la verdad no depende de nosotros.

Saludos cordiales.
30/01/26 10:31 PM
  
Jose
Muy buen artículo, me encantó.
Y esta frase: "El ablandamiento de la cabeza va junto con el endurecimiento del corazón." es perfecta.

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Muchas gracias, así es, efectivamente. La blandura en el corazón, la dureza en el intelecto, como los bisturíes, que salvan vidas porque son rígidos.

Saludos cordiales.
31/01/26 12:27 PM
  
enri
Gracias, Néstor. Un tema clave y un análisis muy ilustrativo.

«No pidas la luz, sino el fuego»

La Luz reside en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo y en el Gran Ejemplo que Nuestro Señor Jesucristo nos dió.
En el que vemos con claridad la Verdad que reside en: Los 10 Mandamientos y que Nuestro Señor añade un Nuevo Mandamiento clave:
Que nos amemos los unos a los otros como Él nos ha amado.

A partir de aquí la pregunta clave creo que es ésta:
¿Por qué siempre (la inmensa mayoría) nos confesamos de los mismos pecados (o siempre hay alguno que se repite una y otra vez) ?
Para mí la respuesta es: Que no somos capaces de incinerar, mediante el fuego de la meditación profunda, las raíces más profunas de ese pecado.

Y la siguiente pregunta podría ser:
¿ Y por qué no somos capaces ? Y la respuesta para mí es: Porque no cambiamos, porque los hábitos, las tendencias y los deseos están muy arraigados y se pueden cortar durante un tiempo pero si no se incineran de raíz vuelven a "brotar" una y otra vez.

La Luz la tenemos en Dios Trino y en los 10 Mandamientos y el Nuevo Mandamiento. Los creyentes creo, que la mayoría creemos firmemente en la Luz y que somos bastante conscientes, probablemente mucho más conscientes con la edad, si todos los días se Lo pedimos a Dios.

Este mundo es un Purgatorio y debemos purgar, purificar nuestra alma y luchar con todo nuestro corazón, mente y fuerzas para que nuestra alma no caiga de nuevo en el pecado. Esto sólo es posible desde nuestra alma en profunda meditación. Nuestra Alma, entonces, guiará a nuestra mente para que no se deje llevar por el mundo el demonio y la carne; guiará a nuestro corazón para que sienta de una forma pura, lejos de los sentimentalismos o las emociones embriagadoras: que son pasajeras, que atrapan, pero que nunca realmente sacian; guiará a nuestra voluntad para que se enfoque, con todas nuestras fuerzas, para la mejor inversión de la vida, que es: meditar todos los días sin excepción (como mínimo dos veces al día solo levantarnos y antes de dormir) en Dios, para que nos ayude a ver la Luz y a incinerar las raíces profundas de los pecados, de los malos hábitos, tendencias, estados de ánimo y deseos.

El deseo más importante que debemos tener y pedir a Dios es:
Que nuestro Amor brille para siempre en el Santuario de nuestra Devoción y que seamos capaces de depertar el Amor en todos los corazones.

Paz. Amén.
🙏🙏🙏


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Interesante análisis y muy verdadero "del techo para abajo", o sea, mirando a lo que nos toca a nosotros. Del techo para arriba, lo decisivo absolutamente es que Dios nos conceda su gracia, por eso, además de la meditación, que está muy bien, debemos pedirle a Dios que enderece Él nuestros pasos, aunque tengamos que hacer el papel de Santa Mónica respecto de nosotros mismos.

Saludos cordiales.
31/01/26 12:27 PM
  
Luis Fernando Teresa
Muchas gracias.
Muy buen artículo.

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Gracias y saludos cordiales.
31/01/26 8:14 PM

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