Dios es Simple y no cambia

TrinidadTodos los resaltados en negrita son nuestros. 

Simple” es lo que carece de composición interna, o sea, no tiene partes.

Por su parte, algo es “perfecto” en la medida en que está en acto y no en potencia. En efecto, “per – fectum” es tanto como acabado, terminado, y se opone a lo que aún está sin terminar, y por tanto, a lo indeterminado, que puede ser pero todavía no es y que incluso puede ser de este modo o de aquel otro modo diferente. La estatua terminada es en ese sentido “perfecta”, como no lo es el bloque de mármol sin tallar o a medio tallar; la semilla es perfecta como semilla, pero imperfecta como árbol adulto, etc.

La distinción entre acto y potencia es un dato innegable de nuestra experiencia, en la que las cosas no solamente son lo que son, sino que también pueden ser lo que actualmente no son, y además, los continuos cambios no pueden ser sino pasajes de potencia a acto, de poder ser, sin ser todavía, a ser actualmente, porque no se llega a ser sino aquello que se puede llegar a ser.

La potencialidad de llegar a ser algo es real en las cosas, el perro tiene la capacidad real de engendrar otro perro, no un gato, y el ser humano tiene la capacidad real de aprender un idioma, que no la tiene un caballo. Por eso lo que las cosas llegan a ser es el cumplimiento o realización de una capacidad previa.

Al actualizarse, la potencialidad no deja de existir. La prueba de ello es que la nueva perfección adquirida queda medida, limitada, por el grado de capacidad para la misma que posee el sujeto, por eso “lo que se recibe, se recibe al modo del recipiente”. De ahí que todo lo que resulta de la actualización de una potencialidad es un compuesto de potencia (actualizada) y acto, realmente distintos entre sí, porque esa misma potencialidad existía antes de tener acto alguno. Lo cual no quita, obviamente, que ese ente en acto siga en potencia para otras perfecciones más.

Por eso, cualquier actualidad y determinación que se halle en las cosas es en ese sentido una “perfección”, y en ese sentido usamos aquí ese término.

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De entrada tenemos que disentir de Spinoza, cuando dice que “omnis determinatio negatio”, que toda determinación implica una negación. Eso es extrapolar lo que sucede con las perfecciones finitas a las perfecciones en general.

Por el contrario, decimos con la segunda de las 24 tesis tomistas que “el acto, es decir, la perfección, no se limita sino por la potencia, que es capacidad de perfección”.

En efecto, es absurdo que una perfección se limite a sí misma, porque el límite es imperfección, y es absurdo que la perfección sea causa de imperfección. Es la potencia, realmente distinta del acto, e imperfecta por definición, la que puede limitar al acto. El dicho de Spinoza es contradictorio, porque implica decir que una perfección es limitada, y por tanto, imperfecta, por su propio carácter de perfección.

Desde ya se vislumbra, además, que si para limitar al acto hace falta agregarle algo realmente distinto de él, que es la potencia pasiva, entonces es inevitable que todo ente compuesto de potencia y acto sea algo posterior, derivado, y que lo Primero de todo sea el Acto Puro, sin composición alguna con la potencia pasiva, y sumamente Perfecto, “al que todos llaman Dios”, diría Santo Tomás de Aquino.

Porque además, siendo el acto más perfecto que la potencia, la potencia no puede actualizarse sola, necesita para ello de una causa que ya esté en acto, de modo que finalmente se ha de llegar a una Causa Primera que sea puro acto, sin potencia pasiva alguna.

En efecto, siendo el acto más perfecto que la potencia, no puede tenerla por única razón suficiente, no puede derivarse absolutamente hablando el acto de la potencia, lo más de lo menos, sino al revés, la potencia del acto, lo menos de lo más, y así, es inevitable que al comienzo de toda esa derivación esté el Acto Puro.

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La Simplicidad divina es dogma de fe.

Véase por ejemplo el Concilio Vaticano I (Constitución “Dei Filius”, 1870):

La santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana cree y confiesa que hay un solo Dios verdadero y vivo, creador y señor del cielo y de la tierra, omnipotente, eterno, inmenso, incomprensible, infinito en su entendimiento y voluntad y en toda perfección; el cual, siendo una sola sustancia espiritual, singular, absolutamente simple e inmutable, debe ser predicado como distinto del mundo, real y esencialmente, felicísimo en sí y de sí, e inefablemente excelso por encima de todo lo que fuera de El mismo existe o puede ser concebido

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La Simplicidad divina es una consecuencia de la Suma Perfección divina. En efecto, toda parte, como tal, es imperfecta, pues requiere ser completada por las otras partes para formar el todo. Además, toda parte, por eso mismo, es limitada, porque es menor que el todo, pero lo infinito no puede ser menor que nada. Ahora bien, la suma de partes imperfectas y limitadas no puede dar por resultado algo Perfecto e Infinito, porque no se da lo que no se tiene. En un supuesto ente infinito formado por una infinidad de partes finitas, limitadas e imperfectas serían infinitas las limitaciones y las imperfecciones, y por tanto, no podría ser el Ser sumamente Perfecto.

La Simplicidad divina es también consecuencia del hecho de que Dios es Causa Primera Incausada, porque todo lo compuesto es causado, ya que una pluralidad de partes realmente distintas entre sí no es de por sí una sola cosa, y ha de serlo entonces en todo caso por la acción de una causa.

La Simplicidad divina es también consecuencia de la suma Unidad divina. El ser y la unidad son convertibles, porque para cualquier ente es tanto ser como ser uno: la pérdida de su unidad es la pérdida de su ser, como cuando se rompe un jarrón o cesa la unión entre el alma y el cuerpo de un viviente. Por tanto, a mayor perfección de ser, mayor unidad.

En la cima del ser, entonces, sólo puede haber un Ente Incausado, y por tanto, absolutamente Uno y Simple, sin composición alguna de potencia y acto, sino Acto Puro de Ser, y por tanto, absolutamente Perfecto.

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En efecto, la segunda tesis tomista dice que “el acto, es decir, la perfección, no se limita sino por la potencia, que es capacidad de perfección. Por tanto, en aquel orden en que el acto es puro, no existe sino como  único e infinito, y donde es finito y múltiple, entra en verdadera composición con la potencia”.

Porque la multiplicidad de las cosas sólo es posible mediante la limitación, ya que requiere necesariamente que haya algo, en uno de los entes distintos, que no esté en el otro o los otros. 

Y el ser, como dice Santo Tomás de Aquino, es “la actualidad de todos los actos y la perfección de todas las perfecciones”, pues si se les quita el ser, todas las otras perfecciones dejan de ser perfecciones y dejan de ser lo que son, simplemente porque dejan de ser.

En el ser azul, por ejemplo, no es una cosa el ser y otra el azul, porque el azul también es, y de tal modo, que si se quita el ser, se le quita también lo azul. Al ser no puede añadírsele nada para obtener lo azul, porque fuera del ser sólo “hay” el no ser, que como su nombre lo indica, no es.

El Ente Incausado, además, no puede ser compuesto de acto y potencia, porque dado que el acto supera a la potencia como lo perfecto a lo imperfecto, la potencia no puede darse a sí misma el acto, porque no puede darse a sí misma la perfección de la que carece, y así todo compuesto de potencia y acto depende de una causa en acto que puede por eso mismo actualizar la potencialidad pasiva. Por eso el Incausado es Acto Puro, sin potencia pasiva alguna y sin la composición que resulta de la potencia y el acto.

Y entonces, es también Acto Puro de ser, pues su acto de ser no es recibido en ninguna potencia pasiva, y por lo dicho, entonces, es la Suma absoluta de toda Perfección posible, con la máxima Unidad, que excluye toda multiplicidad en el plano de la Esencia, y por tanto, absolutamente Simple, como dice el Concilio Vaticano I en el pasaje citado.

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Decimos que excluye toda multiplicidad en el plano de la Esencia, porque la Revelación divina nos da conocer el misterio trinitario, por el cual en Dios hay tres Personas realmente distintas entre sí: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Según enseña nuestra fe, las Personas divinas se identifican con sus relaciones de origen, que se distinguen realmente unas de otras en tanto se oponen unas a otras, es decir, en tanto una es el término al que la otra tiende, y así la pluralidad y la distinción real se dan en Dios solamente en el plano de lo relativo, que es el de las Personas, no en el plano de lo absoluto, que es de la Esencia o Naturaleza divina común a las tres personas, de modo que se verifica el dicho del Concilio de Florencia en 1442:  en Dios “todo es uno, donde no obsta la oposición de relación”.

Dicha oposición relativa no se da, obviamente, entre las Relaciones divinas mismas y la Esencia divina, porque ésta no es una relación, y así, cada una de las Relaciones divinas personales y subsistentes se identifica realmente con la única Esencia divina absoluta, distinguiéndose de ella solamente con distinción de razón fundada “in re”.

Y cada Persona divina, por tanto, goza plenamente de la absoluta Perfección y Simplicidad del único Ser divino, en absoluta igualdad en esto entre las Tres.

Por eso mismo la distinción real entre las Personas divinas no arguye tampoco ninguna composición real en Dios, y así no va contra la Simplicidad divina, ya que cada Persona divina posee la totalidad de la Perfección divina y así no es parte componente de ningún todo.

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Esa absoluta Simplicidad divina en el plano de la Esencia excluye también toda distinción real en Dios entre sustancia y accidentes, no sólo porque excluye toda distinción real en general, sino porque además, necesariamente, la sustancia está en potencia para sus accidentes, que la perfeccionan en la línea accidental.

En efecto, si bien a la sustancia como tal le corresponde estar en acto, y si bien el acto sustancial es más fundamental que el acto accidental, porque el primero existe en sí mismo, mientras que el segundo existe en otro, a saber, en el sustancial, también es cierto que el acto accidental, al ser realmente distinto de la sustancia, le comunica algún tipo de perfección, no ciertamente en lo que la hace ser sustancia, pero sí en lo que la hace ser sustancia perfeccionada por tal o cual accidente. Por ejemplo, aprender un idioma que antes no se sabía es un cierto aumento de perfección, pero que no afecta a la sustancia de la persona como tal, que no necesita saber ese idioma para ser persona y para ser la persona que es.

Por eso es que la sustancia está en potencia para sus accidentes, como todo aquello que recibe una perfección está en potencia para recibirla, siendo la recepción de esa perfección la actualización de esa potencialidad, implicando siempre, por tanto, un cambio, es decir, un pasaje de potencia a acto, y siempre, por tanto, por obra de una causa que ya está en acto y que actualiza esa potencialidad, como cuando alguien tiene la capacidad de aprender un idioma y lo aprende con ayuda de un maestro que ya posee actualmente el conocimiento de ese idioma.

En Dios, por tanto, Acto Puro de Ser, sin potencia pasiva alguna, no puede haber por eso mismo accidente alguno, y por eso el nombre de “sustancia” se le aplica analógicamente, pues tiene de la sustancia el existir en Sí, pero no el ser sujeto de accidentes.

Eso quiere decir que muchas perfecciones que en nosotros son accidentes, en Dios se identifican realmente con la Esencia divina.  

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Aquí conviene hacer una distinción entre el accidente metafísico o predicamental y el accidente lógico. El primero es “aquello a lo que le compete existir en otro”, el segundo es aquello que puede darse y puede no darse en un sujeto determinado.

Todo accidente lógico, como por ejemplo, estar sentado, o saber inglés, es accidente metafísico, pero no a la inversa: hay accidentes metafísicos que son necesarios, porque emanan de la naturaleza misma del ente en cuestión, y no pueden no darse en ese ente mientras siga siendo lo que es.

Ejemplo de estos últimos son las facultades operativas naturales de los entes finitos, creados, por ejemplo, en el ser humano, la inteligencia, la voluntad, los sentidos externos e internos, etc. Son accidentes metafísicos, porque existen en otro, a saber, en la persona humana, pero no son accidentes lógicos, porque emanan necesariamente de la naturaleza sustancial del ser humano compuesta de alma espiritual y materia.

En cuanto a los actos de estas facultades, como entender, querer, sentir, pensar, decidir, etc., son a la vez accidentes metafísicos y accidentes lógicos, porque además pueden no darse en el sujeto, a diferencia de las facultades mismas, que de suyo sólo están en potencia para la realización de esos actos, y por eso algunas de ellas son llamadas “potencias del alma”.

Pues bien, en Dios ninguna de esas cosas es accidente, sino que todas ellas se identifican realmente con la Esencia divina subsistente, que es el Acto Puro de Ser.

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Como dice San Agustín en De Trinitate, XV, 7-8:

Decir que Dios es eterno, inmortal, incorruptible e inmutable, es decir una misma cosa; y cuando se le llama viviente e inteligente, esto es, sabio, todo es uno. Él no recibió la sabiduría por la que es sabio; es la misma sabiduría. Y ésta es su vida, y la virtud o potencia que le hace poderoso, y la hermosura que le hace bello. ¿Qué existe más poderoso y bello que la sabiduría que se extiende de un confín a otro con fortaleza y lo dispone todo con suavidad? ¿Difieren acaso, en el seno de la naturaleza divina, la bondad y la justicia, cual si fueran dos realidades distintas en Dios, una la, bondad y otra la justicia? Evidentemente no; la justicia es bondad y la bondad es bienandanza. Se dice que Dios es inmortal e incorpóreo para que entendamos y creamos que no es cuerpo, sino espíritu. Por consiguiente, si decimos: “Eterno, inmortal, incorruptible, inmutable, vivo, sabio, poderoso, bello, justo, bueno, feliz, espíritu", parece que de todas estas expresiones sólo la última dice habitud a la substancia, y las demás indican cualidades de la substancia; mas no sucede así en aquella inefable y simple naturaleza. Cuanto de ella se dice según la cualidad, se ha de entender según la substancia o esencia. Lejos de nosotros afirmar de Dios la espiritualidad según la substancia y la bondad según la cualidad; ambas cosas son en Él substanciales. Y lo mismo se ha de entender de todo lo mencionado en los libros precedentes.”

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De ahí que la Sagrada Escritura atestigua la Simplicidad divina en los siguientes pasajes en los cuales se identifica a Dios mismo con algo que se predica de Él:

Jn. 14, 6: Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí. 

1 Jn. 4, 8: El que no ama, no conoce a Dios; porque Dios es amor

1 Jn. 1, 2: Porque la vida fué manifestada, y vimos, y testificamos, y os anunciamos aquella vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos ha manifestado;

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Por esa identidad real de los atributos divinos con la Esencia divina, dichos atributos divinos se identifican también realmente entre sí. En Dios son una sola Realidad simple la Inteligencia, la Voluntad, el conocimiento, el amor, la vida, la justicia, la misericordia, el acto creador, etc.

Esa única Perfección simple y subsistente es inefable para nosotros en esta vida, pues necesariamente debemos conocerla mediante una pluralidad de conceptos distintos, tomados de las creaturas, en las cuales las perfecciones que en Dios se contienen eminentemente en una sola Perfección simple y suprema se diversifican y multiplican por la limitación que viene del ser en potencia, de modo que conocemos al Perfectísimo de un modo imperfecto, que no nos permite saber el modo propiamente divino de esas perfecciones, y en ese sentido es que dice Santo Tomas que “no sabemos qué cosa es Dios”.

Sin embargo, todo lo que en esos distintos conceptos hay de ser y de perfección se da realmente en esa única Perfección divina de un modo infinitamente más verdadero que en las creaturas. Por eso enseñan los teólogos que entre los atributos divinos no hay distinción real, sino de razón, pero con fundamento en la realidad; ese fundamento es la infinita Perfección divina en la que se contienen eminentemente las perfecciones que aparecen limitadas y distinguidas realmente en las cosas creadas.

De ahí que la Iglesia ha condenado el error según el cual, dada esa identidad real de los atributos divinos entre sí, los conceptos que los significan serían todos sinónimos, de modo que, por ejemplo, en Dios “justicia” querría decir lo mismo que “misericordia”, de donde se sigue el absurdo de que Dios castigaría por misericordia y perdonaría por justicia.

Por eso el texto citado de San Agustín se debe entender en el sentido de la identidad real de los atributos divinos con la esencia divina y entre sí, no de una identidad también de razón.

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Este es el carácter analógico que tiene todo lo que se predica de Dios: se da en Dios en un sentido en parte igual, en parte diferente a como se da en las creaturas. Por lo dicho, lo de “en parte igual” se refiere a la perfección misma que se afirma en Dios, lo de “en parte diferente” se debe al modo desconocido para nosotros en esta vida, e inefable, en que esa perfección se realiza en Dios.

La analogía, por lo mismo, se opone tanto a la univocidad, que es aplicar un concepto a dos sujetos distintos en el mismo sentido exactamente, como cuando decimos que Pedro es hombre y Juan es hombre, como a la equivocidad, que es aplicar un mismo término a dos sujetos distintos en sentidos totalmente diferentes, como por ejemplo, “sierra”, aplicado al accidente geográfico y a la herramienta, “lista”, aplicado a la mujer inteligente y a la página que contiene una serie de nombres, “calle”, como orden de hacer silencio y como carretera, etc.

Sostener que los conceptos que predicamos de Dios son unívocos lleva a desconocer la Trascendencia divina y caer en el panteísmo, que identifica a Dios con lo creado; mientras que sostener que son equívocos lleva al agnosticismo teológico que convierte a Dios simplemente en lo “incognoscible”.

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Todavía dentro de la analogía hay que distinguir la propia y la impropia o metafórica. Está de moda entre algunos escritores decir que todo lo que afirmamos de Dios es metafórico, pero ahí se está reduciendo la analogía a una sola de sus ramas, que es la impropia.

 La analogía propia es cuando un concepto se realiza en dos sujetos según todas sus notas esenciales, pero según un modo diferente de realización. Así decimos que Dios es Bueno, Justo, Sabio, etc.

La analogía impropia o metáfora es cuando un concepto se afirma de un sujeto en el cual solamente se dan algunas de las notas esenciales de ese concepto, por ejemplo, cuando Homero habla de la Aurora de rosados dedos, por el color de las nubes matutinas, o como cuando la Escritura llama a Dios la Roca, por la firmeza.

Un criterio básico para distinguir la analogía propia de la impropia o metafórica en el hablar sobre Dios es si la perfección que se atribuye a Dios en ese caso incluye esencialmente en su concepto alguna imperfección, o no.

En efecto, hay perfecciones que en su concepto mismo incluyen algo imperfecto, como el volumen, que incluye necesariamente la limitación, o la ira, que incluye necesariamente cierta tristeza, etc. Estos conceptos sólo metafóricamente pueden predicarse de Dios, en quien no cabe imperfección alguna del tipo que sea.

De esas perfecciones esencialmente imperfectas sólo se da, y se da necesariamente y en forma real, en Dios, todo aquello que tienen de perfección, sin lo que tienen de imperfección. Lo que pasa es que como en su caso eso que tienen de imperfección les es esencial, forma parte de su mismo concepto, por eso mismo esas perfecciones no se dan propiamente en Dios, sino sólo metafóricamente.

En cambio otras perfecciones, si bien en nuestra experiencia van siempre unidas a alguna limitación, no la incluyen necesariamente en su concepto mismo. Por ejemplo, la inteligencia en nosotros es siempre limitada, pero en su concepto mismo sólo incluye la capacidad de conocer, que de suyo no dice nada imperfecto.  Estas perfecciones se dan propiamente en Dios, según todas sus notas esenciales, si bien, como dijimos, según un modo infinito e inefable que no podemos conocer en esta vida.  

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Afinando más, se debe distinguir, con Billuart, por ejemplo, (Summa Sancti Thomae, Tractatus de Deo et divinis attributis, VIII, VI) en los afectos y virtudes que se dan en la parte apetitiva del ser humano, un elemento material, que tiene que ver con el cuerpo y el apetito sensible, y que es lo pasional de una afección, y un elemento formal, que se relaciona con el apetito intelectivo o voluntad.

Por lo que tiene que ver, por tanto, con la parte material de los afectos, ninguno de ellos corresponde a Dios propiamente, porque llevan ínsita la imperfección propia de todo lo material y corpóreo, que está totalmente excluido de Dios, que es Espíritu, de modo que sólo metafóricamente pueden predicarse de Dios.

Por ejemplo, la ira en tanto que es una violenta conmoción interior, o la misericordia en cuanto implica también un sacudimiento sensible, las llamadas “entrañas de misericordia”.

Por lo que tiene que ver con la parte formal de los afectos y virtudes, que tiene que ver con el apetito racional o voluntad, hay que distinguir aquellos que en esa parte formal no incluyen necesariamente imperfección, y los que . Los primeros se dan propiamente en Dios, los segundos, sólo metafóricamente.

Por ejemplo, la ira en Dios es metafórica, dice Billuart, porque aunque incluye la voluntad de castigar al pecador, que en sí misma no implica nada de imperfecto, sino algo justo, implica también que ese castigo se inflige por la tristeza que ha producido la falta del reo, y no solamente por amor a la justicia, porque de lo contrario, sigue diciendo Billuart, el juez justo que condena al culpable también lo haría por ira, lo cual no es verdad. Y esa tristeza que es entonces esencial al concepto de la ira también considerado en su parte formal, no puede darse en Dios, pues es una cierta forma de mal, y por tanto, de imperfección.

En cambio la misericordia divina, sigue diciendo Billuart, considerada en su parte formal, es propia y no metafórica, porque por el lado de la voluntad la misericordia sólo implica la voluntad de socorrer la miseria ajena, lo cual no implica imperfección alguna. 

Por eso Santo Tomás de Aquino (Ia, q.21, a. 3) en el caso de la misericordia distingue el “afecto”, o afección sensible que conlleva cierta tristeza por el dolor ajeno, del cual nos “com-padecemos”, y el efecto, que es obrar en socorro del que está afectado por algún mal. Lo primero, dice el Aquinate, no se da en Dios, y se afirma de Él sólo metafóricamente; lo segundo sí se da propiamente en Dios.

Oigamos también a San Agustín (Acerca de diversas cuestiones, a Simpliciano, 2, 3):

“…si de la misericordia suprimo el dolor de la miseria participada con aquel de quien te compadeces, de modo que sólo quede la sosegada bondad para socorrer y librar de la desgracia, se tendrá alguna remota idea de la misericordia divina.”

De aquí se sigue que es evidente que hay toda una serie de predicados que se afirman de Dios en la Escritura que tienen carácter puramente metafórico, como el tener ojos, brazos, manos, oídos, narices, carro, ira, dolor, tristeza, arrepentimiento, etc., mientras que hay otros predicados también afirmados en la Escritura de Dios que se dan propiamente en Él, si bien del modo analógico ya dicho, como el ser, la vida, la inteligencia, la sabiduría, la bondad, la justicia, el amor, el poder, la felicidad, etc.

En los que tienen carácter metafórico, se debe buscar aquel elemento que sí se da propiamente en Dios, por ejemplo, en el caso de la ira, la Voluntad divina de castigar al pecador.

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Por eso mismo, no se puede usar la analogía como pretexto para afirmar en Dios perfecciones que en su concepto implican necesariamente algo imperfecto, con la excusa de que “por analogía”, esas mismas perfecciones se dan en Dios sin imperfección alguna. Porque es contradictorio que una perfección se dé real y propiamente en Dios sin alguna de las notas que la caracterizan esencialmente. En esos casos, por tanto, más que de “analogía” hay que hablar de “equivocidad”, al menos si se insiste en que se está hablando en sentido no metafórico.

Tampoco se puede decir que en definitiva, ya que todo lo que decimos de Dios es analógico, poco importa afirmar o negar de Dios tal o cual concepto esencialmente imperfecto, como por ejemplo, que Dios cambia.

Porque no es lo mismo afirmar o negar de Dios un concepto que tiene analogía propia que un concepto que tiene analogía impropia o metafórica. El segundo puede ser negado de Dios con verdad según su sentido propio, como por ejemplo, la Roca o el Fuego; el primero, por ejemplo, la Inteligencia o la Sabiduria o la Bondad, no puede ser negado de Dios según su sentido propio sin error.  

Además, eso sería poner a Dios por encima del principio de tercero excluido, por el cual toda cosa es o no es, y por tanto, un predicado cualquiera pertenece o no pertenece, a un sujeto dado.

Y por tanto, es poner a Dios por encima del ser y del no ser. De donde resulta que el predicado “es”, o “ser”, dicho de Dios, no sería analógico, sino equívoco: estaríamos en pleno agnosticismo.

Ése es el error de cierta “teología negativa” o “apofática”, que no distingue entre las perfecciones divinas y el modo divino de esas perfecciones, y así entiende que respecto de perfecciones como Ser, Vida, Verdad, Bondad, Sabiduría, Justicia, etc., se puede negar en Dios ambas cosas, no solamente el modo finito que tiene esa perfección de darse en nosotros, sino también la perfección misma.

La única forma, en efecto, de estar por encima o por fuera o al costado del ser, es no siendo, de modo que esta clase de “apofatismo” teológico, si es lógicamente coherente debería derivar en el ateísmo.

En cuanto a los dichos de los místicos, al menos de los que son católicos y tienen en la Iglesia fama de santidad, no habiendo sido condenados por su Magisterio, si a veces parecen incurrir en ese lenguaje más equívoco que analógico, es simplemente porque no están tratando de hablar con precisión teológica, sino más bien llevados por la exaltación de su experiencia de lo divino, y sirven también para recordarnos lo fuerte que es esa ignorancia necesaria que tenemos en esta vida del modo divino de las perfecciones que están en Dios, y cómo no debemos olvidar nunca que Dios trasciende infinitamente todo lo que pensamos o decimos de Él, sin que por eso dejen de ser verdaderas o falsas, según el caso, las proposiciones que le atribuyen determinadas perfecciones en Sí mismo considerado y no solamente por relación a nosotros.

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De la Simplicidad así entendida deriva la absoluta Inmutabilidad de Dios, que consiste en la absoluta ausencia de cambios en Dios y en la absoluta imposibilidad de que tales cambios en Dios ocurran.

Dicha Inmutabilidad divina es dogma de fe, como se ve por el citado texto del Concilio Vaticano I y por estos otros textos magisteriales que agregamos aquí.

Símbolo de Epifanio (expresión del Credo de Nicea):

“…porque el Verbo se hizo carne [Ioh. 1, 14], no sufriendo cambio o transformando su divinidad en humanidad,…”

A aquellos, empero, que dicen hubo un tiempo en que el Hijo o el Espíritu Santo no fueron o que fueron hechos de la nada o de otra hipóstasis o sustancia, a los que afirman que son mudables o variables el Hijo de Dios o el Espíritu Santo, a esos los anatematiza la Iglesia Católica y Apostólica, madre vuestra y nuestra…”

Símbolo del Concilio de Toledo del año 400 y 447 (entre paréntesis la fórmula del 447):

D-26 6. Si alguno dijere y [o] creyere que el Hijo de Dios, como Dios, ha padecido [v. 1.: que Cristo es innascible], sea anatema.

D-27 7. Si alguno dijere y [o] creyere que el hombre Jesucristo [v. 1.: que la deidad de Cristo fué mudable o pasible], sea anatema.

Concilio de Nicea (325):

Mas a los que afirman: Hubo un tiempo en que no fué y que antes de ser engendrado no fué, y que fué hecho de la nada, o los que dicen que es de otra hipóstasis o de otra sustancia o que el Hijo de Dios es cambiable o mudable, los anatematiza la Iglesia Católica.”

“Tomus Damasi” (cánones tomados, por lo que parece, del primer Concilio de Constantinopla):

Si alguno dijere que en la Pasión, Dios sentía el dolor de cruz y no lo sentía la carne junto con el alma, de que se había vestido Cristo Hijo de Dios, la forma de siervo que para sí había tomado, como dice la Escritura [cf. Phil. 2, 7], no siente rectamente.”

Concilio de Efeso:

“Can. 12. Si alguno no confiesa que el Verbo de Dios padeció en la carne y fué crucificado en la carne, y gustó de la muerte en la carne, y que fue hecho primogénito de entre los muertos [Col. 1, 18] según es vida y vivificador como Dios, sea anatema.”

Concilio de Calcedonia (451):

Quedando, pues, a salvo la propiedad de una y otra naturaleza y uniéndose ambas en una sola persona, la humildad fue recibida por la majestad, la flaqueza, por la fuerza, la mortalidad, por la eternidad, y para pagar la deuda de nuestra raza, la naturaleza inviolable se unió a la naturaleza pasible. Y así - cosa que convenía para nuestro remedio - uno solo y el mismo mediador de Dios y de los hombres, el hombre Cristo Jesús [1 Tim. 2, 5], por una parte pudiera morir y no pudiera por otra. En naturaleza, pues, íntegra y perfecta de verdadero hombre, nació Dios verdadero, entero en lo suyo, entero en lo nuestro.”

Entra, pues, en estas flaquezas del mundo el Hijo de Dios, bajando de su trono celeste, pero no alejándose de la gloria del Padre, engendrado por nuevo orden, por nuevo nacimiento. Por nuevo orden: porque invisible en lo suyo, se hizo visible en lo nuestro; incomprensible, quiso ser comprendido; permaneciendo antes del tiempo, comenzó a ser en el tiempo; Señor del universo, tomó forma de siervo, oscurecida la inmensidad de su majestad; Dios impasible, no se desdeñó de ser hombre pasible, e inmortal, someterse a la ley de la muerte.”

Pues al modo que Dios no se muda por la misericordia, así tampoco el hombre se aniquila por la dignidad.”

que se ha de reconocer a uno solo y el mismo Cristo Hijo Señor unigénito en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación,”

Juan II, Carta “Olim quiem”, a los senadores de Constantinopla, año 534):

A la verdad, el emperador Justiniano, hijo nuestro, como por el tenor de su carta sabéis, dio a entender que habían surgido discusiones sobre estas tres cuestiones: si Cristo, Dios nuestro, se puede llamar uno de la Trinidad, una persona santa de las tres personas de la Santa Trinidad; si Cristo Dios, impasible por su divinidad, sufrió en la carne; si María siempre Virgen, madre del Señor Dios nuestro Cristo, debe ser llamada propia y verdaderamente engendradora de Dios y madre de Dios Verbo, encarnado en ella. En estos puntos hemos aprobado la fe católica del emperador, y hemos evidentemente mostrado que así es, con ejemplos de los Profetas, de los Apóstoles o de los Padres.”

Concilio de Letrán (649):

Can. 1. Si alguno no confiesa, de acuerdo con los Santos Padres, propia y verdaderamente al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, la Trinidad en la unidad y la Unidad en la trinidad, esto es, a un solo Dios en tres subsistencias consustanciales y de igual gloria, una sola y la misma divinidad de los tres, una sola naturaleza, sustancia, virtud, potencia, reino, imperio, voluntad, operación increada, sin principio, incomprensible, inmutable, creadora y conservadora de todas las cosas, sea condenado.”

Can. 4. Si alguno no confiesa, de acuerdo con los Santos Padres, propiamente y según verdad, dos nacimientos del mismo y único Señor nuestro y Dios Jesucristo, uno incorporal y sempiternamente, antes de los siglos, del Dios y Padre, y otro, corporalmente en los últimos tiempos, de la santa siempre Virgen madre de Dios María, y que el mismo único Señor nuestro y Dios, Jesucristo, es consustancial a Dios Padre según la divinidad y consustancial al hombre y a la madre según la humanidad, y que el mismo es pasible en la carne e impasible en la divinidad, circunscrito por el cuerpo e incircunscrito por la divinidad, el mismo creado e increado, terreno y celeste, visible e inteligible, abarcable e inabarcable, a fin de que quien era todo hombre y juntamente Dios, reformara a todo el hombre que cayó bajo el pecado, sea condenado.”

Concilios Romanos de 860 y 863:

Cap. 7. Hay que creer verdaderamente y confesar por todos los modos que nuestro Señor Jesucristo, Dios e Hijo de Dios, sólo sufrió la pasión de la cruz según la carne, pero según la divinidad permaneció impasible, como lo enseña la autoridad apostólica, y con toda claridad lo demuestra la doctrina de los Santos Padres.

Cap. 8. Mas aquellos que dicen que Jesucristo redentor nuestro e Hijo de Dios sufrió la pasión de la cruz según la divinidad, por ser ello impío y execrable para las mentes católicas, sean anatema.

Símbolo de la Fe de San León IX (1053):

“…Hijo de Dios, en dos naturalezas, pero en la singularidad de una sola persona; impasible e inmortal por la divinidad, pero que padeció en la humanidad, por nosotros y por nuestra salvación, con verdadero sufrimiento de la carne, y fué sepultado y resucitó de entre los muertos al tercer día con verdadera resurrección de la carne,…”

Esta santa e individua Trinidad de tal modo creo y confieso que no son tres dioses, sino un solo Dios en tres personas y en una sola naturaleza o esencia, omnipotente, eterno, invisible e inconmutable, que predico verdaderamente que el Padre es ingénito, el Hijo unigénito, el Espíritu Santo ni génito ni ingénito, sino que procede del Padre y del Hijo.”

IV Concilio de Letrán:

Firmemente creemos y simplemente confesamos, que uno solo es el verdadero Dios, eterno, inmenso e inconmutable, incomprensible, omnipotente e inefable, Padre, Hijo y Espíritu Santo: tres personas ciertamente, pero una sola esencia, sustancia o naturaleza absolutamente simple.”

El, que según la divinidad es inmortal e impasible, El mismo se hizo, según la humanidad, pasible y mortal; El también sufrió y murió en el madero de la cruz por la salud del género humano…”

Profesión de Fe propuesta por el Papa Clemente IV a Miguel Paleólogo (1267):

“…Dios verdadero y hombre verdadero, propio y perfecto en una y otra naturaleza, no adoptivo ni fantástico, sino uno y único Hijo de Dios en dos y de dos naturalezas, es decir, divina y humana, en la singularidad de una sola persona, impasible e inmortal por la divinidad, pero que en la humanidad padeció por nosotros y por nuestra salvación con verdadero sufrimiento de su carne, murió y fué sepultado, y descendió a los infiernos, y al tercer día resucitó de entre los muertos con verdadera resurrección de su carne…”

Creemos también que el Espíritu Santo es Dios pleno, perfecto y verdadero que procede del Padre y del Hijo, consustancial, coomnipotente y coeterno en todo con el Padre y el Hijo. Creemos que esta santa Trinidad no son tres dioses, sino un Dios único, omnipotente, eterno, invisible e inmutable.”

Concilio de Florencia (Decreto para los jacobitas, 1442):

La sacrosanta Iglesia Romana, fundada por la palabra del Señor y Salvador nuestro, firmemente cree, profesa y predica a un solo verdadero Dios, omnipotente, inmutable y eterno, Padre, Hijo y Espíritu Santo, uno en esencia y trino en personas…”

Profesión de Fe prescrita a los orientales maronitas (1743)

Venero también y recibo los Concilios universales, como sigue, a saber: El Niceno primero, y profeso que en él se definió contra Arrio, de condenada memoria, que el Señor Jesucristo es Hijo de Dios, nacido unigénito del Padre, esto es, nacido de la sustancia del Padre, no hecho, consustancial con el Padre, y que rectamente fueron condenadas en el mismo Concilio aquellas voces impías «que alguna vez no existiera» o «que fué hecho de lo que no es o de otra sustancia o esencia», o «que el Hijo de Dios es mudable y convertible».”

“… igualmente que la divinidad del mismo Señor nuestro Jesucristo, según la cual es consustancial con el Padre y el Espíritu Santo, es impasible e inmortal, y que El fue crucificado y murió sólo según la carne, como igualmente fué definido en dicho Concilio y en la carta de San León, Pontífice Romano, por cuya boca los Padres del mismo Concilio aclamaron que había hablado el bienaventurado Apóstol Pedro; definición por la que se condena la impía herejía de aquellos que al trisagio enseñado por los ángeles y en el predicho Concilio Calcedonense cantado: «Santo Dios, Santo fuerte, Santo inmortal, compadécete de nosotros», añadían: «que fuiste cricificado por nosotros» y, por tanto, afirmaban que la divina naturaleza de las tres Personas es pasible y mortal.

Syllabus o Colección de los errores modernos (1864)

1. No existe ser divino alguno, supremo, sapientísimo y providentísimo, distinto de esta universidad de las cosas, y Dios es lo mismo que la naturaleza, por tanto, sujeto a cambios y, en realidad, Dios se está haciendo en el hombre y en el mundo, y todo es Dios y tiene la mismísima sustancia de Dios; y una sola y misma cosa son Dios y el mundo y, por ende, el espíritu y la materia, la necesidad y la libertad, lo verdadero y lo falso, el bien y el mal, lo justo y lo injusto.”

Concilio Vaticano I (Constitucion “Dei Filius”, 1870):

La santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana cree y confiesa que hay un solo Dios verdadero y vivo, creador y señor del cielo y de la tierra, omnipotente, eterno, inmenso, incomprensible, infinito en su entendimiento y voluntad y en toda perfección; el cual, siendo una sola sustancia espiritual, singular, absolutamente simple e inmutable, debe ser predicado como distinto del mundo, real y esencialmente, felicísimo en sí y de sí, e inefablemente excelso por encima de todo lo que fuera de El mismo existe o puede ser concebido

Si alguno dijere que las cosas finitas, corpóreas o espirituales, o por lo menos las espirituales, han emanado de la substancia divina; o que la esencia divina, por la manifestación y evolución de sí misma se transforma en todas las cosas; o, finalmente, que Dios es un ser universal e indefinido que, determinándose a sí mismo, establece la totalidad de las cosas, distinguidas en géneros, especies e individuos: sea anatema.”

JUAN PABLO II, AUDIENCIA GENERAL, Miércoles 4 de septiembre de 1985

La eternidad es aquí el elemento que distingue esencialmente a Dios del mundo. Mientras éste está sujeto a cambios y pasa, Dios permanece por encima del devenir del mundo: Él es necesario e inmutable: “Tú permaneces el mismo”.

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Esta enseñanza de la Iglesia se funda en la Sagrada Escritura:

Mal., 3, 6: Porque yo, el Señor, no cambio; por eso vosotros, oh hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.

Num. 23, 19: Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre, para que se arrepienta. ¿Lo ha dicho El, y no lo hará?, ¿ha hablado, y no lo cumplirá?

Sal. 102, 25 – 27: Desde la antigüedad tú fundaste la tierra, y los cielos son la obra de tus manos. Ellos perecerán, pero tú permaneces; y todos ellos como una vestidura se desgastarán, como vestido los mudarás, y serán cambiados. Pero tú eres el mismo, y tus años no tendrán fin.

Sal. 33, 11: El consejo del Señor permanece para siempre, los designios de su corazón de generación en generación.

Mt. 24, 35: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Heb. 6, 17: Por lo cual Dios, deseando mostrar más plenamente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su propósito, interpuso un juramento,

Sant. 1, 17: Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variación.

Heb. 13, 8: Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos.

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En efecto, el cambio puede ser sustancial o accidental. El primero es aquel cambio por el que algo comienza a existir, que se llama también “generación”, o por el que algo deja de existir, que se llama también “corrupción”. Eso un cambio siempre que el comenzar a existir de algo es por transformación de otra cosa, o que su dejar de existir es por transformarse en otra cosa.

Es claro por lo tanto que en Dios, que es Eterno, sin comienzo ni fin, no puede haber cambio sustancial.

El cambio accidental, por su parte, es aquel en el que el sujeto no comienza a existir ni deja de existir, pero adquiere o pierde alguna perfección, que por lo mismo, será forzosamente una perfección accidental, al menos en sentido del “accidente metafísico” arriba dicho.

Es absolutamente imposible también, en Dios, el cambio accidental.

En efecto, el accidente sólo puede ser, como dijimos, la actualización de una potencialidad de la sustancia, pero en Dios no hay potencia pasiva, es Acto Puro, por tanto, en Dios no hay accidentes, ni tampoco, por tanto, cambio accidental.

La Simplicidad divina hace imposible el cambio accidental en Dios, porque el cambio accidental, por lo dicho, implica distinción real entre la sustancia, que permanece, y el accidente, que deja de ser o comienza a ser, y por tanto, composición real entre los mismos.

Además, todo cambio, en tanto que pasaje de potencia a acto, supone la acción de una causa, también el cambio accidental, pues la sustancia, como dijimos, por el solo hecho de estar en potencia para el accidente no puede ya actualizarlo, pues en general la potencia y el acto son realmente distintos y el acto posee una mayor perfección que la potencia, y por ello la actualización de una potencialidad pasiva requiere la intervención de una causa ya en acto. Pero ninguna causa puede actuar sobre Dios, que es la Causa Primera Incausada, y que siendo Acto Puro, no tiene potencialidad pasiva alguna que alguna causa pueda actualizar.

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Como dice San Agustín en su comentario al Evangelio de San Juan, 38, 10: 

“¿Qué haré, pues? Qué es el Ser mismo, dígalo él al corazón, dentro dígalo, dentro hable; oiga el hombre interior, la mente capte el ser verdaderamente, pues es ser siempre de modo idéntico. En efecto, alguna cosa, absolutamente cualquiera (…) cualquiera sea, en suma, su excelencia, si es mudable, no es verdaderamente, pues no hay ser verdadero allí donde también hay no ser. En efecto, todo lo que puede mudarse, mudado no es lo que era; si no es lo que era, allí ha tenido lugar cierta muerte; ha perecido algo que allí era y no es. La negrura ha muerto en la cabeza de un anciano encaneciente, la hermosura ha muerto en el cuerpo de un anciano cansado y encorvado, han muerto las energías en el cuerpo del enfermo, ha muerto la inmovilidad en el cuerpo de quien pasea, ha muerto el paseo en el cuerpo de quien está parado, han muerto el paseo y el estar de pie en el cuerpo de quien yace, ha muerto el habla en la lengua de quien calla: respecto a todo lo que se muda y es lo que no era, ahí veo, en eso que es, cierta vida y, en eso que fue, cierta muerte. Por eso, cuando de un muerto se dice: «¿Dónde está el hombre aquel?», se responde: «Fue».

¡Oh Verdad, que eres verdaderamente! De hecho, en todos nuestros actos y movimientos y absolutamente en toda actividad de la criatura hallo dos tiempos: pasado y futuro. Busco el presente: nada es estable; lo que acabo de decir ya no existe; lo que voy a decir no existe aún; lo que hice ya no existe, lo que voy a hacer no existe aún; lo que he vivido ya no existe, lo que voy a vivir no existe aún. En todo movimiento de las cosas hallo pasado y futuro; en la Verdad, que permanece, no hallo pasado y futuro, sino sólo el presente, y éste incorruptiblemente, lo cual no existe en la criatura. Examina las mutaciones de las cosas: hallarás «fue» y «será»; piensa en Dios: hallarás «es» donde no puede haber «fue» y «será». Para que, pues, también tú seas, trasciende el tiempo. Pero ¿quién lo trascenderá con sus fuerzas? Eleve hasta allá el que ha dicho al Padre: Quiero que, donde yo estoy, también esos mismos estén conmigo.”

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De la Simplicidad e Inmutabilidad divinas se deriva la Impasibilidad de Dios, es decir, la ausencia en Dios de todo sufrimiento y de toda posibilidad de sufrimiento.

Esa Impasibilidad divina es también una verdad de fe, como se ve por algunos de los textos magisteriales ya citados.

En efecto, el sufrimiento es un mal que sigue siempre a la pérdida o carencia de algún bien. No de cualquier bien, sino de un bien debido, es decir, que deberíamos tener. No es un mal, en efecto, para el hombre carecer de alas, sí lo es la ceguera. La pérdida o carencia de un bien que deberíamos tener es un mal, y el sufrimiento es una consecuencia de ese mal, es como la repercusión de ese mal en la conciencia. Pero el sufrimiento mismo es un mal, y por tanto, es también la carencia de un bien que deberíamos tener, porque así como deberíamos tener el bien en cuestión por cuya carencia sufrimos, deberíamos tener también el bienestar consiguiente a la posesión de ese bien, que es contrario al sufrimiento. Sufrimos entonces porque carecemos de algo que necesitamos o porque se destruye en nosotros algún bien que teníamos. Quien tuviese siempre todo lo que para él constituye un bien y no lo perdiese nunca, no sufriría.

Ahora bien, es absolutamente imposible que Dios carezca de algún bien o pierda algún bien que tiene.

Lo primero implicaría limitación en Dios, y la limitación sólo es posible por el ente en potencia. En efecto, toda limitación es imperfección, y por tanto, ninguna perfección puede ser fuente de límite. Es el ente imperfectamente realizado, que es el ente en potencia, el que puede limitar a una perfección cualquiera, de modo que todo ente limitado es compuesto de potencia y acto, y por lo arriba dicho, causado. La Simplicidad divina se opone a la composición de potencia y acto, e implica por tanto que Dios es el Incausado, y la Inmutabilidad divina se opone a cualquier actualización, a cualquier pasaje de potencia a acto en Dios, y por tanto, ambas excluyen toda imperfección o limitación en Dios, que es el Ser Perfectísimo, el Sumo Bien, en el cual la Plenitud del Ser y la Plenitud del Bien se identifican realmente, y que por tanto es absolutamente imposible que carezca de bien alguno

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El ser y el bien, en efecto, también son convertibles, como el ser y la unidad. El ente, como tal, es bueno. Porque se es ente por el acto de ser, que es “la actualidad de todos los actos y la perfección de todas las perfecciones”, como dice Santo Tomás. Y si el acto en general es perfección, por oposición a la potencia, el acto de ser con más razón todavía, porque es “la actualidad de todos los actos”, aquello que los hace ser y ser actos.

Por tanto, se es ente en tanto se es perfecto. Pero el bien, dice Aristóteles, es “aquello que todos apetecen”, es decir, el objeto de toda tendencia, y si lo es, es porque es perfectivo, capaz de aportar perfección al sujeto que lo posee. Y eso es, obviamente, en la medida en que es perfecto, porque no se da lo que no se tiene.

Por tanto, si el ente es tal por el acto de ser, y el ser es perfección, y si lo que es perfección es perfectivo, puede perfeccionar a un sujeto, y lo que es tal es bueno, entonces, el ente es bueno.

Por lo que el mal es un no ente, una carencia de alguna perfección de ser, pero no cualquier carencia de cualquier perfección, como dijimos, sino de aquella perfección exigida por el ente en cuestión, ya que no es un mal para el hombre carecer de alas, sí para el ave, y sí es un mal para el hombre la ceguera, por ejemplo.  A estas carencias de bienes exigidos por la naturaleza del ente en cuestión se las llama “privaciones”, y así, el mal es una privación, privación de bien, carencia de un bien exigido por la naturaleza del ente en cuestión.

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Es absolutamente imposible entonces que Dios se dé un mal cualquiera, porque la Plenitud del Ser y del Bien no puede carecer de bien alguno, ni tampoco perder algún bien y ser privada de él, ya que por la Simplicidad divina todo bien que hay en Dios se identifica realmente con Dios mismo, que no puede perderse a Sí mismo ni dejar de existir, porque es el Ser Necesario, el puro Acto de Ser que no necesita por eso mismo para ser y existir de otra cosa que de Sí mismo, ni puede no ser, por la absoluta incompatiblidad que existe entre el Puro Ser y el no ser.

Y por la Inmutabilidad divina, Dios tampoco puede perder un bien que tenga por tanto que lamentar, ni alcanzar un bien que no tuviese y por el cual suspirase, pues todo eso implicaría un pasaje de potencia a acto, y un cambio, pues también en el caso en que se pierde algo que se tenía se pasa de potencia a acto, pues la pérdida de un acto sólo sucede por actualización de otra perfección incompatible con la primera.

Y por eso mismo es absolutamente imposible que en Dios se dé sufrimiento alguno, ya sea por la carencia de algún bien que se desea, ya sea por la pérdida de un bien que se poseía, porque nada de eso es compatible con Aquel que, como es el Ser mismo subsistente, es el Bien mismo subsistente, al cual por definición no puede faltarle bien alguno.

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Finalmente, y por todo lo anterior, que es dogma de fe, a saber, la Simplicidad, la Inmutabilidad y la Impasibilidad divinas, se concluye necesariamente que en Dios no hay relaciones reales que lo tengan a Él como sujeto y a las creaturas como término.

Esta tesis, por lo que sabemos, es al menos “teológicamente cierta”, porque se deduce de los dogmas previamente señalados de tal modo que su negación lleva lógicamente a la negación de esos mismos dogmas.

Su negación es entonces al menos “error en teología“. 

No es una mera tesis filosófica, sino por lo menos una conclusión teológica que recoge el consenso de prácticamente todos los teólogos católicos, salvo excepciones propias más que nada de estos últimos tiempos de crisis

Véase por ejemplo en Pesch, Christian, S.J., Compendium Theologiae Dogmaticae, 1934, p. 26 (traducción nuestra): 

No hay en Dios relación real “ad extra”, porque si Dios se refiriese realmente a algo “ad extra", particparía de la potencialidad de los entes distintos de Dios, lo cual repugna [es decir, es contradictorio]; todas las creaturas se refieren realmente a Dios, porque dependen realmente de Él, pero Dios tiene con las creaturas solamente una relación de razón, sin ninguna dependencia". 

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Para entender la tesis que defendemos ahora, hay que aclarar qué se entiende por “relación”.

Pensemos por ejemplo en la relación de “paternidad”. Lo primero que salta a la vista es que requiere de un sujeto, es decir, de alguien que sea “padre”. De donde se sigue que esa relación es un accidente, algo a lo que le compete existir en otro. Pero eso, que es común a todos los accidentes, no es lo específico de la relación, sino el hecho de que la persona que es “padre” lo es por orden, por relación, justamente, a otra persona, que es su “hijo”. La relación es el único accidente que en vez de cualificar a la sustancia en sí misma, la ordena a otra sustancia.

Así los filósofos distinguen dos aspectos en la relación: el “esse in” o inherencia, que lo tiene en común con todos los accidentes, y el “esse ad” u orden a otro, que es lo específico de la relación como tal.

Por otra parte, la paternidad no está en un ser humano determinado porque sí, sino que tiene un fundamento, que es el acto generador. Tenemos así los tres elementos que componen la naturaleza de la relación en nuestra experiencia: el sujeto, que es aquello en donde está la relación, el término, que es aquello a lo que la relación ordena al sujeto, y el fundamento, que es aquella acción o propiedad por la cual la relación está en el sujeto.

La relación es el único accidente que en algunos casos no es real, sino que existe solamente en nuestra razón, en cuyo caso obviamente no es realmente un accidente, sino que sólo se la piensa como tal. Porque es esencial a la relación la distinción entre el sujeto y el término, el “orden a otro”, y por tanto, donde esta distinción no es real, la relación tampoco lo es.  Por ejemplo, la relación que hay en el hombre entre la animalidad y la racionalidad, que no es real porque no hay distinción real en el hombre entre esos dos aspectos de la única naturaleza humana. O la relación de identidad de una cosa consigo misma, que tampoco es real, porque nada es realmente distinto de sí mismo para poder estar en relación consigo mismo. 

En algunos casos, además, hay en el término de la relación otra relación que tiene como término al sujeto de la primera, en otros casos, no la hay.

Ejemplo de lo primero es justamente la paternidad, a la cual responde en el hijo la filiación, que tiene como sujeto al hijo y como término al padre, y como fundamento al mismo acto generador.

Ejemplo de lo segundo es la relación del cognoscente a lo conocido tal como se da en nuestra experiencia, donde el conocimiento de un objeto implica la adquisición de una real perfección en el sujeto, que es efecto del objeto conocido, el cual determina, para ser conocido, a la facultad cognoscitiva del sujeto, dando lugar así a una relación real de dependencia del sujeto respecto del objeto.

Pero no hay en este caso una relación real que tenga como sujeto a la cosa conocida y como término al sujeto cognoscente, porque el conocimiento no cambia en nada a la cosa conocida en sí misma considerada.

Si pensamos, entonces, en una relación que tenga como sujeto a lo conocido y como término al cognoscente, será en todo caso una relación de razón, no una relación real.

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Es claro que en Dios, por lo ya dicho, no puede haber accidentes, así que ya por esa sola razón no puede haber relaciones reales que tengan como sujeto a Dios y como término a la creatura, si pensamos en relaciones que sean accidentes que de algún modo inhieran en la Esencia divina y se distingan realmente de Ella.

Eso iría contra el dogma de la Simplicidad divina.

Además, esos accidentes relativos divinos o serían eternos como Dios mismo, o no.

En el primer caso, deberían ser eternos también los términos creados de esas relaciones, es decir, las creaturas, porque una relación real no existe sin su sujeto y su término.

En el segundo caso, la aparición de esos accidentes en Dios habría implicado un cambio en Dios, que habría pasado de no tenerlos a tenerlos, lo cual va contra el dogma de fe de la Inmutabilidad divina, del que ya hablamos.

La alternativa sería que hubiese en Dios relaciones reales que tuviesen como término a las creaturas y que no fuesen accidentes, sino que se identificasen realmente con la Esencia divina misma. Pero eso sería hacer a Dios esencialmente relativo a lo creado, lo que es sumamente absurdo.

Se seguiría de ello la absoluta imposibilidad de que este mundo no exista, convirtiendo a la creatura en el Ser Necesario, porque es claro que lo que es esencial al Ser divino no puede faltarle en ninguna hipótesis, y aquí estaríamos diciendo que la relación a lo creado es esencial al Ser divino, ahora bien, es claro que dicha relación que tuviese como término a lo creado no puede existir sin lo creado mismo, que sería por tanto tan necesario como el mismo Dios.

Eso iría contra el dogma de la Libertad divina en la creación.

Además, si hay relaciones reales que tienen como sujeto a Dios y como término a la creatura, o son Increadas, o son creadas.

En el primer caso volvemos que serían Necesarias como Dios mismo, y por tanto, también lo serían sus términos, las creaturas, lo cual es obviamente falso y absurdo.

En el segundo caso, algo que sería parte del ser de Dios sería creado, lo cual es igualmente absurdo, y contrario al dogma de la Simplicidad divina, pues es claro que esa “parte creada” de Dios sería realmente distinta del Increado.  

Además, si la Encarnación importase una relación real que tenga como sujeto al Verbo de Dios y como término a la naturaleza humana asumida, entonces implicaría un cambio en el Verbo de Dios, que no está encarnado desde la Eternidad, sino que se ha encarnado en el tiempo, y en el tiempo ha comenzado a ser hombre por lo que toca a su naturaleza humana asumida. Pero esto va contra el dogma de la Inmutabilidad divina, en particular, es dogma de fe que la Encarnación no implica cambio alguno en el Verbo de Dios:

Símbolo de Epifanio (expresión del Credo de Nicea):

“…porque el Verbo se hizo carne [Ioh. 1, 14], no sufriendo cambio o transformando su divinidad en humanidad,…”

Concilio de Nicea (325):

Mas a los que afirman: Hubo un tiempo en que no fué y que antes de ser engendrado no fué, y que fué hecho de la nada, o los que dicen que es de otra hipóstasis o de otra sustancia o que el Hijo de Dios es cambiable o mudable, los anatematiza la Iglesia Católica.”

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Por eso es que hay que notar que nuestro lenguaje acerca de las relaciones suele ser impreciso. Hablamos por ejemplo de la relación “entre” dos personas, cuando eso sólo puede querer decir que estamos hablando en realidad de dos relaciones, una que tiene como sujeto a A y como término a B, y otra que tiene como sujeto a B y como término a A.

En efecto, un accidente no puede estar a la vez en dos sujetos realmente distintos.

Por tanto, para que la relación “entre” dos cosas sea real, alcanza con que sea real una relación que tenga a una de ellas como sujeto y a la otra como término.

En efecto, no podemos decir que la relación “entre” el cognoscente y el conocido, tal como se da en nuestra experiencia, no sea real, por el hecho de que sólo sea real la relación que tiene como sujeto al cognoscente y como término a la cosa conocida.

Y en el mismo sentido, es real la relación “entre” Dios y la creatura, porque es real la relación que tiene a la creatura como sujeto y a Dios como término, aunque no sea real la relación que tiene a Dios como sujeto y a la creatura como término.

Efectivamente, la relación de dependencia de la creatura respecto del Creador es realísima, y está fundada en el acto divino por el cual la creatura recibe el ser dado por el Creador. Y toda otra acción de Dios sobre la creatura que la modifique realmente de algún modo da lugar a una relación real que tiene como sujeto a la creatura y como término al mismo Dios.  

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En el fondo, de lo que se trata aquí es de la unión con Dios. Nuestra fe nos enseña que por la gracia santificante ya en esta vida tenemos una cierta unión con Dios. Esa unión no es sustancial, como es la unión hipostática de la Divinidad con la naturaleza humana en la Persona de Nuestro Señor Jesucristo, pues seguimos siendo personas distintas de las tres Personas divinas.

Es por tanto accidental, en el sentido de que es algo distinto de Dios y de nosotros mismos lo que nos une con Dios: en esta vida, la gracia santificante, en la vida eterna, la luz de gloria, que son ambos accidentes sobrenaturales que inhieren en nuestras almas como efectos del Poder divino en nosotros.

La gracia santificante es algo que está en nosotros, es un accidente sobrenatural que diviniza nuestra alma y hace posible que nuestros actos de conocimiento y amor terminen en la misma Realidad divina en tanto que divina y no solamente en tanto que ser.

Con eso basta para nuestra unión con Dios: una cualidad sobrenatural de nuestra alma que supone una modificación de la misma y que por tanto da lugar a una relación real que nos tiene a nosotros como sujetos y a Dios como término: la filiación divina adoptiva.

Esa relación nuestra con Dios termina inmediatamente en Dios mismo, y por eso una imposible relación real que tuviese a Dios como sujeto y a nosotros como término o sería superflua al pasar nuestra unión con Dios al costado por así decir de ella, o nos estorbaría más que nos ayudaría, porque se interpondría entre Dios y nosotros.

Esas relaciones que tuviesen a Dios como sujeto no nos afectarían por ello mismo en nada a nosotros y no le agregarían por tanto nada a nuestra unión con Dios.

Dios no se entrega a nosotros mediante una relación suya con nosotros que lo tenga a Él como sujeto, sino inmediatamente, por Sí mismo, no como causa de la unión, que ésa es la gracia creada o gracia santificante, sino como término de la misma, y ése es el sentido de la inhabitación de la tres Personas divinas en el alma que está en estado de gracia.

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Como dice Santo Tomás de Aquino en Ia, q. 43, a. 3, c.:

A la persona divina le corresponde ser enviada por cuanto que existe en alguien de un modo nuevo. Y le corresponde ser dada, en cuanto que es tenida por alguien. Ninguna de estas cosas puede suceder más que por la gracia santificante. Pues hay un modo común por el que Dios está en todas las cosas por esencia, potencia y presencia, como la causa está en los efectos que participan de su bondad. Por encima de este modo común, hay otro especial que corresponde a la criatura racional, en la que se dice que Dios se encuentra como lo conocido en quien conoce y lo amado en quien ama, y porque, conociendo y amando, la criatura racional llega por su mismo obrar hasta el mismo Dios. Según este modo especial, no solamente se dice que Dios se encuentra en la criatura racional, sino también que está en ella como en su templo. Así, pues, ningún otro efecto, a no ser la gracia santificante, puede ser el motivo por el que la persona divina esté de un modo nuevo en la criatura racional. Consecuentemente, sólo por la gracia santificante la persona divina es enviada y procede temporalmente. Por lo mismo, no se dice que tenemos sino sólo aquello de lo que podemos hacer uso y disfrutar libremente. Poder disfrutar de la persona divina sólo es posible por la gracia santificante. Sin embargo, por el mismo don de la gracia santificante, se tiene el Espíritu Santo, que habita en el hombre. Por eso, el mismo Espíritu Santo es dado y es enviado.”

Véase que la novedad de ese modo nuevo que tiene Dios de existir en la creatura racional la pone Santo Tomás exclusivamente (esa exclusividad la señala cuatro veces en el texto) en el don de la gracia santificante, por el cual nosotros somos transformados en hijos de Dios y hechos partícipes de la naturaleza divina. Por tanto, Santo Tomás pone esa novedad exclusivamente del lado de la creatura racional.

Y eso constituye un modo nuevo de estar Dios en nosotros, porque nos capacita para que nuestros actos sobrenaturalizados de conocimiento y amor tengan como objeto y término inmediatamente a Dios mismo según su misma Divinidad.  Y a eso reduce Santo Tomás todo el “ser enviado” del Espíritu Santo al alma del justo: a que la Santísima Trinidad produce en el alma del justo la gracia santificante, y a que por esa gracia nuestros actos de conocimiento y amor alcanzan inmediatamente a Dios mismo.

En efecto, en ese mismo artículo de la Suma la primera objeción decía:

Que la persona divina sea enviada significa que es dada. Así, pues, si solamente fuera enviada por la gracia santificante, no sería dada la misma persona divina, sino solamente sus dones. Este es el error de los que dicen que el Espíritu Santo no es dado, sino sólo sus dones.”

A lo que responde Santo Tomás:

La criatura racional es perfeccionada por el don de la gracia santificante, no sólo para hacer un uso libre del don creado, sino para disfrutar de la misma persona divina. De este modo, la misión invisible se lleva a cabo por el don de la gracia santificante, y, sin embargo, se dice que se da la misma persona divina.”

Es claro que todo eso implica solamente relaciones reales que nos tienen a nosotros como sujetos y a Dios como término.

38 comentarios

  
Pablo
muy buen artículo, sería de provecho que tocaras el tema del cambio y la duración/tiempo, tanto en el ángel -por ejemplo, cuando conoce o acepta la gracia-, como del hombre.

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Gracias, Pablo, buena sugerencia.

Saludos cordiales.
22/06/20 3:44 PM
  
Frank
Santo Tomás dice ( siguiendo a Aristóteles) que la materia podría ser eterna. ¿Puede ser cierto esto? Parece que no, porque la materia cambia y en la eternidad no existe el tiempo, por lo que no puede haber cambio alguno.

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"Eterno", en su sentido propio, quiere decir "sin sucesión", sin antes, sin después, sólo presente, por tanto, sin cambio, y sí, también sin comienzo ni fin.

Pero impropiamente se usa en el sentido de una duración sucesiva sin comienzo ni fin.

Lo que Santo Tomás dice no es que Dios podría haber creado un mundo "eterno" en el sentido propio del término, sino que podría haber creado un mundo obviamente sucesivo y temporal, pero sin comienzo temporal.

No está de acuerdo con Aristóteles que dice que efectivamente ése es el mundo en que vivimos (o al menos, parece decirlo, de hecho, Santo Tomás trata de mostrar que Aristóteles no dijo eso) ni tampoco con los que creen que pueden demostrar con la razón que el mundo comenzó a existir, porque, dicen éstos, Dios no podría haber creado un mundo sin comienzo temporal.

Saludos cordiales.
22/06/20 4:08 PM
  
sofía
Bien, entiendo que Dios creador es eterno e inmutable aunque la creación tenga un principio.
Es compatible la inmutabilidad de Dios creador con el comienzo en el tiempo de la creación. Es creador desde la eternidad, sin ser nunca creador en potencia sino siempre en acto, porque él está por encima del tiempo y todo está presente para Él y es puro acto etc.
Es un misterio q Dios creador y redentor no cambie, debido a que es inmutable y eterno, pero si lo he entendido bien, ningún problema con eso. Y está claro que es un dogma, pero creo que no todo lo que vd deduce de eso sigue siendo un dogma.

Es decir, el dogma es que Dios es inmutable, pero no la deducción de que su relacion con nosotros no sea real, aunque a vd le parece que no se puede deducir más que eso.
Sin embargo lo deducen partiendo de una definición previa de relación en la que siempre tiene que haber un sujeto que sea afectado por el término, refiriéndose a las relaciones entre los seres creados.
Sin embargo las relaciones ad intra de las personas divinas, no son accidentes, son por tanto diferentes de las relaciones entre las cosas creadas.
De modo similar, aunque en otro orden de cosas, podemos pensar que la relación de Dios con las cosas creadas no tiene por qué expresarse en esos términos de sujeto afectado por un término. Y no por eso deja de existir una relación real, pues es Dios el que crea, por eso somos creados, y es Dios el que actúa por eso cambiamos, aunque él no cambie al crear ni al actuar.
Y eso es una relación real que nos afecta a nosotros, sí, no a Él, pero Dios es el que actúa. Crea y actúa sin cambiar, pues ese es el misterio, pero no podemos decir que esa relación de creador no sea real ni que no parta de Dios hacia nosotros.

En todo caso, creo que me ha quedado claro que jamás ha dicho la Iglesia que la relación de Dios con nosotros no sea real ni que sea una relación de razón que exista solo en nuestra mente.
También creo que la forma más aproximada de hablar de esa relación de Dios con nosotros es decir que es nuestro Padre.

Si estoy equivocada en mi conclusión me gustaría que lo señalara. Gracias.

Saludos cordiales.

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Lo esencial de la relación, sin lo cual no hablamos de "relación", es el orden a otro. Eso está tanto en las relaciones divinas como en las relaciones creadas.

Si esa supuesta relación real a nosotros en Dios no afecta a Dios, como Ud. dice, entonces sólo queda que se identifique con el Ser divino, como digo en el "post", y como sucede con las Relaciones personales en Dios.

Y entonces, como digo en el "post", esa relación de Dios a nosotros sería tan necesaria como Dios mismo, no podría no ser, y entonces, tampoco podrían no ser los términos creados de esa relación, es decir, las creaturas, de modo que la creación divina no sería Libre, y en realidad, las creaturas quedarían equiparadas con el mismo Dios, que es el único Ser absolutamente Necesario, llegándose así al panteísmo, como digo en el "post".

Es absurdo además que por su misma Esencia Dios sea relativo a las creaturas, y lleva también al panteísmo, como también digo en el "post".

Saludos cordiales.
22/06/20 6:24 PM
  
Néstor
Por otra parte, que fuera de las Relaciones divinas, toda relación tiene un sujeto y un término distintos de ella misma es evidente. En la paternidad, por ejemplo, es el padre el que es padre, y por tanto, sujeto de esa relación, no el hijo, ni la paternidad misma, tampoco. Ni el padre ni la paternidad son tampoco el hijo, o sea, el término de la relación.

Saludos cordiales.
22/06/20 7:36 PM
  
Hernán
Néstor,
A ver si me doy a explicar. La comprensión humana no puede abarcar en el entendimiento de CÓMO Dios siempre ha existido siendo un:
Principio Sin Principio, de que ha existido siempre antes del tiempo, materia, espacio, el pensamiento en sí. Podemos decir que a la limitación de la compresión humana e indagación, Dios es en sí Mismo es un Misterio, lo cual, no podemos entender lo ya descrito en las líneas anteriores.
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De paso, comentarte, las lecturas y evangelio de día a día de la pág del Vaticanonew.va, de cuál biblia se basa la Santa Sede, ya que por lo visto no es la Jerusalén, ni la latinoamericana y otras que he buscado por la web.

Saludos

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Sin duda que Dios es misterioso, pero no tanto que no podamos distinguirlo de una mesa o de un atardecer.

Además, una explicación un poco más precisa de cómo conocemos y cómo no conocemos a Dios en esta vida es precisamente la que intento dar en este "post", por lo cual recomiendo su lectura, al menos para poder saber qué es lo que sostengo al respecto.

Creo que la traducción que usan en el sitio web de la Santa Sede es la "Biblia del Pueblo de Dios" o algo así, a lo mejor alguien aquí lo puede informar con más precisión.

Saludos cordiales.
22/06/20 8:47 PM
  
sofía
No es relativo a las criaturas, se relaciona libremente con las criaturas. Porque es eternamente y libremente creador. Misterio q todo va en el mismo lote de su eternidad inmutable q sea eternamente creador de una creación con un comienzo en el tiempo.
Poco importa como nos relacionemos las personas entre nosotros y con las piedras. Dios no es una criatura ni una piedra y se relaciona libremente como creador con su creación sin ser sujeto afectado sino creador libre de relaciones.
Pero no ha contestado a lo más importante ¿Existe un dogma sobre esa relación no real de Dios, nuestro Padre, con nosotros?
Yo no lo he encontrado, pero quiero asegurarme.
Paz y Bien

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La única forma en que Dios se "relacionase" libremente con las creaturas sin ser relativo a las creaturas, ni por relaciones reales que se identifiquen realmente con la Esencia divina, ni tampoco por relaciones que se distinguiesen realmente de la Esencia divina y por tanto la afectasen, implicasen en ella composición de potencia y acto, y cambio, y dependencia de una causa, es decir, todo lo que digo en el "post", es entonces que Dios haga surgir en esas creaturas relaciones reales que las tengan a ellas como sujetos y a Él como término.

Porque en efecto, en algo compuesto de sustancia y accidentes, tanto la sustancia como los accidentes forman parte, de modo distinto sin duda, de su "ser".

Y obviamente que el ser de Dios no depende, tampoco, de la Libertad divina: ése es el dogma de la Inmutabilidad divina.

Cómo nos relacionemos con las piedras, sobre todo cuando las conocemos, tiene la precisa importancia de mostrarnos que no es imposible que haya una relación real en un sujeto a la cual no corresponda ninguna relación real recíproca en el término de la misma.

Como digo en el "post", por lo que yo sé esa tesis no ha sido enseñada por la Iglesia al menos en forma solemne, digo, en forma explícita. Implícitamente se encuentra contenida en los dogmas de la Simplicidad e Inmutabilidad divinas, y por eso es, por lo menos, una conclusión teológica, cuya negación es "error en teología".

Saludos cordiales.
22/06/20 9:34 PM
  
Rafaelus
En el libro del profeta Malaquías, cap.3, verso 6, se dice:

"Que yo, Yahveh, no cambio, y vosotros, hijos de Jacob, no termináis nunca."

Esto lo alegan los protestantes por la vigencia de todo lo establecido en el Pentateuco.

Pero ¿ También podría interpretarse como que toda posibilidad es de Dios, por Su Infinitud y Su Omnipotencia, por lo que todo cambio es también Creación ?

También: La filósofa Ayn Rand, aristotélica y estudiosa de Santo Tomás de Aquino, pero atea (y anticomunista), argumentó contra la existencia de un creador que:
"nada puede haber fuera de la totalidad que pueda ser su causa"
Pero la Infinitud Divina, creo yo que no puede ser totalizada ¿carece de totalidad?

Esta es curiosidad puramente apologética pues no cambio mis creencias por lo que diga un predicador protestante o un filósofo ateo, como aceptamos todos certezas que no podemos verificar, como los datos del propio nacimiento, por ejemplo.

Gracias Néstor por el artículo y por su atención.

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Obviamente, una cosa es que Dios no cambie y otra que algunas de sus disposiciones, aún siendo tomadas desde la Eternidad, lo sean solamente para un cierto período de la historia humana, como pasa con muchas de las disposiciones del Antiguo Testamento.

La Creación, enseña Santo Tomás, no es un cambio, porque todo cambio tiene un sujeto que cambia, y que sirve como materia al cambio (por ejemplo, alguien que aprende inglés o que envejece) y en la Creación no hay sujeto que cambie, porque es "ex nihilo", de la nada, lo cual quiere decir, sin materia previa alguna.

O sea, que la Creación no es una modificación se aporta a un sujeto preexistente, en cuyo caso sí hay cambio, sino el hacer existir a la creatura sin materia alguna preexistente, por el solo Poder de Dios, expresado en su Palabra, como se ve en el Génesis: "Dijo Dios: Haya luz, y hubo luz".

En cuanto al argumento atribuido a Ayn Rand, que fuera de todo lo que existe no hay nada es obvio, el asunto es qué colocamos dentro de ese casillero de "todo lo que existe", y en particular, si entendemos que Dios es algo que existe o no.

Suponer que la totalidad de los entes finitos, digamos, es la totalidad sin más, para luego decir la obviedad de que fuera de la totalidad no hay nada, y concluir de ahí que por tanto no hay una causa de los entes finitos, es suponer justamente lo que se quiere demostrar: que Dios no se encuentra en la lista de las cosas que existen .

Es como si yo quisiese demostrar que los Viernes no existen y dijese que no existe un día de la semana que esté por fuera de la totalidad de los días de la semana (cosa obvia sin duda), que consta de los Sábados, Domingos, Lunes, Martes, Miércoles y Jueves (esto ya no es tan obvio :)).

Además de esto, hay una dificultad particular en el caso de Dios, porque el Infinito y el Absoluto no puede ser parte de nada, Él es la Totalidad del ser, a al cual nada se le puede agregar.

Pero no es la totalidad de los seres, ahí está la cuestión. Bossuet dice que "Dios no es más grande por haber creado el mundo", y es evidente, que en cuando al ser, la creatura no puede agregar nada a Dios.

Pero numéricamente, en cuanto a la cantidad de existentes que hay, sin duda, es mayor con la Creación que sin ella.

Ahí está el misterio de la participación de las creaturas en el ser, que procede de Dios. Dios ni pierde ni aumenta su ser al dárselo a las creaturas, de modo que lo único que aumenta es la cantidad de sujetos, por así decir, del ser, siendo así que sólo Uno lo posee en forma exhaustiva e Infinita, los otros solamente participan, limitadamente y en diversos grados, del ser.

Saludos cordiales.
23/06/20 1:00 AM
  
WALDEMIR GARCIA
Dios al revelarse sigue siendo Misterio inefable: "Si lo comprendieras, no sería Dios" (San Agustín, Sermones, 52,6,16: PL 38, 360)

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Pero dado que Dios se ha revelado, no es lo mismo que si no se hubiese revelado, como sucedería si la Revelación divina no nos trasmitiese ninguna verdad cierta sobre Dios.

Saludos cordiales.
23/06/20 6:06 AM
  
esron ben Fares
Si ud. tuviera que hacer una definición de bien. ¿Cuál sería?

Le pregunto, porque una vez me dijeron ¿qué es el bien?. Y no supé que definir, salvo que Dios es el Supremo Bien, que en la creatura es la posesión del bien debido. Pero mi respuesta suena redundante.

Muchas gracias de antemano, por su amable respuesta.

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Aristóteles define el bien como "aquello que todos apetecen", o sea, el objeto de algún apetito. La Escolástica, guiada por la fe cristiana, y también algo por el neoplatonismo, profundizó más y concibe el bien como lo que es perfectivo, o sea, capaz de perfeccionar de algún modo a un sujeto. Por eso es que el sujeto lo apetece.

Incluso si se trata de un bien aparente y no real, es apetecido porque aparenta ser perfectivo.

Y si es perfectivo, es porque es perfecto: no se da lo que no se tiene. Pero se es perfecto porque se está en acto y no solamente en potencia: el arquitecto perfecto es el que ya se ha recibido, no el estudiante de arquitectura.

Y como el acto fundamental es el ser, porque si no se es, no se puede tampoco ser bueno, ni nada en general, entonces algo es perfecto en la medida en que es en acto, y por eso dice la Escolástica que "todo ente es bueno" y que el mal no es un ente, sino una privación de ente, y por tanto, de bien, como digo en el "post".

Saludos cordiales.
23/06/20 6:06 AM
  
Alan
Una pregunta Nestor.

Cuando se habla de Dios como perfecto e inmutable, o que no cambia, ¿se refiere a todo el o solo a algunas cosas de el?
Quero decir, cuando Dios se enfada con el hombre y manda el Diluvio o las plagas para castigar las ofensas contra el o su pueblo elegido, ¿ha cambiado su estado de animo, su humor, o no?
Un ser realmente inmutable ¿no deberia serlo a todo y a todos? ¿no deberia carecer de sentimientos que pudieran modificarse? ¿no es un contrasentido que un ser perfecto e inmutable experimente amor, odio, ira, venganza..., igual que hacemos nosotros que somo imperfectos y mutables?

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Le aconsejo darle una nueva lectura al "post" con un poco de detenimiento. Efectivamente, Dios no cambia en modo alguno, todas las expresiones bíblicas que parezcan afirmar algún cambio en Dios, en la medida en que lo hacen, son metafóricas.

Desde toda la Eternidad Dios quiere inmutablemente que ciertos cambios se produzcan en las creaturas (no en Él) en ciertos momentos.

Saludos cordiales.
23/06/20 9:12 AM
  
Soledad
Voy a íntervenir, aunque la verdad el artículo me supera. Lo voy a hacer porque lo que voy a exponer se debatió, o mejor salió de refilon en otro blog y me tiene desconcertada.
Nestor, disculpe si lo expuesto es obvio o directamente una barbaridad.

Parto de que nos movemos en el plano metafísico, por lo que las palabras no tienen la connotación del lenguaje coloquial.

Dios es inmutable. Dios es acto puro. El mismo se define "Yo soy El que Soy". En el no hay potencia, ni accidentes. OK.
En nuestra relación con El jamás puede existir la posibilidad de que El sea sujeto y nosotros termino. Eso sería decir que Dios puede sufrir cambios, metafísica ente hablando, por nuestra relación con El. No se si es correcto el desarrollo y las palabras
Nosotros sí sufrimos esos cambios, como sujetos, por la acción divina. De hecho nuestras vidas son un constante volver al Padre. Burda la explicación?.Ver a los Santos, es el ejemplo práctico de esta relación y como el hombre es transformado.

En las relaciones humanas este cambio se da constantemente, hasta los bebés modifican su conducta para provocar un cambio en los padres y cuidadores.

Mi duda radica en qué no es "una relación real"., Confieso qué cuando lo leí me sonó a modernista,lo cual en labios de un escolástico es metafísica ente imposible. Tb. utilizar el ejemplo de que esta relación esta"en la mente."
Como una es corta y limitada en estos conocimientos filosóficos, pues me sonaba a inmanentismo.

Entiendo se utiliza estas palabras en el sentido que la relación no es la que podemos entender humanamente. Aunque Dios es Padre, provee, nos llama por nuestros nombres, conoce una a una a sus ovejas, e incluso nos lleva inscritos en su palma de la mano, El es el que Es, y nosotros no somos causa de ningún efecto en El.

Salía esto en relación al Dios cristianó, un Dios personal que actúa en nuestras vidas, que no está ausente,.... en comparación al islam.

El comentario es un poco tosco, lo lamento, me he tirado a la piscina sin saber nadar.
Agradeceria aclaraciones.

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La ausencia de relaciones reales que tengan a Dios como sujeto y a nosotros como término es la doctrina clásica y tradicional de la teología católica, por ejemplo de Santo Tomás de Aquino, por nombrar solamente al más grande.

"Reales" quiere decir ahí que existan independientemente de nuestro pensamiento. Lo que se dice es que las relaciones que pensamos como teniendo como sujeto a Dios y como término a las creaturas no existen fuera de nuestro pensamiento, al contrario de lo que pasa con las relaciones que nos tienen a nosotros como sujetos y a Dios como término, que esas sí son reales, es decir, existen con independencia de que las pensemos o no.

Así decimos normalmente que Julio César fue real y que Superman no es real.

Eso implica que Dios es Absoluto, o sea, Independiente de todo lo creado, y que todo lo creado depende de Él.

Aconsejo releer el "post".

Saludos cordiales.
23/06/20 1:18 PM
  
Frank
Néstor: eterno significa fuera del tiempo. La palabra correcta para un tiempo indefinido es perdurable. Boecio fue el primero que hizo la distinción. Lo que dice Santo Tomás de Aquino es que no hay contradicción en que el tiempo pudiera ser perdurable. Que el universo podría haber sido creado en un tiempo indefinido, o con un principio, y ambas cosas serían compatibles con una creación por parte de Dios. Así que no creo que santo Tomás se equivocase.

En cuanto al Big Bang, la ciencia actual no sabe si el tiempo empezó con él, o si había empezado antes. Por eso, entre otros motivos Georges Lemaître aconsejó al papa Pío XII que no identificara el Big Bang (su propia teoría) con la creación.

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En efecto, de las teorías físicas no se pueden sacar sin más conclusiones filosóficas, es decir, metafísicas.

Saludos cordiales.
23/06/20 6:29 PM
  
JSP
1. Señor Néstor, Dios cambia al entrar en la Historia, la Encarnación, al asumir la materia, pero al divinizarla, la Resurrección de la carne, no cambia. La eternidad es el no tiempo o infinitud temporal.
2. Si puede publicar un artículo acerca de ello y cómo lo explica Santo Tomás de Aquino.
3. La Física ya ha demostrado que la materia no es eterna, el universo no es infinito. El universo tiene un principio y un fin. Así, pues, el universo no tiene explicación si no es por la presencia de un Creador inteligente.

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Según nuestra fe, Dios, en su Naturaleza divina, es Inmutable (ver en el "post") y por tanto, no cambia, tampoco al entrar en nuestra historia.

Es cierto que por la Encarnación el Verbo de Dios tiene una naturaleza humana asumida en el tiempo, y según esa naturaleza humana suya, se pueden decir de Él cosas que no se pueden decir de Él según su naturaleza divina, por ejemplo, que padeció, que murió, etc, y que cambió, porque es claro que ir de Cafarnaum a Jerusalén, por ejemplo, es cambiar de lugar.

¿Puede decirse entonces que según su naturaleza humana el Verbo de Dios cambió al hacerse hombre? Parece que sí, porque esa misma Persona divina, existiendo desde siempre como Dios, comenzó a existir como hombre en un momento del tiempo, no según su naturaleza divina, sino, obviamente, según su naturaleza humana.

Pero ahí está justamente el problema, porque la naturaleza humana del Verbo de Dios no existía antes de ser asumida por Él, ya que la asumió en el mismo instante de su concepción. Y en todo cambio tiene que haber un antes y un después, pero el Verbo no existía en la naturaleza humana antes de asumirla.

Lo que sí hubo, según la naturaleza humana, en el Verbo de Dios fue un comienzo de existencia, es decir, el Verbo Eterno comenzó a existir en la naturaleza humana y según la naturaleza humana.

Es decir, todo cambio supone un antes y un después, pero según su Divinidad, el Verbo de Dios simplemente no cambia, y según su humanidad, no hubo en el Verbo de Dios un "antes" de la Encarnación misma.

El "no tiempo" y la infinitud temporal son cosas contrarias entre sí. La Eternidad es en todo caso lo primero, es decir, el eterno Presente indivisible, sin antes, sin después, sin pasado, sin futuro, y sin tiempo.

La explicación de Santo Tomás es la que he tratado de dar en el "post" y en las respuestas a los comentarios.

Como digo en la respuesta a otro comentario, no se pueden sacar sin más conclusiones filosóficas de las teorías físicas. Estas últimas sólo buscan englobar en una explicación coherente los datos disponibles. Eso siempre se puede hacer de muchas maneras. La explicación geocéntrica del movimiento de los astros era coherente.

Por eso mismo, las teorías físicas no pretenden llegar a las últimas causas y razones de las cosas, ni a la verdad, propiamente dicha, de la realidad, y por eso mismo son siempre reformables y en principio siempre puede formularse una teoría que sustituya a las actualmente vigentes.

En filosofía y en teología, en lo esencial, no es así. Se trata de saber qué es realmente lo que hay y cuáles son sus últimas causas o su explicación radical.

Por eso mismo, se busca la verdad, y se va necesariamente más allá de lo empírico, hacia lo metafísico.

Por ejemplo, el filósofo habla del universo material, de todo él, en su conjunto, mientras que la ciencia física de lo que suele hablar es del cosmos observable por nosotros.

El comienzo del mundo es algo metafísico que escapa a toda verificación empírica, porque para que haya experiencia ya tiene que haber comenzado a existir el mundo.

Lo mismo pasa con el comienzo del tiempo: sin tiempo no hay experiencia ni tampoco por tanto ciencia experimental. Y el tiempo mismo no puede haber comenzado en el tiempo, obviamente.

Saludos cordiales.
23/06/20 8:12 PM
  
Manu
"Dios no se entrega a nosotros mediante una relación suya con nosotros que lo tenga a Él como sujeto, sino inmediatamente, por Sí mismo, no como causa de la unión, que ésa es la gracia creada o gracia santificante, sino como término de la misma, y ése es el sentido de la inhabitación de la tres Personas divinas en el alma que está en estado de gracia."

No sé si he comprendido bien este texto, pero me parece que quiere que Dios no se comunica con el hombre, solo lo habita.

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Si por "comunicar" se entiende algo análogo al lenguaje, es obvio para el creyente que Dios se comunica con nosotros, pues nos envía su Palabra.

Pero por otra parte, la comunicación de Dios a nosotros no puede consistir en que quede borrada la diferencia sustancial entre Dios y nosotros, ni en que se produzca una mezcla entre el ser de Dios y el nuestro.

Ésa es justamente la cuestión: ¿cómo Dios se nos comunica permaneciendo distinto de nosotros?

No es el caso de la Unión Hipostática, porque ahí es claro que no hay distinción real entre Dios (el Verbo de Dios) y Jesucristo, ya que son la misma Persona.

Pero permaneciendo la diferencia sustancial, como es en nuestro caso, la única comunicación de Dios a nosotros pensable es por un don creado que afecta nuestra alma y nos pone a nosotros en relación con Dios de un modo nuevo, es decir, que genera en nosotros una relación real, también creada, a Dios que nos tiene a nosotros como sujetos y a Dios como término.

Y así también se puede entender la habitación de Dios en nosotros, que no es obviamente una cuestión local, sino que es este modo nuevo de estar Dios presente en nuestras almas por ese nuevo don, la gracia creada, que hay en ellas, que capacita a nuestras almas para realizar actos de conocimiento y amor que tienen como término inmediato a Dios mismo según su Divinidad, y no solamente en tanto que ser.

Saludos cordiales.
24/06/20 12:05 AM
  
Manu
San Juan nos dice que Dios es Amor, cuando dos personas se quieren se dice que tienen una relación de amor.
Sin embargo, según lo que usted expone, en el caso del Amor de Dios a los hombres no habría que pensarlo como una relación real.
La impasibidad divina impide a Dios establecer una relación real con el ser humano.
Los dones dados en la oración ya estaban previstos ser dados desde antes de todos los tiempos.
Esta forma de ver las cosas se asemeja mucho a la teoría de las mónadas de Leibniz.

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Cuando San Juan dice que Dios es Amor, está hablando de un amor que forma parte de la Esencia misma de Dios, y que por tanto, existiría igualmente aunque no hubiese Dios creado nada. Está hablando del Amor trinitario, y por tanto, de las Relaciones divinas que se identifican realmente con Dios mismo y que no tienen a las creaturas como término, porque son independientes de que haya creaturas o no las haya, sino que solo se tienen como términos unas a otras, y así se distinguen realmente, por su oposición relativa.

Libremente, por la Creación y Redención, Dios ha querido agraciarnos con una participación en ese Amor, y si miramos atentamente esa frase, vemos que ahí los únicos afectados y beneficiados somos nosotros, porque además las participaciones en el Amor divino sólo pueden darse en nosotros, no en Dios, y por eso, las únicas relaciones reales que surgen por ese hecho nos tienen a nosotros como sujetos y a Dios como término.

Esta forma de hablar se asemeja a muchas cosas, algunas verdaderas y otras falsas, como las vacunas se asemejan a los microbios y los perros del pastor a los lobos. En todo habría que precisar qué parte de la semejanza es errónea, si existe, que no, obviamente.

Saludos cordiales.
24/06/20 10:33 AM
  
Pedro Amate de Torrejon
Los judíos no creian en un Dios Uno y Trino. Los musulmanes tampoco. Para unos y para otros : Dios es Uno y no compare su Gloria con nadie más.

Jesús vino a desvelarnos el Misterio de Dios. Y no a complicarlo aún más .

" Creéis en Dios ? ; creed también en mi ."

" Muéstranos al Padre y nos basta "....." Quién me ha visto a mí ; ha visto al Padre "..... ....

El mensaje central de Jesucristo, fue el Reino de Dios : Un gobierno Teocrático. Ni Dios mismo ; puede gobernar el mundo Él Sólo. Todo gobierno humano requiere de la participación de muchas personas escogidas entre la gente. El Reino de Dios ; también.

Por ésto Jesús dijo después de muerto y resucitado : " Id por todo el mundo a predicar el Reino de Dios : En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo." En el Gobierno de Dios habrían de participar Tres Personas indisolublemente unidas por un Mismo Espíritu: Unos miembros de los otros ; y todos unidos por el Mismo Sentir, cómo un Sólo Cuerpo, cómo nos dice San Pablo. Un Sólo Señor y una Sola Fe .

San Pablo lo pone de manifiesto: " Un Sólo Dios , de Quién proceden todas las cosas . Un Sólo Señor , por medio del Cuál son todas las cosas . Y nosotros por medio de Él ".

Todas las " cosas " proceden de Dios .Todas las " cosas " de Dios , son a través de Jesucristo, o por medio de Jesucristo. Y todas las " cosas " del Padre y del Hijo ; son las mismas " cosas " de los demás gobernantes y ungidos por el Espíritu Santo ( los de la clase de San Pablo y demás Discípulos ). Apocalipsis : 14 .

Todos forman parte de la Misma Naturaleza Divina ; porque todos forman con Dios Padre : Un Mismo Cuerpo y un Mismo Espíritu. Jesucristo es el Primogénito entre muchos hermanos. Y todos han sido engendrados por Dios . Cristo lo fue directamente por Dios . Y sus demás hermanos ; por medio de Jesucristo.

" Los cuáles no han sido engendrados por voluntad de la carne ni por voluntad de varón alguno ; sino de Dios .

Todo ; así de Simple y Sencillo ; muy entendible para la gente sencilla. " Jesucristo es el Mismo que nació en Belén de Judea hace más de dos milenios ; y el Mismo por los siglos de los siglos ".

Dios no puede ser un " Misterio Inescrutable " . Más bien todo lo contrario ; tal y cómo nos lo reveló su Mismo Hijo por Dios Engendrado.

Un cordial saludo.

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Nada "forma parte" de la Naturaleza divina, porque Ésta no tiene ni puede tener partes, ésa es la Simplicidad divina.

Sólo el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tienen la Naturaleza divina, todo lo demás es creatura.

Por la gracia somos hechos partícipes de la Naturaleza divina, pero por eso mismo no la tenemos, porque Dios no participa de la Naturaleza divina, sino que la tiene en toda su simple e indivisible Plenitud.

Nuestro Señor vino a traernos algo infinitamente más grande que un miserable gobierno mundial: la vida eterna, la eterna comunión con las tres Divinas Personas por la visión sobrenatural de la Esencia divina.

Dios no es misterioso ni complicado en Sí mismo, pero para nosotros claro que es misterio, en esta vida, donde sólo podemos conocerlo mediante las creaturas, que quedan infinitamente por debajo de lo que Él es, y mediante nuestra inteligencia finita, limitada, que debe valerse para ello de los conceptos imperfectos que abstrae de las cosas dadas en nuestra experiencia.

Es cierto que Dios nos ha hablado por su Hijo, que no es una creatura, pero que para hablar con nosotros ha asumido una naturaleza creada, la cual tampoco nos proporciona, por tanto, la visión de la Naturaleza divina, que ha de constituir nuestra eterna felicidad en el Cielo si sabemos responder a la gracia y misericordia de Dios.

Saludos cordiales.
24/06/20 2:04 PM
  
Soledad
Nestor:
De todo lo expuesto por Vd en el "post" anterior, en este, y en los comentarios subsiguientes, y, dado que algunos ejemplos los consideraba inadecuados, releído el postt deduzco lo siguiente.

Sus explicaciones recurren al método analógico, pues sólo mediante estas representaciones y experiencias podemos representar los misterios de la fe. Me he permitido leer algo sobre el tema. Y este es un consejo de los Padres de la Iglesia :utilizar este recurso

Según Sto Tomás sabemos "lo que Dios no es, más que lo que El es".

Es imposible definirlo adecuadamente, por ello se hace de "manera analógica". Ni la mente, ni las palabras pueden definir la realidad de Dios.

Es verdad que cuando sacas una frase de su contexto llegas a deducciones temerarias como las mías. Términos como "relaciones reales", "mente", deben ser vistas desde este método utilizado por la metafísica.
Gracias por sus aclaraciones. He avanzado un poquito.

Saludos.

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Como digo en el "post", "analogía" no es lo mismo que "equivocidad", porque si bien el modo divino de las perfecciones divinas no podemos conocerlo en esta vida, sí podemos conocer que esas perfecciones se dan realmente en Dios y sacar las conclusiones que ello implique, las cuales resultarán válidas para el mismo ser de Dios en Sí mismo considerado y no solamente en relación a nosotros y a nuestro conocimiento.

O sea, que la analogía no fundamenta ningún agnosticismo teológico, si bien nos aparta también del antropomorfismo, al distinguirse también de la univocidad de los conceptos.

Saludos cordiales.
24/06/20 4:49 PM
  
Soledad
Interesante su respuesta. Esclarecedora. .
Al hacer referencia al antropomorfismo lo he asociado con los animalistas, que atribuyen a la conducta animal cualidades humanas.
Pienso que se trata de la misma posición, en este caso con el mundo animal. Por otra parte, las deidades mitológicas iban tb en esta línea. Muchas representacion de dioses, son animales con representación humana, o de hombres con "cualidades" divinas.


Se sale del artículo, pero es indicadora de la posición que podemos adoptar, en relación a los atributos de Dios o al analisis de una simple conducta animal.

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En efecto. En el caso de los animales, el antropomorfismo implica una especie de indebida promoción ontológica, en el caso de Dios, una indebida degradación ontológica. Pero siempre es antropomorfismo.

Saludos cordiales.
25/06/20 4:58 AM
  
esron ben Fares
Gracias por su anterior respuesta. Me quedó claro.

Me surgió las siguientes inquietudes:

1) Para realizar un acto necesitamos primero existir. ¿Cómo podemos hablar entonces de "acto de ser"? ¿No se necesita primero un "ser" que, luego o simultaneamente, realice un "acto"?

2) Los seres humanos podemos estar sentados (y potencialmente de pie) o estar de pie (y potenciamente sentados). ¿Ello implica que simultaneamente estamos en acto y potencia? Estar de pie y sentados es un imposible. No podríamos tener los dos actos juntos.

Gracias por su paciencia con este y otros principantes.
Que tenga un buen día.

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"Acto", en filosofía, significa tanto como "perfección", y se puede referir tanto a las perfecciones operativas, que usualmente llamamos "actos", "operaciones", o "acciones", como a las perfecciones entitativas, que constituyen el ser de las cosas, no su obrar. En ese sentido hablamos de "acto de ser".

No se puede estar en acto y en potencia al mismo tiempo respecto de lo mismo, pero sí respecto de cosas distintas, como el agua que no puede ser al mismo tiempo caliente en acto y caliente en potencia, pero sí puede mismo tiempo que es caliente en acto, ser fría en potencia, o viceversa.

Saludos cordiales.

25/06/20 6:24 AM
  
Alan
Nestor.

"Le aconsejo darle una nueva lectura al "post" con un poco de detenimiento."

Si con la lectura me hubiera quedado claro, no le habria preguntado.

"...todas las expresiones bíblicas que parezcan afirmar algún cambio en Dios, en la medida en que lo hacen, son metafóricas."

Si le entiendo bien, cuando se dice que Dios nos ama, que odia el pecado, que juzga, que castiga o perdona... ¿son metaforas?
Imagino que para usted el Diluvio, la destruccion de Sodoma y Gomorra o las plagas de Egipto, no son simples metaforas, son hechos historicos, ¿no?
La verdad es que para mi tiene bastante sentido que un ser inmutable carezca de cualquier sentimiento que le haga tomar decisiones en uno u otro sentido, lo que seria indudablemente un cambio. Lo mas parecido que se me ocurre seria un programa informatico que aplica algoritmos a los datos que recibe y genera deforma automatica una determinada salida en funcion de esos datos y de la aplicacion del algoritmo. El programa en si mismo no cambia, lo que cambian son los datos que le llegan y la respuesta a esos datos. Pero ahi no hay ningun tipo de sentimiento, en realidad el software no "sabe" si lo que da como salida a los datos recibidos le gusta o no, se limita a hacer lo que señala su codigo sin poder hacer otra cosa. ¿Podria ser Dios algo similar, un ser que se rige por algun tipo de algoritmos y que no experimenta ningun sentimiento sobre lo que responde a la informacion que recibe? esa seria la inmutabilidad perfecta ¿no cree?

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En cuanto que Dios ame, odie, juzgue, castigue o perdone, hay que ver en cada uno de esos casos cómo se aplican los criterios que expuse en el "post", y que se resumen así:

1) Ninguna perfección que en su concepto mismo implique imperfección, se afirma propiamente de Dios, eventualmente, puede afirmarse en forma metafórica.

2) En los casos de conceptos que se afirman de Dios metafóricamente, hay algo de esos conceptos que se afirma propiamente de Dios.

3) En los conceptos que significan afectos o virtudes, hay que distinguir la parte material, que tiene que ver con el cuerpo y la sensibilidad, y constituye lo propiamente "pasional", y la parte formal, que tiene que ver con la voluntad.

4) La parte material de esos conceptos no puede predicarse propiamente de Dios, eventualmente se podrá predicar, si cabe, en forma metafórica.

5) En lo que toca a la parte formal de esos conceptos, hay que distinguir el caso en que implica esencialmente imperfección, en cuyo caso no puede ser afirmada propiamente de Dios, eventualmente sí en forma metafórica, y el caso en que no implican esencialmente imperfección, en cuyo caso se afirman propiamente de Dios.

Asi, el amor se dice propiamente en Dios, por lo que tiene que ver con parte formal, que es la que se refiere solamente a la Voluntad divina. Querer el bien de otro, en efecto, no implica esencialmente imperfección alguna.

El odio se da también propiamente en Dios, referido al pecado, si se entiende al odio en su parte formal, en tanto que la Voluntad divina se opone radicalmente al pecado, en cuya oposición no hay nada de imperfecto, no si se lo entiende en cuanto a la conmoción sensible y pasional que el concepto de "odio" implica por su parte material, la cual sólo metafóricamente puede decirse de Dios.

Igualmente, el juicio se da propiamente en Dios, ya que la justicia es de suyo algo bueno que no implica en su concepto imperfección alguna.

Lo mismo sucede con el castigo, que es la aplicación de la justicia divina al pecado del hombre.

Y lo mismo sucede con el perdón, que no incluye en su concepto nada imperfecto.

Por eso nada impide que las plagas de Egipto, etc., sean hechos históricos, recordando además que todo lo que en esos hechos ha habido de imperfecto o de malo ha estado en la creatura, no en el Creador.

Las decisiones no proceden propiamente hablando de los sentimientos, sino de la voluntad iluminada por la inteligencia. Es cierto que los sentimientos como que solicitan ciertas decisiones de la voluntad, pero sólo a la voluntad le corresponde ceder o no a esas solicitaciones afectivas.

En un Ser, por tanto, que tenga Inteligencia y Voluntad pero no sentimientos, está todo lo necesario para que haya decisiones, tomadas en el sentido de libres elecciones de la Voluntad divina.

Tampoco es Dios asimilable al programa que Ud. menciona, porque Dios no depende de ninguna información externa para hacer sus libres elecciones, ya que por el contrario, todo lo que sucede fuera de Dios depende de la libre Voluntad divina, por vía de querer o de permisión.

Saludos cordiales.
25/06/20 10:50 AM
  
Manu
Según el padre Luis María Mendizábal, sacerdote jesuita que renovó en España la devoción al Corazón de Jesús:


"Las obras buenas son, pues, gozo de Dios, llegan al Corazón de Dios.
Lo mismo podríamos notar cuando el Señor afirma: Si alguno me ama, mi Padre le amará y Yo le amaré. Y vendremos a él, y haremos nuestra morada en él.
La respuesta de amor llega al Padre. Si al Padre no le importara o no le llegara, no correspondería con ese amor, no se enteraría si quiera de la respuesta del hombre.
Tenemos, pues, el aspecto de las obras buenas que son gozo de Dios. Es algo para nosotros incomprensible, pero real. Aquí suele surgir inmediatamente un razonamiento teológico: Dios es necesario, Dios es inmutable, Dios no necesita de las criaturas. Todo eso es absolutamente verdad. Es así. Es así. Pero no confundamos nunca ese Dios
inmutable entendido en su sentido metafísico, con la connotación psicológica de inmutable. Una cosa es la inmutabilidad como realidad de acto puro y otra es que presentemos esa realidad como actitud psicológica de Dios, como si esto comportara una visión fría de la realidad: Es el hombre que contempla inmutable una desgracia. Y esto
parece que es lo que ponemos en Dios.
¿Cómo se unen esa inmutabilidad metafísica con ese amor tan sensible a la respuesta del hombre? Esto para nosotros es un enigma, como es un enigma Dios. Pero ahí debemos apoyarnos en la revelación. Y en la revelación esto está claro, nos habla del gozo de Dios, dentro de lo que recalca la infinitud de Dios. En el fondo lo que no comprendemos es el
amor infinito. Ahí está la cuestión última. Por eso no comprendemos la fe en un amor infinito, porque es infinito precisamente en el amar.
Y vamos ya al segundo aspecto, todavía quizás más difícil para nosotros: El pecado llega a Dios, llega al Corazón de Cristo. En lugar de decir: Dios sufre por el pecado; decimos: el pecado llega al Corazón de Dios, le ofende verdaderamente, personalmente".

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Presupongo que estamos hablando siempre de Dios según su Naturaleza divina, porque es claro que según su naturaleza humana, es decir, por la Encarnación, la Segunda Persona de la Trinidad puede ser afectada, sufrir, morir, etc.

En ese sentido, es decir, según la Naturaleza divina, nada puede ser causado en Dios, porque lo que es causado recibe algo de su causa, y por tanto, depende de ella, cosa que Dios, Suma Perfección del ser, totalmente Incausado, no le compete, así como tampoco estar en potencia para algo, que es propio de todo lo que recibe algo.

El mismo Amor divino por las creaturas no es causado por la bondad que hay en ellas, sino al contrario, es la causa de esa bondad creada, como dice Santo Tomás en Ia, q. 20, a. 2:

"Dios ama todo lo existente. Pues todo lo existente, por existir, es bueno; ya que el mismo ser de cualquier cosa es bueno, como también lo es cualquiera de sus perfecciones. Ya se demostró anteriormente que la voluntad de Dios es causa de todo. Así, es necesario que algo tenga ser o algún bien en tanto en cuanto es querido por Dios. Por lo tanto, Dios quiere algún bien para cada ser existente. Por eso, como amar no es más que querer el bien para alguien, resulta evidente que Dios ama todo lo existente.

Sin embargo, no ama como nosotros lo hacemos. Pues, como nuestra voluntad no causa la bondad de las cosas, sino que es movida por ella como por el objeto, nuestro amor, por el que queremos el bien para alguien, no causa su bondad. Sino que sucede al revés, es decir, su bondad, real o aparente, provoca el amor por el que queremos que conserve el bien que posee y alcance el que aún no tiene, y en orden a ello obramos. Pero el amor de Dios infunde y crea la bondad en las cosas."

Es decir, Dios no ama las cosas creadas porque son buenas, sino que son buenas porque Dios las ama, y para que sean buenas, las ama. El amor divino por las creaturas no es efecto de la bondad de las creaturas.

Ahora bien, el gozo supone el amor, porque es la alegría por la posesión del bien amado, y en Dios no se distingue realmente del Amor divino, sino sólo con distinción de razón, por la Simplicidad divina.

Por tanto, tampoco corresponde que el gozo en Dios sea causado por el bien de las creaturas.

No decimos que no haya gozo en Dios en relación al bien de las creaturas, sino que no es efecto de ese bien, sino que es realmente idéntico con aquello que es causa de todo bien creado: el Amor divino a las creaturas.

Y que por tanto, ese bien creado no afecta de ningún modo a Dios ni supone en Dios ninguna relación real que tenga a Dios como sujeto y a las creaturas como término.

Por lo que toca a la "psicología", la Inmutabilidad divina sólo exige aquella "psicología" según la cual las creaturas no afectan de ningún modo a Dios según su Naturaleza divina.

Es cierto que "inmutabilidad" no quiere decir "indiferencia" ni "frialdad", pero tampoco es compatible con ser afectado del modo que sea.

Dios no es un enigma, es un Misterio, y el Misterio nunca es contradictorio ni absurdo, como lo sería el hecho de que el Inmutable fuese afectado del modo que fuese.

En cuanto a conocerlo todo y "enterarse" de todo, Dios conoce todas las cosas conociéndose exhaustivamente a Sí mismo, y por tanto, también a todo lo que puede crear, pero de hecho no crea, o puede crear, y de hecho crea por un libre decreto de su Voluntad, o no crea, pero permite con su Voluntad que exista, como sucede con el pecado del hombre.

Es decir, tampoco recibe Dios de las creaturas el conocimiento que tiene de ellas.

Simplemente que tenemos que recordar que Dios es distinto de nosotros, evitando todo antropomorfismo. En nosotros no es posible no ser indiferente sin ser afectado de ningún modo, en Dios sí.

Y ni siquiera significa eso que Dios sea "raro", somos nosotros los que venimos después y somos creados, y los que en todo caso, entonces, somos "raros".

Saludos cordiales.
25/06/20 2:13 PM
  
Federico María
“Fray Tomás ha hablado por boca de Néstor”.
Gracias, Néstor: excelente, como de costumbre.

Algunas preguntas…

1. “Al actualizarse, la potencialidad no deja de existir”. Pero, ¿se puede decir que en el nivel físico, como nociones explicativas del movimiento (y no como constitutivos de los entes finitos), potencia pasiva y acto se excluyen? (Algo de eso dicen Melendo, Alvira y Clavell).

2. Respecto de la relación real de dependencia en el ser, que constituye la creación misma, desde lo creado, ¿cuál sería el sujeto? Es decir, si la creación es esa relación, supondría de alguna manera un sujeto, de alguna manera previo, al menos quoad nos; pero dicho sujeto sería creado, y entonces supondría la relación real de dependencia en el ser… Y el fundamento de dicha relación no puede ser la acción divina en sí misma, que es el mismo Dios: ¿cuál es entonces?

3. Respecto de la inhabitación trinitaria, ¿habría que “añadir” entonces a la gracia habitual, como entitativamente distinta de ella, una relación que tenga por término a Dios mismo según su Divinidad, o no? ¿Y podría decirse que dicha relación puede tener por término a las divinas Personas separadamente consideradas?

4. Respecto de las operaciones de Jesucristo: las divinas, como ad extra de Dios, serían comunes a las tres divinas personas, ¿no? ¿Y las humanas? Se atribuyen a la persona del Verbo, que es la que subsiste en la naturaleza humana…, pero su ser o entidad (de las operaciones) es creado por Dios en cuanto uno. Ergo, ¿cómo hay que entender esa atribución al Verbo?

Muchas gracias

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¡Muchas gracias!

Respecto de lo primero, hay que distinguir ente la potencia no actualizada, por la cual el ente se dice estar "en potencia", y la potencia actualizada, respecto de la cual el ente en cuestión está "en acto".

Lo que es imposible, ciertamente, es estar en acto y en potencia a la vez respecto de lo mismo, pero de ahí no se sigue que la potencia actualizada ya no sea más una potencia, si bien el ente ya no está más en potencia por lo que a ella respecta.

Se entiende, quiero decir, que la potencia y el acto sigan siendo realmente distintos aun cuando estén unidos.

En cuanto al movimiento, según Aristóteles es "el acto del ente en potencia, en tanto que en potencia", así que más bien lo que excluye es la total ausencia de potencia pasiva, que es cuando el movimiento ha terminado.

En cuanto a lo segundo, el ente creado es posterior a la creación activamente tomada, que es la acción divina que se identifica realmente con Dios mismo, por la Simplicidad divina, no es posterior a la creación pasivamente tomada, que es la relación real de dependencia de la creatura respecto del Creador, la cual supone su sujeto como todo accidente, si bien, según dice Santo Tomás en Ia, q. 45, a. 3, ad 3um, tiene cierta prioridad en cuanto al objeto al que se refiere, que es Dios, principio de la creatura.

En cuanto a la inhabitación trinitaria, por lo que dice Santo Tomás (Ia, q. 43, a. 3) parece que son suficientes la gracia santificante y los consiguientes actos sobrenaturales de conocimiento y amor de la creatura racional que tienen a Dios como objeto. La relación real fundada en la gracia santificante es la filiación divina adoptiva.

De todos modos esos mismos actos sobrenaturales de conocimiento y amor que pone la creatura vivificada por la gracia santificante, como toda entidad creada, dicen relación real de dependencia al Creador.

En cuanto a la atribución al Verbo Encarnado de las acciones humanas por Él realizadas, no depende de la Causa de dichas acciones en el ser, que es toda la Trinidad, como sucede con todo lo que tiene ser "ad extra" de Dios, sino de la Persona que asume la naturaleza humana y que por tanto es Sujeto Personal de esas acciones, que es la Segunda Persona de la Trinidad.

Saludos cordiales.
25/06/20 7:38 PM
  
Jorge
Estimado Néstor

No es verdad que "...toda parte, por eso mismo, es limitada, porque es menor que el todo..."

En las series infinitas de partes, es posible que las partes sean iguales al todo.

Así mismo, es posible tener conjuntos infinitos unos mayores que otros.

Por otro lado "...En un supuesto ente infinito formado por una infinidad de partes finitas, limitadas e imperfectas serían infinitas las limitaciones y las imperfecciones..." ¿quiere decir que las imperfecciones de las partes se "agregan" al todo, y le imprimen sus limitaciones e imperfecciones en modo infinito?.

Las limitaciones de las partes no son las limitaciones del todo. Las limitaciones que un órgano, tejido o célula puedan tener, no hacen infinitas las limitaciones del organismo que conforman. Las limitaciones que los números primos puedan tener de no ser divisibles, no se trasladas al conjunto de los números pares o impares que incluso son capaces de generar.

Finalmente, que Dios sea Simple e Inmutable, no se opone a que sus criaturas siempre descubran una "Buena Nueva" al conocerlo, dada su absoluta infinitud.

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El problema con las series numéricamente infinitas es que nunca están dadas en acto, y el único contenido real que puede tener su concepto es la posibilidad de aumentar siempre en una unidad una serie cualquiera, de modo que no existe un número que sea el mayor de todos, pero siempre todo número ha de ser finito.

Por lo que respecta a todo ello, la parte es siempre menor que el todo.

Pero incluso en las series infinitas de Cantor, por más "igual" que la parte sea al todo, el caso es que el todo tiene algo que a ella le falta, por ejemplo, la serie de los números naturales incluye a los pares, que faltan en la serie de los impares, así que ya por ese lado esa parte es limitada.

Las limitaciones de las partes siempre afectan al todo de algún modo.El tamaño de un organismo, por ejemplo, depende del tamaño de sus órganos, y no puede ser mayor que la suma de los tamaños de todas sus partes constitutivas, de modo que siendo esas partes finitas en número y limitadas cada una de ellas, el tamaño total del organismo también será limitado.

Pero si las partes, supongamos, son infinitas, y limitada cada una de ellas, es claro que habrá allí infinitos límites, y que esos infinitos límites se comunicarán al todo, pues las partes no dejan de ser limitadas ni se vuelven cada una de ellas infinita por el hecho de formar parte del todo.

Por ejemplo, si existiese una tela de superficie infinita formada por la costura de una infinidad de trozos de tela cada uno con un agujero en el centro, esa tela infinita tendría infinita cantidad de agujeros.

Y si se lograse reunir una infinita cantidad de ciegos, se obtendría una multitud a la vez infinita y ciega.

Obviamente que la Inmutabilidad de Dios no implica que nuestro conocimiento de Dios no pueda aumentar con el tiempo, ya que Dios no existe solamente ni ante todo en nuestra mente, y nuestro conocimiento por otra parte es limitado, y se da progresivamente en el tiempo. Supuesto, eso sí, que cada nuevo conocimiento nuestro acerca de Dios no contradiga a un conocimiento nuestro anterior acerca de Dios.

Saludos cordiales.
26/06/20 5:19 AM
  
sofía
Me parece muy interesante que reconozca que "la Inmutabilidad de Dios no implica que nuestro conocimiento de Dios no pueda aumentar con el tiempo" y que "nuestro conocimiento por otra parte es limitado, y se da progresivamente en el tiempo."

Pero me gustaría hacer una puntualización respecto a lo que dice a continuación: "Supuesto, eso sí, que cada nuevo conocimiento nuestro acerca de Dios no contradiga a un conocimiento nuestro anterior acerca de Dios."
Eso se referirá al conocimiento cierto que tengamos de Dios por haber sido declarado dogma revelado y/o razonado; pero de lo que no ha sido declarado dogma, aunque el filósofo esté convencido de que su deducción racional es la única posible, podría muy bien descubrirse con el tiempo que su deducción no era la única posible, y que hay otras soluciones diferentes a las que él propone. Mientras la Iglesia no se defina no hay por qué admitir lo que al filósofo le parece un conocimiento cierto hasta el día de hoy.

Por eso creo conveniente que aunque el filósofo esté convencido de que las cosas son como él ha deducido, señale siempre con claridad qué es doctrina cierta de la Iglesia que forma parte del cuerpo dogmático y qué no lo es.
No basta que el teólogo considere que es un error en teología no aceptar sus deducciones, a pesar de que la Iglesia no las haya explicitado nunca. El tiempo podría demostrar lo contrario.

Los filósofos, incluso si son teólogos, incluso si son santos, no son infalibles y su teología puede contener inexactitudes y errores. Es más, incluso en casos en que lo que dicen es cierto, su forma de presentarlo puede inducir a error al creyente común.

El cristianismo es para la gente sencilla. No quiero decir con esto que no crea conveniente utilizar la razón para llegar a Dios ni que no se pueda llegar a conocer ciertas cuestiones con la razón, pero el misterio de Dios no puede ser reducido a lo que la razón abarque y la razón puede abarcar mañana más que hoy y también descubrir los errores de hoy. Errores, nunca en dogma, pero sí en filosofía y teología.

En todo caso no es teóricamente imposible que lo que no parece un error hoy, a la luz de nuevos conocimientos pueda considerarse un error mañana. Mientras no sea un dogma, no hay problema.

Si Jesucristo expresó las verdades sobre Dios de una determinada manera, esa será la manera segura de presentarlas a los creyentes, se trate de metáforas o no. La Iglesia recurre en el catecismo a las escrituras y al dogma, nada más.

Saludos cordiales.

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"lo que no ha sido declarado dogma, aunque el filósofo esté convencido de que su deducción racional es la única posible, podría muy bien descubrirse con el tiempo que su deducción no era la única posible, y que hay otras soluciones diferentes a las que él propone."

El hecho ese que en ese caso esas deducciones no habrán constituido nunca "conocimiento" alguno. El conocimiento falso es un falso conocimiento. Por eso es que jamás un nuevo conocimiento puede estar en contradicción con un conocimiento anterior.

En cuando al pensamiento deductivo, si vamos a aceptar el principio que dice que ninguna deducción, por evidente que parezca, puede generar certeza, porque siempre podrá ser que en el futuro alguien demuestre que tal deducción no es concluyente, a pesar de que en el presente a nadie se le ocurre nada ni remotamente parecido a una demostración como esa, entonces simplemente nos quedamos sin ciencia deductiva y sin certeza deductiva alguna.

La deducción misma carecería de sentido, porque luego de las deducciones más evidentes, de todos modos habría que suspender el juicio.

En realidad, eso equivale a negar el valor del conocimiento deductivo, al negarle su capacidad para conducir a la certeza.

Una postura así no es católica, porque la Iglesia ha valorado siempre la razón y ha definido incluso como dogma de fe que la razón puede conocer con certeza la existencia de Dios a partir de las cosas creadas, o sea, deductivamente.

El cristianismo no es solamente para gente sencilla, sino para todos. Sería herejía, en efecto, decir que Nuestro Señor murió en la Cruz sólo por los sencillos y no por todos los hombres.

Saludos cordiales.
27/06/20 1:40 AM
  
Manu
Otro tipo de conocimiento en la Iglesia es el simbólico, el cual debe integrarse con el analítico-deductivo.
San Buenaventura es un ejemplo de ello, además advertía del peligro que tenía para la Iglesia el racionalismo filosófico.

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Pues a la hora de recomendar un Doctor Común para la Iglesia, los Papas han elegido a Santo Tomás, no a San Buenaventura.

Cito algunos pasajes de la carta "Lumen Ecclesiae", de Pablo VI, de 1974:

"13. Al realizar la obra cumbre del pensamiento medieval, Santo Tomás no se encontraba solo. Antes y después de él, otros muchos doctores ilustres trabajaron en la misma dirección: entre ellos hay que recordar a San Buenaventura —de cuya muerte se celebra también el VII centenario, pues falleció el mismo año que Santo Tomás—, a San Alberto Magno, Alejandro de Hales y Duns Scoto. Pero sin duda Santo Tomás, por disposición de la divina Providencia, puso el remate a toda la teología y filosofía “escolástica”, como suele llamarse, y fijó en la Iglesia el quicio central en torno al cual, entonces y después, ha podido girar y avanzar con paso seguro el pensamiento cristiano."

"Nuestro predecesor Pío XI alabó este realismo ontológico y gnoseológico, en un discurso pronunciado a los jóvenes universitarios, con estas significativas palabras: “En el Tomismo se encuentra, por así decir, una especie de Evangelio natural, un cimiento incomparablemente firme para todas las construcciones científicas, porque el Tomismo se caracteriza ante todo por su objetividad; las suyas no son construcciones o elevaciones del espíritu puramente abstractas, sino construcciones que siguen el impulso real de las cosas... Nunca decaerá el valor de la doctrina tomista, pues para ello tendría que decaer el valor de las cosas

"La Iglesia, para decirlo brevemente, convalida con su autoridad la doctrina del Doctor Angélico y la utiliza como instrumento magnífico, extendiendo de esta manera los rayos de su Magisterio al Aquinate, tanto y más que a otro insignes Doctores suyos. Lo reconoció nuestro predecesor Pío XI, al escribir en la Encíclica Studiorum Ducem: “A todo el mundo cristiano interesa que esta conmemoración centenaria se celebre dignamente, porque honrando a Santo Tomás no sólo se manifiesta estima hacia él, sino que se reconoce también la autoridad de la Iglesia docente"."

Es claro que no estamos ante una muestra de racionalismo papal.

Saludos cordiales.
27/06/20 2:16 PM
  
Néstor
Por otra parte, no deja de ser paradójico el querer apoyarse en la Trascendencia divina para defender en definitiva el antropomorfismo. Es decir, pretender que Dios sea tan inefable que al final podamos decir que cambia, igual que decimos de los entes mundanos. Con el argumento de que el cambio en Dios no tiene porqué significar lo mismo que entre nosotros, o sea, que no tiene porqué ser, en definitiva, cambio.

Por eso hay que distinguir entre la analogía propia y la impropia o metafórica. Si en Dios falta alguna de las notas esenciales de un concepto, la analogía no es propia, sino metafórica. La analogía propia es cuando todas las notas esenciales del concepto se dan en Dios, pero según un modo divino que no podemos conocer en esta vida.

Es esencial a la noción del "cambio" que al ente que cambia siempre le falte algo, o lo que ya no tiene, o lo que aún no tiene pero va a tener. Al ente que todavía no es un perro pero va a llegar a serlo, le falta lo propio del perro, y al que era un perro pero ahora es un gato, también.

Sin eso no se puede pensar cambio alguno, porque donde no se adquiere nada ni se pierde nada, es obvio que no hay ninguna novedad, y por tanto, no hay cambio.

Y ese faltar algo no puede darse en Dios, porque a Dios, por definición, no puede faltarle nada, nunca.

Por tanto, el cambio en Dios sólo puede ser metafórico, y si se pretende que sin metáfora alguna hay en Dios un cambio según el cual a Dios nunca le falta nada, entonces simplemente se está jugando con la palabra "cambio" en forma equívoca, igual que si se dijese que hay un cuadrado que tiene nada más que tres lados.

En realidad, lo correcto, si aceptamos que Dios es Trascendente, es no extrañarnos demasiado si en algunas cosas es distinto de nosotros, por ejemplo, en el hecho de que Dios no cambia.

Y lo mismo vale para el tema de la inexistencia de relaciones reales que tengan a Dios como sujeto y a la creatura como término.

Saludos cordiales.
27/06/20 5:49 PM
  
Néstor
En cuanto al gozo que hay en Dios, me parece que se debe explicar de este modo: En Dios hay un Gozo eterno, porque el gozo es la alegría consiguiente a la posesión del bien amado, y Dios posee eternamente su propia Bondad infinita, y eternamente se alegra de ello.

Esa alegría divina eterna es consiguiente al conocimiento que Dios tiene de su Bondad infinita y de su identidad real con ella.

El conocimiento que Dios tiene de su Bondad, que es idéntica a su Esencia, es exhaustivo, es el conocimiento por el cual Dios se conoce perfectamente a Sí mismo, y por tanto, también a todo lo que puede crear, aunque no lo cree, y a lo que crea libremente.

Porque en ese conocimiento exhaustivo e inmediatamente evidente que Dios tiene de Sí mismo se incluye conocer su capacidad creadora, y también conocer la actualización de esa capacidad creadora por el libre acto "ad extra" de la Creación y la Redención, cuyo término creado son las creaturas, agraciadas con los bienes que eterna y libremente Dios ha querido concederles, que así forman parte también del objeto del conocimiento divino, y por tanto, del objeto del gozo divino: no en tanto que son distintos de Dios, sino en tanto que son participaciones de la Bondad divina.

En el caso del gozo divino por los bienes creados, Dios se goza en su Bondad infinita, en tanto que realmente idéntica al libre decreto divino de comunicar una participación de esa Bondad a las creaturas. En ese libre decreto de su Voluntad Dios conoce los bienes creados y por ese conocimiento se goza en ellos.

Por tanto, en concreto, Dios se goza en su Bondad infinita, considerada en Sí misma, y también en tanto que es libremente comunicada a las creaturas, y ése es el sentido de la expresión evangélica que dice que hay alegría en el cielo por cada pecador que se arrepiente, por ejemplo, puesto que el arrepentimiento es una gracia que Dios concede al pecador, que brota del tesoro infinito de la divina Bondad.

Esas expresiones no significan por tanto una causalidad de las creaturas sobre Dios, sino al contrario, como siempre, una causalidad de Dios sobre las creaturas.

Saludos cordiales.
27/06/20 6:42 PM
  
Manu
San Buenaventura no se refería tanto al Tomismo como al Aristotelismo independizado de la fe.

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Exacto. Las tesis que defendemos aquí son de Santo Tomás de Aquino.

Saludos cordiales.
27/06/20 6:51 PM
  
Federico María
Muchas gracias por las aclaraciones, Néstor.
Y continúo... En cuanto a la Encarnación, las acciones humanas de Jesucristo, Verbo encarnado, dependen en el ser de Dios Creador, en cuanto uno, como todo ente finito: eso está claro. Pero se atribuyen como a su sujeto (como a principio quod) a la Persona del Verbo, que es la que precisamente subsiste en la naturaleza humana de Jesucristo (naturaleza de la que proceden como de principio quo). Entonces, existiría alguna relación entre dichas acciones y la persona del Verbo, en virtud de la cual se las atribuimos. ¿Pero en qué consiste dicha relación? En una persona creada se podría decir quizá que la persona es la causa (segunda) de sus operaciones, ¿no? Pero aquí la Persona es increada…, y no podría ser causa segunda, ni primera (en cuanto realmente distinta del Padre y del Espíritu Santo). ¿Cuál es entonces la relación que guardan dichas operaciones con la persona del Verbo? Es decir, ¿es una relación real o no (desde las operaciones, pues es claro que del Verbo a ellas sólo habría una relación de razón)? Asimismo se atribuye a dichas operaciones humanas, en razón del Supuesto divino, un valor infinito…; ergo, la Persona del Verbo parecería "poner algo" en ellas, al revestirlas de dicho valor. Le agradeceré lo que pueda aclararme.

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En ese tema se toca el modo de unión entre las naturaleza divina y la humana en la Encarnación, donde hay que evitar ante todo el error de Nestorio, según la cual la unión entre ambas naturalezas es accidental, pues se trataría de la unión entre dos personas distintas, el Verbo y Jesús, y el error de los monofisitas, que dice que la unión es esencial o natural, pues habría mezcla de las dos naturalezas, o absorción de la naturaleza humana por la divina.

La fe católica sostiene que es una unión personal, hipostática, hecha en la Persona del Verbo de Dios, que existiendo desde la Eternidad en la Naturaleza divina, asume en el tiempo la naturaleza humana, para ser el único sujeto personal de ambas naturalezas realmente distintas entre sí, de modo que en Cristo hay una Persona divina que por la Encarnación es también humana, pero no hay una persona humana.

A partir de aquí, se plantea la cuestión de qué es lo que le falta entonces a la naturaleza humana de Nuestro Señor para ser una persona humana, y ahí viene la célebre discusión entre las escuelas católicas.

Fijándonos nada más que en los tomistas, se dividen en esto en dos grupos: unos dicen que lo que le falta a la naturaleza humana de Nuestro Señor es un "modo sustancial" que completa normalmente a las naturalezas humanas haciéndolas sustancias y personas. Otra dice que lo que le falta a la naturaleza humana del Señor es un acto de ser creado, que es lo que completa normalmente a las naturalezas humanas haciéndolas sustancias y personas, pues la naturaleza humana de Cristo subsiste solamente por el Acto de Ser divino en tanto que poseído por el Verbo de Dios.

Recordar que en el tomismo la esencia o naturaleza finita es potencia para el acto de ser, que la actualiza en la línea del ser y la existencia.

Esto lo digo, porque todos señalan que lo esencial de la unión hipostática no es una relación entre la naturaleza humana y el Verbo de Dios, porque así se correría el riesgo de pensar en una unión accidental, como la que defendía Nestorio. Sino que lo esencial de la unión hipostática estaría dado, en el caso de estos últimos al menos, por esa actuación de la naturaleza humana de Jesucristo por el Acto de Ser propio de Dios.

Hecha esta salvedad, todos reconocen que la Encarnación comporta una relación predicamental, accidental, real, de la naturaleza humana del Señor a la Persona del Verbo, en forma análoga a como la creación, según dije en otros comentarios, comporta una relación real de la creatura al Creador.

Dice Santo Tomás en IIIa, q. 2, a. 2, hablando de si la unión hipostática es algo creado.

"La unión de que venimos hablando es una relación entre la naturaleza divina y la humana, en cuanto conjuntadas en la persona del Hijo de Dios. Pero, como ya queda dicho, toda relación entre Dios y la criatura es real en la criatura, porque aquélla se origina de una mutación operada en ésta, mientras que en Dios tal relación es de razón y no real, porque no se origina en Dios en virtud de ningún cambio. Por tanto hay que decir que la unión de que hablamos no es real en Dios, sino de razón. En cambio, sí que es real en la naturaleza humana, porque ésta es una criatura. En consecuencia, es preciso decir que la unión es algo creado."

Cito un texto del Card. Billot, traducido, que hace una aclaración interesante:

"Por esta comunicación [del Acto de Ser divino a la naturaleza humana de Cristo] surge una relación que propiamente hay que decir que está en la naturaleza humana: una relación real a toda la Trinidad como a la Causa Eficiente de la unión, y una relación al solo Verbo como al término al cual ha sido hecha la unión". (De Verbo Incarnato, 1927, p. 160).

En efecto, todas las acciones divinas "ad extra" son comunes a toda la Trinidad, y lo mismo hay que decir de los efectos creados de esas acciones, en tanto que efectos, y por eso en esos casos las relaciones reales que surgen en las creaturas tienen a toda la Trinidad como término, pero otra cuestión es cuando se habla de la naturaleza humana de Cristo no como efecto creado, sino como asumida personalmente por el Verbo de Dios: ahí la relación real que hay en la naturaleza humana del Señor tiene por término solamente al Verbo, y se distingue realmente, por tanto, de la otra relación real de la que hablábamos antes.

Lo "único" que "pone" en este caso la Persona del Verbo es nada menos que ser el Sujeto personal de la naturaleza humana, de sus acciones y de sus pasiones. No hay que olvidar que según la Escolástica "actiones sunt suppositorum", es decir, las acciones (y las pasiones) son de los sujetos o supuestos. De ahí se desprende obviamente el valor infinito que esas acciones tienen en tanto que acciones humanas del Verbo divino.

Saludos cordiales.
27/06/20 8:46 PM
  
Alan
Como jugador de ajedrez no soy una maravilla precisamente, pero estoy seguro de que si me dejan establecer mis propias reglas del juego seria capaz de vencer a cualquiera, maestros humanos e IA incluidas.
Digo lo anterior por la respuesta que me ha dado usted, Nestor. La llamo respuesta, pero en realidad parece mas un manual de instrucciones de que y como se deben tratar los atributos divinos y cuando hay que interpretar los textos biblicos como metaforicos y cuando no. Por supuesto que esta usted en todo su derecho para delimitar los terminos del debate y asegurarse que solo se dira lo que usted de por bueno, es una forma de garantizarse tener la razon, pero no es lo que esperaba, la verdad.

"Tampoco es Dios asimilable al programa que Ud. menciona, porque Dios no depende de ninguna información externa para hacer sus libres elecciones, ya que por el contrario, todo lo que sucede fuera de Dios depende de la libre Voluntad divina, por vía de querer o de permisión."

No solo lo sigo viendo asimilable a un software, es que ademas su respuesta me confirma que no es usted capaz de refutarme.
En primer lugar un software no necesita forzosamente de input externos, puede utilizar sus propios datos para realimentarse sin necesidad de incorporarlos desde el exterior. Pero, por otra parte, si todo lo que sucede fuera de Dios depende o bien de su querer o de su pemision, estamos en lo mismo. Si es su querer es una decision volitivia que le sirve para realimentar esa misma decision u otras que dependan de ella. Si se trata de su permision, aun peor, permite algo y al permitirlo recibe el input de que ese algo sucede, o no, lo que interviene en sus decisiones sobre lo que ha sucedido, o no.
O eso, o todo esta preestablecido y es tan inamovible como el propio Dios suponen ustedes que es, y, por tanto, da lo mismo lo que hagamos, pensemos o dejemos de hacer, nuestro destino ya esta decidido por la inmutabilidad divina y no somos mas que marionetas que creen poder decidir y tener libertad, pero es solo una fantasia.
Otra opcion seria que Dios no recibe ninguna informacion sobre su creacion y por lo tanto no toma ningun tipo de decisiones que tengan que ver con lo que hace o dejar de hacer su obra. Pero ese dios no creo que sea en el que creen ustedes, seria un dios que ni esta ni se le espera ya que da lo mismo si existe o no, a los efectos de nuestra propia existencia.

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En realidad ahí no he establecido regla alguna, como no establezco regla alguna cuando le explico a alguien cómo mueven el caballo o la torre. Simplemente, parece que esa persona quiere jugar al ajedrez, y hay que explicarle el juego, que no lo he inventado yo, ciertamente.

Y en el caso de Dios, las reglas no fueron inventadas por nadie, sino que dependen de lo que Dios es, tal como lo podemos conocer por la fe y por la razón.

Dios es Inmutable. Eso quiere decir que en Dios no hay decisiones nuevas, más aún, por la Simplicidad divina el acto libre de la Voluntad divina se identifica realmente con la Esencia divina Inmutable.

Es solamente en el término creado de ese acto que se dan la novedad, la mutabilidad, la contingencia, etc.

La Libertad divina es tan grande, que Dios no necesita ni siquiera cambiar el acto de su Voluntad para que cambien los efectos creados del mismo.

Para Dios no hay ningún "input" de origen externo. Y el único "input" interno es el conocimiento eterno y exhaustivo que Dios tiene de su Esencia y por tanto, incluido en ese mismo conocimiento de la Esencia divina, también el conocimiento de todo lo que Dios puede crear o hacer y de lo que de hecho crea o hace "ad extra", es decir, de las creaturas de hecho existentes.

Dicho conocimiento divino, como todo lo que hay en Dios, se identifica, por la Simplicidad divina, con el mismo Dios Eterno e Inmutable.

Por otra parte, si Dios permite algo, sin quererlo ni causarlo, ese algo sucede. Porque si no sucediese, es porque algo lo habría impedido, alguna causa habría que diese razón de porqué no sucedió tal evento permitido por Dios.

Pero Dios es la Causa Primera, de la cual dependen todas las otras causas, y entonces, en última instancia habría sido Dios el que habría impedido ese evento, y entonces, nos salimos de la hipótesis, que es que Dios ha permitido que eso ocurra.

Eso no quita la contingencia de lo creado ni la libertad de nuestras opciones. Dios es "tan" Omnipotente, que cuando Él quiere que algo sea contingente, infaliblemente lo es, y cuando quiere que algo sea libre, infaliblemente lo es.

Y ninguna contingencia ni libertad es más real y menos fantástica que la que depende nada menos que de la Omnipotencia divina.

Ahí sí que nos enfrentamos a algo que no puede hallarse en un programa informático: el Misterio de lo que nos trasciende infinitamente.

Saludos cordiales.
29/06/20 12:53 PM
  
Manu
Usted ha dicho antes:
"Pues a la hora de recomendar un Doctor Común para la Iglesia, los Papas han elegido a Santo Tomás, no a San Buenaventura".

Sin embargo, San Juan Pablo ll recomienda también y con toda decisión la filosofía de los pensadores del diálogo:

"Y lo que Santo Tomás definía como "actus essendi" con el lenguaje de la filosofía de la existencia, la filosofía de la religión lo expresa con las categorías de la experiencia antropológica.
A esta experiencia han contribuido mucho los filósofos del diálogo, como diría Martín Buber o el ya citado Levinas. Y nos encontramos ya muy cerca de santo Tomás, pero el camino no pasa tanto a través del ser y de la existencia como a través de las personas y de su relación mutua, a través del yo y el tú. Ésta es una dimensión fundamental de la existencia del hombre, que es siempre una coexistencia".

(Del libro: "Cruzando el umbral de la esperanza")

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No hay comparación posible entre los repetidos pronunciamientos oficiales de los Papas a favor de Santo Tomás de Aquino y unas reflexiones privadas de un Pontífice en un libro de entrevistas.

Hasta en el Código de Derecho Canónico dice que los aspirantes al sacerdocio deben estudiar la teología "magistro Sancti Thomae", bajo el magisterio de Santo Tomás.

Respecto de lo que dice Juan Pablo II en ese pasaje, por lo menos tal como suena en esa cita aislada, no hay forma de que el "actus essendi" se pueda reducir a la experiencia, y ése es justamente el problema con la filosofía fenomenológica.

Una cosa es lo que soy, y otra cosa mi experiencia de lo que soy. Es obvio, pero señalemos nada más que sigo siendo y existiendo en sueño o coma profundo, sin experiencia alguna.

Reducir las cosas a la experiencia que tenemos de ellas es caer en el inmanentismo, donde el sujeto nunca entra en contacto en realidad con nada distinto de él mismo, porque su experiencia es parte de lo que él es.

Seguramente Juan Pablo II entendió, al decir eso, que nuestra experiencia incluye la apertura al ser objetivo de las cosas.

Pero incluso así entendida, la idea es ambigua, porque nuestro conocimiento del ser objetivo de las cosas tampoco se identifica con ese ser objetivo de las cosas.

No hay más remedio que partir del ser objetivo sin más, porque además, fuera del ser sólo "hay" el no ser, que desgraciadamente, no es.

El ser, el ente, más precisamente, no es un punto de partida opcional del pensamiento humano, como algo que está en el escaparate de un supermercado.

Es el objeto de nuestra inteligencia, de modo que nunca vamos poder partir de otra cosa, en realidad, sino del ente.

Y eso la filosofía occidental lo sabe desde Parménides, por lo menos: "El ente es, el no ente, no es. No saldrás de este pensamiento".

Sin ente no hay personas, ni yo, ni tú, ni diálogo, ni nada. Es decir, "hay" el no ente, que como su nombre lo indica, no es.

Saludos cordiales.
29/06/20 11:57 PM
  
Federico María
IHS

Muchas gracias, Néstor, nuevamente y grandemente.

1. Le pido entonces, por favor, corrija lo que sigue, si no es correcto, o haga las precisiones que hagan falta: La terminación de la naturaleza humana de Jesucristo por la subsistencia relativa del Verbo divino, que es término de la unión, causada por toda la Santísima Trinidad, es la que constituye la unión hipostática y por tanto al único Sujeto en Jesucristo en cuanto hombre. Y por ende las acciones humanas de Jesucristo, como su misma naturaleza humana, se referirían al Verbo no con dependencia en el ser (que así se refieren a Dios en cuanto uno y creador, como todo ente finito), sino por terminación hipostática, pero aquí al nivel operativo (“operari sequitur esse”), lo cual permitiría atribuírselas… Quizá lo que puede obstaculizar la comprensión, en el caso de las operaciones humanas de Jesucristo, es compararlo con el orden natural, pues en una persona creada sus acciones no sólo se le atribuyen (a dicha persona) en cuanto sujeto o supuesto, sino que son producidas o causadas por la misma, en la línea de la causalidad segunda, cosa que aquí no se daría.

2. Y a partir de lo que dice sobre las diferentes posiciones dentro del tomismo, añado otra consulta: el P. Manuel Cuervo (en las introducciones al Tratado del Verbo Encarnado de la Summa (III, qq. 1-26), critica con firmeza y con bastante fundamento, a mi humilde entender, la posición que pretende fundar el constitutivo metafísico de la persona en la línea del esse, y asimismo (consecuentemente con dicha posición) la unión hipostática en la comunicación del Esse divino... No me voy a alargar en los argumentos, que Ud. los conoce mucho mejor que yo, tanto los filosóficos como los teológicos, y los de autoridad (i.e., cuál es el verdadero pensamiento de Santo Tomás al respecto). Asimismo, coincide con el P. Garrigou-Lagrange (quien sostiene que es incluso la posición de Capreolo), y Cuervo cita en su favor a Cayetano, Juan de Santo Tomás, Báñez, del Prado, y critica por ello al card. Billot, que es partidario de la otra línea. Asimismo Cuervo remarca las graves consecuencias que implicaría sostener la otra posición, i.e., situar el constitutivo de la subsistencia y de la unión hipostática (que van de la mano) en la línea del acto de ser. Los argumentos de los PP. Garrigou-Lagrange y Cuervo, parecen muy firmes y convincentes…, y las referencias a Santo Tomás, muy claras. ¿A Ud. qué le parece?
Muchas gracias.

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Entiendo que el Verbo termina a la naturaleza humana de Cristo no solamente en el plano operativo, sino ante todo en el de la subsistencia, que es entitativo, no en la línea esencial, sino en la personal o hipostática. Y que el Verbo, junto con toda la Trinidad, es causa de los actos humanos de Nuestro Señor Jesucristo, con la diferencia de que además el Verbo es Sujeto personal de los mismos. El Verbo de Dios no puede ser causa segunda de esos actos, ni éstos necesitan o pueden tenerla, porque son actos de una Persona divina.

En cuanto al tema del constitutivo formal del "suppositum" y por tanto, de la persona, merece todo un tratamiento aparte. A mí también me hacen fuerza los argumentos de los que sostienen que consiste en un "modo sustancial" que completa a la naturaleza humana "antes" (prioridad lógica, no temporal) de que sea apta para recibir el acto de ser, que es la tesis de Cayetano y los otros autores que Ud. menciona.

Saludos cordiales.
30/06/20 6:04 PM
  
Alan
"En realidad ahí no he establecido regla alguna, como no establezco regla alguna cuando le explico a alguien cómo mueven el caballo o la torre."

Si explica las reglas del juego, establece como ha de jugarse con independencia de quien sea el autor de las reglas.

"Y en el caso de Dios, las reglas no fueron inventadas por nadie, sino que dependen de lo que Dios es, tal como lo podemos conocer por la fe y por la razón."

O sea que las reglas, segun usted, forman parte de Dios, sin El no habria reglas y ¿sin reglas no habria Dios?
Lo de conocer por fe es obvio que no se me aplica, pero lo de por la razon, ahi disiento, ¿conoce usted a alguien que sepa lo que Dios es, lo cual implica que cree en su existencia, solo con la razon, es decir que no tenga fe? yo no, y supongo que no querra usted decir que quienes no creen carecen de capacidad de raciocinio y que esta va inseparable de la fe ¿no?

"La Libertad divina es tan grande, que Dios no necesita ni siquiera cambiar el acto de su Voluntad para que cambien los efectos creados del mismo."

Esta frase, disculpe, no significa nada o, por lo menos, nada que sea inteligible.

"Para Dios no hay ningún "input" de origen externo. Y el único "input" interno es el conocimiento eterno y exhaustivo que Dios tiene de su Esencia y por tanto, incluido en ese mismo conocimiento de la Esencia divina, también el conocimiento de todo lo que Dios puede crear o hacer y de lo que de hecho crea o hace "ad extra", es decir, de las creaturas de hecho existentes. "

Si en Dios hay input , internos o externos, es que hay un instante en que se dan y no antes ni despues, asi que Dios por accion voluntaria o por permision hace o permite que algo suceda. Pero para permitir algo, debe conocer de ese algo para poder permitirlo, lo cual, se ponga usted como se ponga, implica un cambio. Lo mismo valdria para el juicio de Dios sobre nuestros actos: o nos juzga y decide nuestra pena o premio o no hay juicio real y esta todo predeterminado sin que podamos hacer nada para evitarlo, ergo jaque mate al libre albedrio que no seria mas que una fantasia nuestra.
Si llevamos sus argumentos al extremo, la conclusion es que si Dios es inmutable, nunca hubo un instante en que "decidio" crear el Mundo, al hombre, etc... siempre existieron, o eso, o Dios tuvo que decidir la creacion y decidir es hacer una eleccion entre las posibles y eso es un cambio, antes de tomar la decision y despues de haberla tomado. Qu para Dios todo sea un presente eterno (signifique eso lo que quiera significar, si es que realmente significa algo), no cambia nada.

"Dios es "tan" Omnipotente, que cuando Él quiere que algo sea contingente, infaliblemente lo es, y cuando quiere que algo sea libre, infaliblemente lo es."

Otra frase que parece decir mucho pero que realmente no dice nada.
¿En serio no ve usted que la mayoria de sus respuestas no responden a las cuestiones que le planteo? se limitan a darle vueltas al lenguaje, a las autocitas y a peticiones de principio que no explican nada. Entiendo que para un creyente sobre y baste, pero para quien no lo es no tienen ningun significado real, no proporcionan respuestas.
Es como esto: " el Misterio de lo que nos trasciende infinitamente",
gradilocuente lo es, eso se lo reconozco, pero, ¿que significa realmente? ¿que Misterio (con mayusculas)? ¿tiene usted alguna prueba de que algo nos trascienda infinitamente o solo es una cuestion de fe (no de la razon, por supuesto)? como no creo que su comentario se refiera a la energia/materia que seria la, por ahora, mejor y unica candida para ser eterna (aunque no infinita, en lo referente a la cantidad de ella que pueda existir), he de suponer que no dispone usted de esa prueba y que, como en la mayoria de sus comentarios, asume que lo que es logicamente correcto, imaginable y conforme a su fe se hace, por arte de Dios, no solo posible, se hace real sin mas requisitos.

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Cuando se objeta contra la afirmación de la existencia de Dios o de sus atributos tratando de demostrar contradicciones e imposibilidades en dichas afirmaciones, la respuesta se reduce muchas veces a decir que esa contradicción sencillamente no puede demostrarse. Y eso, junto con la efectiva imposibilidad en que se encuentra el adversario para proporcionar la demostración de esas contradicciones, basta para responder a esa clase de objeciones.

Con eso no se demuestra que Dios exista o que la fe cristiana es verdadera, porque las objeciones no apuntaban a eso, sino a afirmar una imposibilidad, y es a eso a lo que se responde. Donde no hay contradicción, no hay imposibilidad, y donde no puede demostrarse la contradicción, no puede afirmarse la imposibilidad.

En la idea del "input", por ejemplo, podemos distinguir dos cosas: el estar en posesión de cierta información, y el haber comenzado a estarlo. Es claro que lo esencial es lo primero, porque el contenido de la información no cambia por el hecho de haber comenzado a existir o no. En Dios tenemos lo primero, no lo segundo.

Más claramente aún: del concepto de "poseer cierta información" no puede deducirse "haber comenzado a poseerla". Y eso es todo. Porque para que las afirmaciones sean verdaderamente incapaces de excepción, deben ser estrictamente universales, y para eso, es necesario que se pueda mostrar que su negación es contradictoria, por ejemplo, deduciendo el predicado del sujeto. Cosa que no puede hacerse en el caso mencionado.

No puede hacerse, y es fácil hacer la prueba, porque en todo intento de demostración de ese tipo se termina asumiendo precisamente lo que se quiere demostrar.

Concretamente, este condicional:

"Si en Dios hay input , internos o externos, es que hay un instante en que se dan y no antes ni despues"

no puede ser demostrado sin incurrir en círculo vicioso.

El fundamento último de todas las reglas del lenguaje sobre Dios es Dios mismo, como es lógico, porque el modo de hablar acerca de una cosa depende de lo que esa cosa es. De hecho, el fundamento de las reglas que expuse es la infinita Perfección divina, que exige que los predicados que le atribuimos, tomados de nuestra experiencia de las creaturas finitas e imperfectas, sean purificados de toda imperfección para poder ser afirmados con verdad de Dios.

Igualmente, tampoco se puede deducir "cambio" de "elección libre", sin presuponer lo que se quiere demostrar, y por tanto, la afirmación de una elección libre, eterna e inmutable en Dios tampoco puede ser tachada de contradictoria e imposible.

Este otro condicional:

"si Dios es inmutable, nunca hubo un instante en que "decidio" crear el Mundo, al hombre, etc... siempre existieron"

tampoco puede ser demostrado. Es decir, de la eternidad del acto creador divino no se puede deducir la eternidad del mundo creado por Dios. Repetir esa tesis no es demostrarla.

Y tampoco se puede demostrar que la proposición "Dios hace en forma omnipotente e infalible que elijamos libremente" sea contradictoria.

Ahora, saliendo del tema de las imposibilidades, sobre las pruebas filosóficas de la existencia de Dios tengo algunos "posts" ya publicados aquí.

Saludos cordiales.
02/07/20 11:54 AM
  
Manu
"Respecto de lo que dice Juan Pablo II en ese pasaje, por lo menos tal como suena en esa cita aislada, no hay forma de que el "actus essendi" se pueda reducir a la experiencia, y ése es justamente el problema con la filosofía fenomenológica".

Reseñar que Juan Pablo ll no dice que el "actus essendi" se pueda reducir a experiencia.
Tan solo indica que la filosofía del diálogo muestra un camino de búsqueda disrinto al del Tomismo, pero no contradictorio.
Piense que también se podría decir que el Tomismo reduce el conocimiento de Dios a experiencia lógica objetiva obtenida a través de sus categorías filosóficas aristotélicas. Como usted bien sabe, a Dios no lo podemos enclaustrar en un conjunto de proposiciones lógicas.
En cualquier caso el libro de las moradas de Santa Teresa es un ejemplo de experiencia diálogica, pues habla de los distintos tipos de oración por los que pasa un alma hasta la Unión con Dios.
El libro de los Ejercicios de San Ignacio también se podría decir que es un libro de discernimiento dialógico.
Hay que diferenciar experiencia psicológica de experiencia espiritual, aunque es verdad que, a veces, se dan a la vez. Este asunto lo explica muy bien San Juan de la Cruz en Subida al Monte Carmelo.

Saludos cordiales

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Lo que dice Juan Pablo II en el texto que Ud. ha traído a colación, no es lo que Ud. dice ahora, sino precisamente lo que dice en ese texto. Si citamos con aprobación a un autor, es lógico que nos atengamos a lo que el autor dice en el texto que citamos.

Lo importante de la lógica no es la "experiencia lógica", sino el nexo objetivo entre los conceptos y las proposiciones. Y las categorías de la lógica no son "aristotélicas", como la circulación de la sangre no es "harveística".

Como dice Santo Tomás: "El estudio de la filosofía no es para saber lo que los hombres dijeron, sino cuál sea la realidad de las cosas".

No se trata de enclaustrar a nadie, sino de saber si determinadas proposiciones sobre Dios son verdaderas o no, y si se puede saber que lo son o no lo son, o no se puede.

De eso se trata en toda filosofía o teología que trate acerca de Dios.

La filosofía y la teología no son la espiritualidad ni la oración, y viceversa. De nuevo, es intelectualismo del malo el identificarlas.

Saludos cordiales.
04/07/20 6:32 PM
  
Manu
"La filosofía y la teología no son la espiritualidad ni la oración, y viceversa. De nuevo, es intelectualismo del malo el identificarlas".

Yo no las identifico, solo compruebo que la filosofía diálogica manifiesta una gran sintonía con la espiritualidad y la oración.
También decir que no estoy en contra del Tomismo, todo lo contrario.
Mi posición es que no es bueno que el Tomismo sea tomado con exclusividad como el único sistema filosófico y teológico del cual deba nutrirse la Iglesia.
San Juan Pablo II y Benedicto XVl han puesto en valor pensadores contemporáneos no exclusivamente Tomistas.
Por ejemplo en la Encíclica Fides et Ratio viene:

"La fecunda relación entre filosofía y palabra de Dios se manifiesta también en la decidida búsqueda realizada por pensadores más recientes, entre los cuales deseo mencionar, por lo que se refiere al ámbito occidental, a personalidades como John Henry Newman, Antonio Rosmini, Jacques Maritain, Étienne Gilson, Edith Stein y, por lo que atañe al oriental, a estudiosos de la categoría de Vladimir S. Soloviov, Pavel A. Florenskij, Petr J. Caadaev, Vladimir N. Losskij. Obviamente, al referirnos a estos autores, junto a los cuales podrían citarse otros nombres, no trato de avalar ningún aspecto de su pensamiento, sino sólo proponer ejemplos significativos de un camino de búsqueda filosófica que ha obtenido considerables beneficios de la confrontación con los datos de la fe".

Saludos cordiales

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La Iglesia no dice que el tomismo sea el único sistema filosófico aceptable, dice que es el preferido, nada más.

Ahora bien, eso quiere decir que en la Iglesia se puede seguir otros sistemas filosóficos distintos del tomista. No quiere decir que alguien pueda seguir más de un sistema filosófico a la vez, porque eso es imposible, por contradictorio.

Lo que no dice la Iglesia, lo tienen que decir necesariamente el tomista, el suareciano, el escotista, etc: que su sistema filosófico es el más verdadero de todos.

Obviamente que no pueden tener todos razón, y de ahí la necesidad de la discusión filosófica y teológica en la Iglesia, como se hizo ejemplarmente en la Escolástica medieval.

Ciertamente, a mí me parecería una verdadera pena, y un empobrecimiento innecesario, ingresar en esa gran discusión filosófica y teológica armado con algo menos que con el grandioso sistema tomista.

Porque además, aquí pasa algo parecido a lo que sucede con la economía, que es la ciencia, dicen, de los bienes escasos: nunca nos va a sobrar nada en el intento de conocer la verdad. No estamos, por tanto, para rebajas.

Saludos cordiales
05/07/20 5:15 PM
  
Ecclesiam
Ya que se habla de la relación entre el saber y la contemplación, cito un texto del libro Hechos de los Apóstoles de América del padre José María Iraburu, que habla de una parte de la vida de san Luis Bertrán, religioso dominico:

"En sus primeros tiempos de religioso, no acertó fray Luis a dar a su vida una forma plenamente dominicana. Tan centrado andaba en la oración y la penitencia, que no atendía suficientemente a los libros, «porque le parecía que los estudios escolásticos eran muy distractivos». Muy pronto el Señor le sacó de esta equivocación, haciéndole advertir el engaño, y fray Luis tomó para siempre el estudioso camino sapiencial de Santo Tomás, convencido ya de que el demonio «suele despeñar en grandes errores a los que quieren volar sin alas, quiere decir, contemplar sin saber». En adelante, San Luis Bertrán, como buen dominico, unirá armoniosamente en su vida oración y penitencia, estudio y predicación".

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¡Ah, la sabiduría dominicana y católica!

Gracias y saludos cordiales.
05/07/20 7:56 PM
  
Alan
Nestor, dice usted:

" Donde no hay contradicción, no hay imposibilidad, y donde no puede demostrarse la contradicción, no puede afirmarse la imposibilidad. "

¿Quiere decir que para usted no hay contradiccion en que el origen de la materia sea un ser inmaterial? Desde luego el salto de fe es muy grande, y ya que tampoco puede usted demostrar lo que dice, esta en una situacion identica a la que dibuja para quienes, segun usted, son incapaces de demostrar contradicciones en la existencia de Dios y sus atributos (cosa que tampoco demuestra, lo de que no hay contradiccion digo, ya que no vale ni es suficiente con decirlo o querer que el lenguaje se use con las restriccones que a usted le parezcan idoneas para llegar a parecer que tiene razon.
Ademas, lo de que donde no hay contradiccion no hay imposibilidad, encaja sin problemas en los debates filosoficos, metafisicos y teologicos, pero no en el mundo real que experimentamos, ni en el conocimiento que tenemos de lo que es posible y lo que no con las leyes fisicas de nuestro Universo.
Se lo pondre con un ejemplo:
Si digo que A es un circulo y que A es tambien un cuadrado, es evidente que incurro en una contradiccion que hace que A no sea posible.
Si digo que A es un señor de Cuenca que mide 450 metros de altura y que A es tambien un señor de Cuenca que pesa 3000 kilogramos, como no hay contradiccion, usted asume que no hay imposibilidad en lo que digo, ¿en serio, esa es su vision de las cosas?

El resto de su respuesta es una acumulacion de "excusas" para derivarlo todo a lo que yo no puedo demostrar, eludiendo que usted esta es el mismo caso, no puede demostrar nada de lo que afirma. En cambio yo no afirmo, le hago ver lo que, para mi y muchos otros, son contradicciones e imposibles, aunque usted las niegue sin dar una sola prueba del porque lo hace (y digo "prueba" no afirmaciones sin contrastar ni autoreferencias que no demuestran nada), y ante eso le pido que, siendo usted el que afirma, aporte pruebas, ya sabe lo de la carga de la prueba...
Si en el estudio del mundo tuvieramos que aceptar, como en un tribunal de justicia, que la ausencia de prueba no es prueba de ausencia, tendriamos que dar por posible todas la majaderias que se le puedan ocurrir a cualquiera, mientras no sean contradictorias por supuesto, por contrarias que fueran a todo lo conocido e imposibles desde las leyes que lo rigen.

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La única imposibilidad absoluta es la que procede del principio de no contradicción. Porque esa es la imposibilidad "en todos los mundos posibles". No es lo mismo que la imposibilidad natural, porque tampoco implica contradicción un mundo con leyes naturales muy distintas de las nuestras, y en un mundo así, muchas cosas que en el nuestro son imposibles, no lo serían.

Por ejemplo, la proposición "el agua hierve a los 222 grados" no implica contradicción. En nuestro mundo es imposible, pero eso solo no es una imposibilidad absoluta.

En la frase "el origen de la materia es un ser inmaterial" no hay tampoco contradicción, al menos, habría que demostrarla, porque no es inmediatamente evidente, como lo sería si dijese "la materia es inmaterial" o "el origen de un mundo que no tiene origen".

Recordar que la contradicción es la afirmación y negación del mismo predicado respecto del mismo sujeto, al mismo tiempo y en el mismo sentido.

Sin duda que la contradicción no tiene porqué ser siempre explícita, puede ser implícita, como en el concepto de "mayor número primo", pero entonces, hay que explicitarla, es decir, hay que demostrar que hay contradicción.

Obviamente que en estos últimos casos la carga de la prueba recae en el que afirma que algo es contradictorio.

En nuestro tema, la situación es ésta: tengo dos o tres "posts" en este portal sobre las pruebas filosóficas de la existencia de Dios. A eso se objetan, entre otras cosas, diversas supuestas imposibilidades que se seguirían de aceptar la conclusión de esas pruebas. Es claro que los que afirman esas imposibilidades son los que las tienen que demostrar.

No se trata de aceptar sin pruebas algo porque no se puede probar que sea contradictorio, sino de que no se puede rechazar una tesis diciendo simplemente que es contradictoria.

Y le voy diciendo desde ya la razón por la cual la demostración de la contradictoriedad no es posible respecto de lo que afirmamos sobre Dios: porque esa afirmación de contradictoriedad se basa siempre en extrapolaciones injustificadas de nuestra experiencia, cuando algunos datos empíricos se adhieren ilegítimamente a las puras exigencias conceptuales, que son las únicas que se debe tener en cuenta cuando se quiere probar que una tesis goza de universalidad estricta.

En efecto, como le decía, sólo es estrictamente necesaria y universal aquella afirmación cuya negación implica contradicción, y eso implica a su vez que el predicado de esa proposición se deduce necesariamente del sujeto de la misma.

Porque entonces, afirmar el sujeto es afirmar implícitamente el predicado, y por tanto, al negar ese predicado se cae en contradicción.

Pero para eso, el predicado debe seguirse necesariamente del mero sujeto de la frase, no de nada que en algunos casos se agrega al sujeto y en otros no.

Y entonces, el sujeto debe ser pensado en su puro concepto, sin adherencias empíricas contingentes que sin embargo a nosotros, por la costumbre, nos parezcan formar una sola cosa con el concepto del sujeto mismo.

En la práctica, el criterio es sencillo: ver si se logra deducir el predicado del sujeto sin incurrir en petición de principio.

Saludos cordiales.
06/07/20 10:39 AM
  
Alan
"En la frase "el origen de la materia es un ser inmaterial" no hay tampoco contradicción, al menos, habría que demostrarla, porque no es inmediatamente evidente..."

Bueno, recuerdo haberle leido lo de que nadie da lo que no tiene, o algo muy parecido, asi que lo hago extensivo al caso, lo inmaterial no puede crear lo material. Apuesto a que me podra usted responder con una larga enumeracion del porque lo anterior no es aplicable a Dios, dadas sus caracteristicas (que no son evidentes ni inmediatamente ni a largo plazo, al menos para mi y muchisimos mas) y atributos tan ad hoc.

"La única imposibilidad absoluta es la que procede del principio de no contradicción. Porque esa es la imposibilidad "en todos los mundos posibles". "

Se lo puedo aceptar, pero entonces debemos aceptar tambien que cualquier cosa que no sea logicamente contradictoria es posible en alguno de "los mundos posibles", lo que me llevaria a plantearle a usted si eso supone que acepta usted la posibilidad de los multiversos que barajan algunos fisicos, con todas las connotaciones que ello implica y que no favorecen precisamente la idea de un dios creador en los terminos en los que el cristianismo lo presenta. O eso o nos quedamos en la pura especulacion metafisica donde podemos divagar sobre casi cualquier cosa que se nos ocurra.

"No se trata de aceptar sin pruebas algo porque no se puede probar que sea contradictorio, sino de que no se puede rechazar una tesis diciendo simplemente que es contradictoria."

Lo mismo le digo, no se trata de aceptar sin pruebas algo solo porque no sea contradictorio, si usted afirma, volviendo al primer parrafo, que un ser inmaterial puede ser el creador de todo lo existente, que es material, es usted quien debe aportar alguna prueba de como es eso posible. Si no lo sabe o no tiene pruebas de lo que cree saber, entonces su argumento no pasa de ser una especulacion si base.

"Y le voy diciendo desde ya la razón por la cual la demostración de la contradictoriedad no es posible respecto de lo que afirmamos sobre Dios: porque esa afirmación de contradictoriedad se basa siempre en extrapolaciones injustificadas de nuestra experiencia,..."

Es lo mismo de antes, si para Dios no vale ni nuestra experincia ni nuestra Ciencia, es lo mismo que decir que ni sabemos ni podemos saber nada cierto de El, si todo eso lo hace ademas indemostrable, lo que nos queda no difiere en nada de lo que es perfectamente licito considerar como inexistente.

"En la práctica, el criterio es sencillo: ver si se logra deducir el predicado del sujeto sin incurrir en petición de principio."

Igual no tenemos el mismo concepto de lo que es "peticion de principio", para mi es esto, se lo pongo en sus propias palabras:

"Dios es "tan" Omnipotente, que cuando Él quiere que algo sea contingente, infaliblemente lo es, y cuando quiere que algo sea libre, infaliblemente lo es."

Ahi hay, al menos, dos peticiones de principio. Una dar por cierta la existencia de Dios y la otra dar por cierto que, si existe, es omnipotente, sin que se demuestra ninguna de las dos.

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Sin duda, el que afirma que lo inmaterial puede producir lo material debe probarlo, y el que dice que eso es imposible, debe probarlo también.

No se da lo que no se tiene, pero resulta que la materia, de suyo, es pura potencia para la forma, que es su acto, y por tanto, un ente inmaterial no es menos actual, sino más actual, más perfecto, que un ente material.

Lo que está en potencia en cuanto tal es imperfecto, y lo imperfecto es menos, no más, que lo perfecto, o sea, el ente en acto.

Al crear seres materiales, Dios no da lo que no tiene, sino que da infinitamente menos de lo que constituye su perfección como Acto Puro, sin potencia pasiva alguna.

Y todo lo que en un ente material es acto y perfección, en Dios se da en forma eminentísima y libre de toda potencialidad e imperfección.

Habitualmente se piensa que la materia es lo "sólido", pero resulta que lo que tiene de sólido lo tiene de la forma sustancial, que la actualiza, no por sí misma.

En efecto, todo lo que una gacela, por ejemplo, tiene de "sólido" lo recibe de algo que ya no existe más cuando la materia de la gacela ha sido asimilada por el león.

Por eso es que en nuestra experiencia nunca encontramos "materia" sin más, sino siempre madera, piedra, carne, hojas, agua, etc. O sea, materia ya actualizada por alguna forma sustancial.

Y es que ése es el significado de la palabra "materia": aquello de lo que se hace algo, y que por lo mismo, está en potencia para eso que se hace con ella.

Dios es Inmaterial porque es Acto Puro, sin potencia pasiva alguna, y por eso mismo, infinitamente más actual y "sólido" que los entes materiales.

Y antes que me diga que esto es una petición de principio, le recuerdo que estoy solamente respondiendo a su objeción, que consiste en afirmar una imposibilidad, y que para demostrar que algo no es imposible no hace falta demostrar que existe.

En cuanto a los "multiversos", habría que especificar qué se quiere decir con ese término. Efectivamente, son posibles, si no implican contradicción. De todos modos, cualquier conjunto de seres materiales, compuestos de acto y potencia, queda siempre infinitamente por debajo de Dios, Acto Puro de Ser, al cual le cuesta exactamente lo mismo, o sea, nada, crear el universo material que sea.

Nuestro conocimiento no se agota en la experiencia ni en la ciencia experimental. Ninguna de las dos, en efecto, nos puede demostrar que no existe el mayor número primo, por ejemplo, y en general, ninguna proposición verdadera cuya negación sea contradictoria necesita ni de la experiencia ni de la ciencia experimental para ser conocida por nosotros.

En cuanto a esta afirmación:

"Dios es "tan" Omnipotente, que cuando Él quiere que algo sea contingente, infaliblemente lo es, y cuando quiere que algo sea libre, infaliblemente lo es."

de nuevo erra Ud. el punto. Ud. había dicho que es imposible conciliar la Inmutabilidad y la Omnipotencia de Dios con nuestra la libertad. O sea, de nuevo la afirmación de una imposibilidad, para responder a la cual no hace falta demostrar la existencia de nada.

Cuando se habla de imposibilidades, es suficiente manejarse con hipótesis. Alguien dice "tal hipótesis es imposible", y el otro le dice "demuéstrelo". Si el primero da algún argumento, y el segundo le demuestra simplemente que ese argumento no concluye, la hipótesis sigue sin ser rebatida, que es lo que pretendía el que inició la discusión.

Por otra parte, como ya le dije, ya he expuesto la demostración de la existencia de Dios en otro "post" aquí mismo.

Saludos cordiales.
09/07/20 10:55 AM

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