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31.12.04

687 - ESPAÑA: UNIONES HOMOSEXUALES: MONEDA FALSA

ESPAÑA: UNIONES HOMOSEXUALES: MONEDA FALSA.

Fuentes: Propias y Nota de la Conferencia Episcopal, 30-12-04. (Vid. 655, 656, 670, 672, entre otros).

El gobierno socialista español aprobó ayer, 30 de diciembre, el anteproyecto de ley que será enviado al parlamento. El anteproyecto pretende equiparar al matrimonio las uniones entre los homosexuales, con "los mismos derechos y libertades" al matrimonio natural, incluida la adopción.

Al respecto la Conferencia Episcopal de España hizo conocer la siguiente Nota de Prensa:

Error e injusticia

El Consejo de Ministros ha aprobado hoy un proyecto de Ley que pretende equiparar al matrimonio la unión de personas del mismo sexo. Es una propuesta errónea e injusta. Porque "el matrimonio, engendrando y educando a sus hijos, contribuye de manera insustituible al crecimiento y estabilidad de la sociedad. Por eso le es debido el reconocimiento y el apoyo legal del Estado. En cambio, a la convivencia de homosexuales, que no puede tener nunca esas características, no se le puede reconocer una dimensión social semejante a la del matrimonio y a la de familia" (Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española, Matrimonio, familia y uniones homosexuales nº13).

Uso arbitrario del poder

Las personas homosexuales no deben ser discriminadas en sus derechos ciudadanos. Pero las instituciones sociales deben ser tuteladas y promovidas por las leyes. El matrimonio es una institución esencialmente heterosexual, es decir que "no puede ser contraído más que por personas de diverso sexo: una mujer y un varón. A dos personas del mismo sexo no les asiste ningún derecho a contraer matrimonio entre ellas. El Estado, por su parte, no puede reconocer este derecho inexistente, a no ser actuando de un modo arbitrario que excede sus capacidades y que dañará, sin duda muy seriamente, el bien común. Las razones que avalan estas proposiciones son de orden antropológico, social y jurídico" (Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española, En favor del verdadero matrimonio, nº 3). Como la moneda falsa, perjudicial para todos

La medida propuesta tendrá consecuencias negativas que afectarán a toda la sociedad. No se trata de reconocer un pretendido derecho a algunas personas que en nada perjudicaría a los demás. "Si el Estado procede a dar curso legal a un supuesto matrimonio entre personas del mismo sexo, la institución matrimonial quedará seriamente afectada. Fabricar moneda falsa es devaluar la moneda verdadera y poner en peligro todo el sistema económico. De igual manera, equiparar las uniones homosexuales a los verdaderos matrimonios, es introducir un peligroso factor de disolución de la institución matrimonial y, con ella, del justo orden social". "¿Será posible seguir sosteniendo la verdad del matrimonio, y educando a los hijos de acuerdo con ella, sin que padres y educadores vean conculcado su derecho a hacerlo así por un nuevo sistema legal contrario a la razón? ¿No se acabará tratando de imponer a todos por la pura fuerza de la ley una visión de las cosas contraria a la verdad del matrimonio?" (En favor del verdadero matrimonio, nº 4 b y c ).

Los niños, desamparados

La adopción ha de mirar siempre al bien de los niños, no a supuestos derechos de quienes los desean adoptar. Dos personas del mismo sexo, que pretenden suplantar a un matrimonio, no constituyen un referente adecuado para la adopción. "La figura del padre y de la madre es fundamental para la neta identificación sexual de la persona. Ningún estudio ha puesto fehacientemente en cuestión estas evidencias" (En favor del verdadero matrimonio, nº 4 a ).

Si esta legislación se llevara adelante, abandonaríamos la sabiduría humana y jurídica de toda la Humanidad. "La historia universal lo confirma: ninguna sociedad ha dado a las relaciones homosexuales el reconocimiento jurídico de la institución matrimonial" (En favor del verdadero matrimonio, nº 4 b). La diferencia sexual constituye la base antropológica indispensable del matrimonio: "Hombre y mujer los creó" (Gen 1, 27). (Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida, Hombre y Mujer los creó). Madrid, 30 de diciembre de 2004. FIN 31-12-04

27.12.04

686 - JUAN PABLO II-USA: LA IGLESIA Y LA VIDA PÚBLICA (III).

JUAN PABLO II-USA: LA IGLESIA Y LA VIDA PÚBLICA (III).

Fuente: Pagina web de la Santa Sede. (Vid. NG 649, 663, 664).

Discurso de Juan Pablo II al decimotercer grupo de obispos de Estados Unidos en visita "ad limina", 04-12-04. (Obispos de las provincias eclesiásticas de Louisville, Mobile y Nueva Orleáns). (…)

"Ante todo, deseo expresar mi profundo aprecio por la extraordinaria contribución que los laicos han dado, y siguen dando, al crecimiento y a la expansión de la Iglesia en vuestro país, una contribución que he constatado y admirado personalmente durante mis visitas a Estados Unidos. Puesto que "la renovación de la Iglesia en América no será posible sin la presencia activa de los laicos" (Ecclesia in America, 44), estoy convencido de que una parte esencial de vuestro gobierno pastoral debe consistir en guiarlos y sostenerlos en sus esfuerzos por ser la levadura del Evangelio en el mundo.

2. Como afirmó claramente el concilio Vaticano II, el ejercicio del munus regendi episcopal requiere por su misma naturaleza un reconocimiento de la contribución y de los carismas de los fieles laicos y de su papel en la construcción de la unidad de la Iglesia y en el cumplimiento de su misión en el mundo (cf. Lumen gentium, 30-31). Cada obispo está llamado a reconocer el "papel esencial e irreemplazable" de los laicos en la misión de la Iglesia (cf. Christifideles laici, 7) y a capacitarlos para llevar a cabo su apostolado propio, "guiados por la luz del Evangelio y el pensamiento de la Iglesia, y movidos por el amor cristiano" (Apostolicam actuositatem, 7).

En vuestro ministerio de gobierno, deberíais considerar como una clara prioridad pastoral ayudar a los fieles laicos en la comprensión y realización del munus regale que han recibido por su incorporación bautismal en Cristo. Como afirma la tradición de la Iglesia, este oficio real se expresa en primer lugar mediante la "libertad real", que permite a los fieles superar el dominio del pecado en su vida y, "sirviendo a Cristo también en los demás, llevarlos (…) al Rey, a quien servir es reinar" (Lumen gentium, 36). Sin embargo, los fieles laicos ejercen este oficio real de un modo específico, a través de sus esfuerzos por extender el reino de Dios en su actividad secular y mediante ella, para que "el mundo se impregne del Espíritu de Cristo y consiga más eficazmente su fin en la justicia, en el amor y en la paz" (ib.).

3. De aquí se sigue que es preciso impulsar a los laicos, hombres y mujeres, mediante una oportuna catequesis y una formación permanente, a reconocer la dignidad y la misión distintivas que han recibido en el bautismo y a encarnar en todas sus actividades diarias un enfoque integral de la vida, que se inspire y encuentre su fuerza en el Evangelio (cf. Christifideles laici, 34). Esto significa que es necesario enseñar a los laicos a distinguir claramente entre sus derechos y deberes como miembros de la Iglesia y los que tienen como miembros de la sociedad humana, y se les ha de estimular a integrarlos armoniosamente, reconociendo que "en cualquier cuestión temporal han de guiarse por la conciencia cristiana, pues ninguna actividad humana, ni siquiera en los asuntos temporales, puede sustraerse a la soberanía de Dios" (Lumen gentium, 36).

Una clara y autorizada reafirmación de estos principios fundamentales del apostolado seglar ayudará a superar los graves problemas pastorales causados por una creciente falta de comprensión de la obligación vinculante de la Iglesia de recordar a los fieles su deber de conciencia de actuar de acuerdo con su enseñanza autorizada. Es urgente la necesidad de una catequesis exhaustiva sobre el apostolado seglar, que destaque necesariamente la importancia de una conciencia bien formada, la relación intrínseca entre libertad y verdad moral, y el grave deber que tiene todo cristiano de trabajar para renovar y perfeccionar el orden temporal de acuerdo con los valores del reino de Dios. Esta catequesis, respetando plenamente la legítima separación entre la Iglesia y el Estado en la vida de Estados Unidos, debe explicar también que para los cristianos no puede haber separación entre la fe que se ha de creer y poner en práctica (cf. ib., 25) y el compromiso de participar de forma plena y responsable en la vida profesional, política y cultural.

Dada la importancia de estas cuestiones para la vida y la misión de la Iglesia en vuestro país, quiero animaros a considerar como elemento esencial de vuestro ministerio de maestros y pastores de la Iglesia en Estados Unidos enseñar los principios doctrinales y morales inherentes al apostolado seglar. También os invito a discernir, consultando a los miembros del laicado que sobresalen por su fidelidad, conocimiento y prudencia, los modos más eficaces de promover la catequesis y una reflexión profunda sobre esta importante área de la enseñanza social de la Iglesia.

4. El aprecio de los diferentes dones y del apostolado de los laicos llevará naturalmente a reforzar el compromiso de fomentar entre los laicos un sentido de responsabilidad compartida con respecto a la vida y la misión de la Iglesia. Insistiendo en la necesidad de una teología y una espiritualidad de comunión y misión para la renovación de la vida eclesial, he señalado la importancia de "hacer nuestra la antigua sabiduría, la cual, sin perjuicio alguno del papel jerárquico de los pastores, sabía animarlos a escuchar atentamente a todo el pueblo de Dios" (Novo millennio ineunte, 45).

Ciertamente, esto requerirá un esfuerzo consciente de cada obispo para desarrollar, en su Iglesia particular, estructuras de comunión y participación que, sin detrimento de su responsabilidad personal con respecto a las decisiones que está llamado a tomar en virtud de su autoridad apostólica, permitan "escuchar al Espíritu que habla y vive en los fieles" (cf. Pastores gregis, 44). Aún más importante es que esto requiere, en todos los aspectos de la vida eclesial, el cultivo de un espíritu de comunión fundado en el sensus fidei sobrenatural y en la rica variedad de carismas y misiones que el Espíritu Santo derrama sobre todo el cuerpo de los bautizados en orden a edificarlos en la unidad y en la fidelidad a la palabra de Dios (cf. Lumen gentium, 12).

"Comprender la cooperación y la responsabilidad común, firmemente arraigada en los principios de una sana eclesiología, asegurará una genuina y fructífera colaboración entre los pastores de la Iglesia y los fieles laicos, sin peligro de que esta relación se tergiverse a causa de la aceptación, sin sentido crítico, de categorías y estructuras tomadas de la vida secular. (…) ". FIN 27-12-04