"No se conformen con lo mínimo" (León XIV)

Con estas palabras, el Papa León se ha dirigido a los jóvenes, en su Viaje Apostólico por el Continente Africano

Palabras que, como es natural y lógico, valen para todos los hijos de Dios en su Iglesia en medio del mundo.

Y valen, por una sencilla y necesaria razon: la Vocación Cristiana, a la que estamos llamados todos los Bautizados, es una “Vocación de Plenitud": NUNCA “de mínimos", y menos aún “de mediocridad". Por eso tiene un nombre bien preciso y determinante: se llama SANTIDAD.

Así está revelado, ya en el Antiguo Testamento: Seréis Santos para Mí, porque Yo, Yahwé, soy Santo. Santidad que está al otro extremo de las medianías, del aburguesamiento, de las medias tintas, de la falta de compromiso, de la dejadez, de la tibieza…, del “mínimo imprescindible".

Mínimo del que uno se suelta en cuanto se instala en él, y adormece su Conciencia. Y se queda “en la nada, prescindible porque nada arreglax.

Término, por tanto, que no tiene lugar ni cabida ni referido a Dios ni, en lógica consecuencia, referido a sus hijos: tengan el estatus que tengan en la Santa Madre Iglesia, del Papa al último bautizado.

Otra cosa son las trampas con las que pretendemos camuflar nuestras ridículas componendas para ocultarnos a la realidad de nuestra Relación Absoluta con Dios: hemos salido de Él , y deberemos encontrarnos con Él no sólo a la que estamos llamados por nuestra condición de hijos suyos, sino porque la podemos y debemos alcanzar: para ésto nos da el Señor Dios su Gracia, tan generosa como sobreabundantemente. La que ya nos ha ganado y concedido con su Pasión y Muerte de Cruz.

La Vocación Cristiana, la Santidad Personal, el Seguimiento y la Imitación de Cristo, la Vida Espiritual y/o la Vida Interior, que de todas estás formas puede llamarse la misma realidad de la Vida a la que nos trae y eleva Dios mismo, para poder tenernos siempre con Él, por toda la Eternidad, es una Vocación de PLENITUD.

Está ya revelado en el Antiguo Testamento. Allí, puesto en boca del Señor y dirigido, en primerísimo lugar a los Judíos, el Pueblo Escogido, está escrito: Escucha, Israel: no tendrás otro Dios más que a Mí. Y amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.

Es la Shemá Israel: Escucha, Israel…! que deben recitar todos los Judíos. Porque es el Mandato infeleble por el que han de regirse, para huir de toda idolatría. Un pecado -la idolatría: el volverse a otros dioses más falsos que Judas-, que Dios no duda el llamar Prostitución: de la que acusará reiteradamente a su Pueblo, porque vez tras vez se van tras los ídolos.

Una vida de mínimos, sea en el horizonte que sea, ni llena, ni convence: mucho menos, y por eso mismo, se compromete y se entrega uno de por vida. En absoluto.

Recuerdo un chascarrillo, de cuando yo era joven. Un torero famoso por entonces, al ser preguntado en una entrevista por su éxito, y haber llegado a la cumbre, contestó: “Para ser algo en el toreo hay de dárselo todo".

Frase que, como no puede ser de otra manera, vale para cualquier otro empeño.  También para vivir cara a Dios. Este es el sitio exacto en el que se sitúa lo que estaba revelado, y hace suyo Jesucristo: Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Ex toto, dirá San Agustín: “Te pide todo Quién te ha dado todo".

Así hemos de desear amarle: “¡Con todo!". Así tenemos que llegar a quererLe: “¡Con todo!". No podemos permitirnos el autoengaño más insidioso: ponernos límites; quedarnos a medias; avurguesarnos… Con esta actitud -que tiene un nombre específico: tibieza-, nos exponemos a quedarnos cortos, y no llegar a donde Él quiere que lleguemos: luchar por ser Santos…, ¡y conseguirlo!

Un estudiante que simplemente busca el “aprobadillo", lo más normal es que suspenda unas cuantas. Para sacarlas todas, y a la primera, se necesita bastante más ambición. Y se sacan todas en junio.

Para más auto castigo, si uno mismo se pone el tope en “el cinquillo, y ya vale", no se sale de ser un perezoso patógeno. Se habrá destrozado a sí mismo, y a su alrededor, y habrá frustrado no sólo las expectativas que podría haber alcanzado, sino también las de las personas que habían “invertido” en el, empezando por sus padres.

Recuerdo unas palabras de san Josémaría, que me parecen muy apropiadas una vez llegados aquí. Escribía: “Se opondrán a tus afanes de Santidad, hijo mío, en primer lugar, la pereza, que es el primer frente en el que hay que luchar. En segundo lugar, la soberbia: un afán no de libertad santa, sino de libertinaje. En tercer lugar, la sensualidad. Y luego, como en una reata, toda una serie de malas inclinaciones…".

Palabras que deberíamos grabarnos en lo más hondo del corazón y de la conciencia, pues, si las hacemos nuestras, nos llevarán al Cielo, con absoluta seguridad. Son el Buen Camino. Aunque entremedias haya bajones o derrotas, el que se empeña y retoma el camino -siempre se puede-, al final gana. Y gana para sí mismo, porque “se gana” a si mismo.

Nada llena más -nada nos hace más dichosos; nada puede hacernos dichosos-, que meternos en el Camino de Santidad que el Señor ha previsto, con grandísimo Amor y Esperanza, para cada uno de nosotros: para Él, cada uno de nosotros -bautizados- somos hijos únicos: como Cristo, su Hijo Único.

Es más: como escribe san Juan: Somos don de Dios Padre para su Hijo.  Jesucristo como tales nos acoge. Y, por este motivo, se abraza a la Cruz, para salvarnos: dando su Vida por la nuestra: la que el Padre nos ha regalado para gozar con Él para siempre en el Cielo.

Como acaba de decir León XIV en Guinea: “Cristo es todo para nosotros". Amén.

¿Nos dejaremos ganar por esta plenitud de vida que se llama Santidad? Pero, además, es que luego “es el Cielo para siempre, para siempre, para siempre". Así animaba Teresa niña, a su hermanito, ya fuera de las murallas de Ávila, convencidos y deseosos de ir “a tierras de moros", a que “los descabezasen". Tal cual lo cuenta ella misma.

Pero, que el Santo Padre “nos pida más", recordándonos que nuestra Vocación es de Plenitud, tiene ya y a día de hoy, muy poco “impacto". En especial por DOS motivos:

1. Que en/desde la misma Iglesia se nos ha enseñado y “exigido” exactamente lo contrario: el mínimo imprescindible, en una ola de “rebajas” infames, como “lo Católico". Ahí están las catequesis a todos los niveles y la admisión a los Sacramentos, como dos evidencias denunciadoras de la Descristianización impuesta desde dentro y desde arriba.

2. En consecuencia: si a la predicación de la Santidad como cima perfectamente alcanzable de la Vocación Cristana, no le sigue un elenco de medios para llevarla a cabo, la tal predicación es como “arar en el mar": un conjunto de flatus vocis que nada resuelven porque, en el fondo y en la forma, nada plantean.

Así llevamos desde el Concilio. Se escribió y publicó sobre la Vocación y la Misión de los Laicos en la Iglesia en medio del mundo. San Juan Pablo II, insistió en el tema con calor, fervor y Esperanza. Pero…, todo se ha quedado en “agua de borrajas". Ahí está, acusadora, la Descristianización rampante: la Iglesia, como un erial, como tierra “muy buena", salida de las manos de Dios, abandonada y asilvestrada nuevamente.

10 comentarios

  
José Manuel Guerrero C.
Últimamente lloro bastante, y mi espíritu interpreta ese llanto como un signo de la nostalgia de Dios. Siento nostalgia del Señor. Otras veces, reconozco en las lágrimas como Dios purifica mi alma con la vista puesta en que aborrezca el pecado de una vez. Pero, la mayoría de las veces las lágrimas me vienen de arrepentirme por lo miserable que soy. Y cuando, de corazón siento mis miserias y me derrumbo, un suspiro parecido al gemido inefable del Espíritu Santo derrama algo de Su Misericordia sobre mi atribulado corazón. Esas son las mejores lágrimas. Las de la paz del Señor.


Rezamos por usted, padre.




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Muchísimas gracias.
23/04/26 8:39 PM
  
anawim
Magnífico. Excelente.

El Papa León tiene razón, Dios Nuestro Señor nos ha dotado de unas capacidades extraordinarias que incluso pocas veces llegamos a conocer porque no nos ponemos a prueba, no luchamos hasta el fin de nuestra capacidad.

Les voy a contar un caso que a mí en los momentos de tirar la toalla me ha ayudado. Conozco una persona con la que estudié la carrera que es todo un ejemplo de superación. Estudió Medicina y su nota en la carrera fue de aprobado. Preparó el MIR con máxima puntuación. Sus méritos no fueron buenos por baja puntuación en experiencia profesional. Trabajó pocos años porque dedicó todo el tiempo a estudiar. Se presentó en todas las Comunidades Autónomas y Junta de Castilla y León para la plaza de estatutario fijo. Su examen buenísimo pero caía en picado en el concurso de méritos. Y yo pensaba: no va a sacar plaza porque la gente se presenta con unas puntuaciones que alucinas. Ha estado presentándose toda su vida cada vez que se convocaban las OPE. Bueno pues por sus narices ha sacado la plaza fija con 60 años. Pásmense. Hasta los 60 años opositando. Pero lo ha sacado. Esto para conseguir una plaza de médico especialista. Todo este esfuerzo. Todo este tesón. Sin rendirse en todos estos años. Si hiciéramos eso con la santidad que santos seríamos, verdad. Si para una plaza de personal estatutario fijo de médico especialista merece la pena emplear prácticamente toda la vida laboral, a nosotros para alcanzar la plenitud de la santidad nos compensará más, digo yo. ¿O no?
23/04/26 9:10 PM
  
JSP
1. Me parece necesaria una aclaración ante la confusión de católicos que me encuentro con mucha frecuencia: Dios es quien nos hace santos por Su Voluntad, Providencia y Gracia, no nosotros por nuestras propias fuerzas o voluntad (pelagianismo y semipelagianismo).
2. El Alfarero es Dios, nosotros el vaso de barro que debe estar lleno de Caridad. Todo lo que hay de bueno en nosotros es Obra de Dios. Y aquí es donde entramos nosotros en la perfección de la caridad que obra en Cristo Señor Nuestro para perfección de nuestra vida, la espiritualidad evangélica (meditación de la Escritura y, sobre todo, en la contemplación e imitación de Cristo).
3. Dios tiene un Proyecto de Santidad para cada uno de nosotros, en el camino y tiempo que nos ha trazado en la vida temporal. Providencia divina para hacernos santos ante las pruebas que necesitamos, ante los obstáculos que nos pone el Enemigo para ser probados, según las capacidades y límites máximos de cada uno.
4. En todo lo que pensemos y hagamos que sea con fe y razón católica, que esté el sublime Proyecto de Dios por encima de cualquier proyecto mundano. Y para esto es necesaria la virtud de la olvidada Devoción a Dios, donde la Caridad perfecciona nuestra vida en el mundo.
5. La misión de la Iglesia Católica, consciente de los nuevos obstáculos, en ese inmenso esfuerzo, hoy muy olvidada, lo esencial y decisivo, es la salvación de las almas ante el peligro que amenaza la santidad personal, respondiendo al hombre por su ser y al cristiano por su meta, a encontrar el sentido de su vida, a las necesidades del mundo de hoy y de todo tiempo eclesial, reavivar su fe, renovar su vida interior, dar un nuevo impulso al Amor-Caridad, volver a la verdadera fidelidad y ofrecer la luz del Evangelio a cuántos desconocen o viven al margen de Nuestro Señor Jesucristo.
6. La desesperanza en quien no conoce a Cristo deviene por la carencia en el poder, poseer y el placer, lo propio del amor mundano, a lo que se apega y aferra el hombre viejo desde el pecado original, el proyecto propio mundano por encima del Proyecto de Dios para con nosotros en el sendero y años por Él trazado.
7. De ahí que, una enfermedad, un divorcio, una infidelidad o traición, una pérdida de un padre o hijo, una pérdida de un puesto de trabajo, un saludo matinal, una guerra, un mendigo pidiendo limosna, un robo, un accidente, una primitiva, una opulencia material, unos padres, un hijo drogadicto, y un largo etc. que no hayamos elegido nosotros, es por nuestra santidad, debemos ofrecerlo a Dios y Su Cristo. Y es aquí donde juega un papel importante la sabiduría cristiana de elegir bien: cargar la cruz con Caridad y seguir al Señor ofreciéndosela en el Calvario de los Amantes o arrastrar la propia cruz con odio por el mundo rechazando a Dios y Su Cristo. Y ya pueden venir todas las tentaciones del Infierno, que son obstáculos para nuestra santidad, que si somos obedientes cargando la cruz con caridad cristiana a ser crucificados, mortificados en lo viejo, junto a Nuestro Señor Jesús, Él nos hace vencer el mal, la mentira y la fealdad, Su Espíritu Santo nos purifica, santifica y nos llena de Caridad y Verdad, y nuestro Padre y Dios nos perdona para alcanzar la Vida Eterna: meta a la que está llamado todo bautizado, todo católico.
24/04/26 6:43 AM
  
Teresa Lodones
Padre, excelente artículo, para tenerlo siempre cerca, y cuando flaqueemos volverlo a leer.
Todos sus escritos son buenos, pero este es la guinda del pastel.
Cuando se habla de santidad, me entra como un vértigo... Pero entro yo allí??? Ojalá, aunque tarde toda mi vida y como decía Santa Teresa, pudiera decir, "muero en los brazos de la Iglesia"
En mi caso, si estoy con buenas personas, me ayudan a sacar lo mejor de mi misma. Si por el contrario no lo son, por desgracia hacen q me revuelva y aparezca mi enfado.
Ay !! Señor, si viera lo q le anhelo y tantos dones he recibido de él, para contestar tan mal...
Rece por todos Padre.
Rezaré por usted para q siga iluminando nos con sus artículos.
Un abrazo Teresa
24/04/26 9:44 AM
  
Frailevi
Estupendo y contundente artículo P. Jose Luis

Muy oportuna tambien la observación de JSP sobre el palagianismo o semipalaguianismo.

Cierto, los enemigos los tenemos dentro: pereza, soberbia....
Como nos da miedo enfrentarnos a ellos, nos dedicamos a buscar enemigos fuera, y nos hacemos los valientes combatiendolos sin tregua.

Gracias P. José Luis.
Gracias JSP
24/04/26 12:00 PM
  
José Manuel Guerrero C.
Sobre la santidad: leer y estudiar los tres primeros capítulos del Génesis. Ahí, para mí, está todo. Si uno logra sentir el dolor de Dios en/con la caída de Adán y Eva, y sufrir por ese dolor, da un paso de gigante en el Camino hacia la santidad.
No sé qué opina el padre.
Me interesa mucho su opinión.




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Toda la Escritura Santa, más revelaciones posteriores tanto de la Santísima Virgen, como del Señor, están marcadas por una línea que empieza en Dios -en el Amor que nos tiene-, y acaba en Dios: que ha abierto las puertas del Cielo, cerradas por nuestros pecados.
El que la recorre, es Santo, y se salva. El que la desprecia y se monta su chiringuito por su cuenta, se Condena.
No la digo yo, lo dice repetidamente el mismo Señor: "el que crea se salvará; el que no crea se condenará". Y no hay otra. Ni otro Camino -Cristo-, ni otra Ley -la de Dios-, no otros Mandamientos -los de la Ley de Dios-, ni otra Religión -la Católica-, ni otro Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
24/04/26 12:52 PM
  
maru
Buen artículo P. Aberasturi. Las "faltas" que cita en el párrafo cuarto de aburguesamiento, dejadez, tibieza, es lo que veo en muchos que se dicen católicos. Yo creo, pero.....siempre hay un pero....o que no voy a misa los domingos, o que no creo en los curas, o que cumplir estoy o lo otro es muy difícil, pero yo creo . Así que, me parece que con este planteamiento, cada vez abunda más la tibieza, lo fácil , y por este camino nos vamos a más mundanidad y a vivir según el mundo. El católico de plenitud, es muy pequeño; no dudo que lo haya, pero la mayoría adopta un catolicismo a su manera .




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Los hay. Sí hay hasta Mártires, ¿Cómo no va a haber Católicos canales y/o "santos de verdad as, autenticos, canonizables... Santos de altar. Santos sin que nos falte un pelo", como escribe con absoluto aplomo y seguridad, el Santo Fundador del Opus Dei, Josémaría Escrivá de Balaguer. Y sabía perfectamente lo que escribía y publicaba: era "Escrivá".
25/04/26 3:53 PM
  
maru
Está claro que mártires hay; sobre todo en el continente africano. No hay más que leer infocatolica para saber la cantidad de sacerdotes secuestrados y asesinados a causa de la fe. Incluso aldeas enteras martirizadas.
25/04/26 8:17 PM
  
anawim
Les he contado este caso de esta médico especialista estatutaria porque a mí me sirve y he pensado que tal vez a ustedes en algún momento les pueda servir. Estoy hablando de una persona que termina la carrera de Medicina en 1989. A continuación prepara el examen MIR y saca plaza. Cursa el MIR, saca puntuación máxima, y a partir de este momento empieza a preparar la oposición. Está casi 30 años preparando la oposición. La fuerza de voluntad que tiene que tener alguien para opositar tantos años es brutal, porque además estos exámenes del MIR son horrorosos, no sé si alguno de ustedes se ha presentado alguna vez, para los que no los conocen, les digo que son 5 horas de examen sin moverte del banco; 260 preguntas con cinco respuestas cada preguntas. A mí me ha pasado, no sé si pasará siempre, pero suelen poner las asignaturas más complicadas y más difíciles al final del cuadernillo de examen, más o menos a partir de la tercera hora de examen, cuando ya estás casi extenuado. Si lees todo el examen antes de empezar no te va a dar tiempo de acabarlo. Este examen es una prueba de resistencia. Les cuento todo esto porque esto desanima mucho, pero Dios nos ha dotado con esa capacidad de llegar hasta el final. De no rendirnos. De no tirar la toalla... Y creo que la santidad es también usar al 100% la capacidad que Dios ha dado a cada persona. Si Dios te ha dado capacidad para el estudio, tienes que llegar hasta el final y conseguirlo. Porque estas son las únicas personas que convencen y cuyos ejemplos nos ayudan. A veces pensamos que evangelizar es estar hablando 2 horas de Dios y los laicos evangelizamos más con nuestro ejemplo que con las palabras. Pues nada, aquí se lo dejo, y espero que en algún momento de desánimo les pueda servir.
25/04/26 11:56 PM
  
Atinasio
Muchas gracias por su escrito. Me viene como anillo al dedo. Duermo mal y enseguida encuentro excusas para la pereza. Es mi caballo de batalla. Por lo que he leído debo estar en el primer escalón.
Que Dios le bendiga.



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Si duermes mal, igual NO es pereza...
26/04/26 10:03 PM

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