Necesitamos mejores materiales catequéticos
Evangelizar “con dibujitos” tipo comics no es la mejor idea. El sentido de las imágenes, según el Concilio de Nicea II, es inspirar la veneración y la oración, cosa muy improbable ante un dibujo solo amable o “simpático.”
Además, los comics representan muy inadecuadamente la ofrenda hecha por nuestra salvación, esto es, la Sangre que Cristo derramó por nosotros en una Cruz de verdad. Un cierto realismo es indispensable para asomarse con gratitud a este misterio.
Y además las catequesis con comics se usan a menudo con los niños, que ya tienen un mundo saturado de más comics tipo “Pato Donald.” Cuando los niños crecen y dejan las fantasías suelen dejar por asociación lo que han recibido con envoltura de fantasía: su fe cristiana.
Lo dicho vale proporcionalmente para otros medios visuales, como son diapositivas, afiches y películas. Así que, sin caer en extremos protestantes o iconoclastas, es necesario elevar la calidad de los materiales que usamos en catequesis.
Y finalmente no olvidemos que el verdadero “audiovisual” que necesita la gente es este: seres humanos REALES que de manera visible y fascinante muestren a Jesucristo y sus misterios.
[Publicado primero en mi cuenta de Twitter.]

2. Que luego el CRIMEN del aborto se vuelva LEY, y que después otra ley castigue a quienes quieren impedir o incluso disminuir la frecuencia de ese crimen.
James Martin, SJ:
Si yo no viera a Cristo bebiendo su cáliz no tendría fuerzas para beber el mío ni para entender que, por su piedad, en realidad bebemos del mismo.
La situación es todavía peor allí donde todo desacuerdo se toma como una “ofensa.” Ahora resulta que contradecir a un abortista es ofender a las mujeres. Cuestionar el orgullo gay es automáticamente ser homofóbico. Al final resulta que el único lenguaje aceptable debe dulcificarse, castrarse y autocensurarse hasta el punto de la irrelevancia y la complicidad. Además, poco a poco se nos inculca la idea de que las grandes personalidades, sea por sus escritos, por su presencia en los medios o por sus obras sociales, son particularmente “intocables” y por ello puedo decir, por experiencia directa, que rara vez o nunca ve uno que un estudiante se atreva a hacer un cuestionamiento de fondo a una de tales personalidades. Súmese a esto que la mayor parte de los estudiantes actuales tienen serias dificultades para seguir un razonamiento, prefiriendo más bien los carriles cómodos del prejuicio, en uno u otro sentido, o el seguir pasivamente la opinión de la mayoría.