InfoCatólica / Tal vez el mundo es Corinto / Categoría: Modernismo - Herejía Modernista

14.02.18

Nota sobre la mundanización de la Iglesia

Ayunar en orden a compartir nuestros bienes con los pobres es bueno y santo pero la razón más plena y bíblica del ayuno no es solucionar un problema social.

El hecho de que tantos se sientan casi obligados a explicar el ayuno en clave de ayuda humanitaria parece ser signo de algo más profundo. Parece que poco a poco nos quieren matricular a todos en la “ICA,” la Iglesia Católica ACOMPLEJADA, que necesita demostrarle a todos, una y otra vez, que los católicos no vamos a ser una cuerda disonante en la “música” que hoy deleita al mundo. Se cumple así lo que dijo San Pablo: “vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos” (2 Timoteo 4,3).

Ya que el Papa Francisco ha advertido numerosas veces sobre la tentación y los peligros de la mundanización, conviene apuntar aquí algunas señales que nos ayudan a despertar a esa realidad nefasta para la fe:

(1) Eliminar las palabras incómodas del Evangelio, empezando por pecado, arrepentimiento, conversión y salvación.

(2) Ocultar sistemáticamente lo que concierne al sacrificio redentor de Cristo. Y por ello: disminuir o hacer desaparecer términos como Cruz, Sangre, sacrificio, sacramentos, abnegación, valor incomparable del martirio.

(3) Presentar la vida cristiana como un conjunto de “ideales” que pueden servir de inspiración, modelo o guía pero que son eso: ideales y por tanto no se le pueden exigir a nadie. Lo cual implica que no hay una diferencia real entre lo bueno y lo malo sino una serie infinita de grados y matices, una escala en la que todos cabemos y que por lo tanto hace aceptables, en cierta medida, todos los comportamientos.

(4) Privilegiar algunos pecados por encima de los demás. Los pecados “privilegiados,” o pecados con corona, tienen un régimen especial. Son tratados con delicadeza, eufemismos, circunloquios, sonrisas de profunda empatía, gestos de comprensión frente a lo inevitable. Ejemplo: la esclavitud de seres humanos en el siglo XVII; las prácticas homosexuales en el siglo XXI. Como lógica consecuencia, otros pecados son presentados en cambio como lo peor de lo peor, por ejemplo, la corrupción política o el daño ecológico. Este tipo de faltas, que pueden ser muy graves, están sobredimensionadas en algunos sermones actuales, que quizás quieren caer bien en los oídos de los que ya piensan de ese modo.

(5) Disculparse una y otra vez de las mismas fallas del pasado, cometidas por cristianos católicos a lo largo de los siglos. Como si cada discurso hubiera que empezarlo SIEMPRE pidiendo perdón por Galileo, la inquisición, la Matanza la Noche de San Bartolomé, el abuso sexual a menores, el daño causado a culturas aborígenes. Sin quitar importancia a las fallas graves allí sucedidas, uno ve que esos reconocimientos por parte nuestra no encuentran una contraparte por parte de los ateos, los protestantes, los comunistas o los que han perseguidos sistemáticamente la religión.

(6) Justificar, tácita o explícitamente, la existencia de la Iglesia solo en la medida en que es una institución humanitaria que resuelve problemas sociales y ayuda a una convivencia pacífica entre todos. por algo el Papa Francisco ha tenido que explicar más de una vez que la Iglesia no es una ONG.

(7) Abandonar en las nieblas del agnosticismo–endulzado con matices generalísimos sobre la misericordia divina–los temas propios de la vida eterna y las postrimerías.

(8) Tener siempre a mano una serie de etiquetas y caricaturas para descalificar a todos los que pretendan hablar del Evangelio con un lenguaje que recuerde la radicalidad, la santidad o aquello de que no vale nada el mundo entero si uno pierde su alma. Las etqietas preferidas serán: fariseos, rigoristas, legalistas, preconciliares, cruzados y sobre todo: “nostálgicos de una Cristiandad ya superada.”

La buena noticia es que hay acciones prácticas que uno puede hacer para quitarle fuerza a la mundanización de la Iglesia.

(1) Si uno compra libros del autor espiritual de moda, que nunca habla de redención ni del valor de la Sangre de Cristo, uno está fortaleciendo la mundanización. Si en cambio uno busca y compra autores clásicos, de probada virtud y doctrina, está haciendo un bien a la Iglesia.

(2) Si uno va a la película que todo el mundo está viendo, y que contiene blasfemias y lenguaje sacrílego, uno es parte de la mundanización de la Iglesia y está fortaleciendo a los enemigos de Cristo.

(3) Si uno sistemáticamente prefiere el arte religioso que disimula el dolor Cristo, por ejemplo con cruces del Resucitado, posiblemente está favoreciendo la idea de la entrega absoluta por la gloria del Padre y por nuestra salvación no es el camino propio de todo cristiano.

(4) Si uno guarda silencio cuando por enésima vez se recuerdan heridas o problemas de la Iglesia, de seguro uno está siendo cómplice del buenismo y la mundanización. Si uno en cambio reconoce con claridad lo que hay que reconocer pero además sabe bien y difunde bien lo que hoy se calla por medicridad y por complejo está haciendo una gran obra.

(5) Pero es sobre todo la vida nuestra, la de cada uno en su vocación y lugar, la que puede hacer la diferencia. Si somos expresión de la profundidad y extensión del reinado de Cristo podremos ser también testigos que con su vida y sus palabras proclamen: ¡Viva Cristo rey!

29.09.17

Sobre las tensiones dentro de la Iglesia

¿Hay tensiones en el interior de la Iglesia Católica? Sí. Puede decirse además que es normal que las haya, como señal de crecimiento y de la riqueza del don del Espíritu, que no está reservado sólo a algunos sino que alcanza a multitud de fieles de distinta clase y condición. Lo malo empieza cuando esas tensiones incluyen insultos, irrespeto, descalificación absoluta, o también: desprecio del depósito de la fe simplemente por deseo de imponer una determinada agenda o postura.

¿Pueden sanarse las tensiones en la Iglesia? Por supuesto. Estamos llamados a seguir el ejemplo que nos muestra el capítulo 15 de Hechos de los Apóstoles: escucha, diálogo, oración, y al final, la palabra autorizada de los sucesores de los apóstoles. Esto indica que hay cosas que definitivamente NO van a funcionar y cosas que tal vez SÍ pueden funcionar. En la medida en que todos nos concentremos más en lo que sí puede ayudar a la unidad de la Iglesia, mejor para todos, en Cristo.

Cosas que NO funcionan

1. El lenguaje apocalíptico, marcado por el pánico, endurece todas las posturas. Pregonar a las masas que estamos al borde o al comienzo de un cisma espantoso no ayuda por una razón: la inmensa mayoría de los fieles católicos no tienen la preparación teológica ni pastoral para comprender los términos de lo que está en discusión. Lo que se logra con un lenguaje de pánico es acelerar que la gente se apegue por razones más bien emocionales a los líderes, voces, sacerdotes o movimientos que les ofrecen de modo más inmediato una sensación de seguridad. Los llamados “tradicionalistas” se encerrarán con mayor empeño en el latín y en las costumbres de hace años; los llamados “progresistas” se encerrarán en los discursos y páginas web que les confirmen que recién ahora estamos descubriendo el Evangelio. No sirve. No funciona.

2. La multiplicación de “etiquetas” para designar a la parte opuesta sólo hace daño. Buena parte del conflicto actual proviene de una auténtica guerra de palabras. Y ello no puede dar fruto que sirva. Repetir palabras como “hereje” al que sostiene una postura para que luego ése grite “fariseo” a quien así lo llamó no es útil para la unidad del Cuerpo de Cristo. No es difícil hacer la lista de los epítetos lanzados por cada parte contra la otra. Unos serían los “legalistas, casuistas, fariseos, retrógrados, inquisidores, ultra-católicos,” y más adjetivos de ese orden. Los otros serían los “modernistas, progres, herejes, mundanizados, masones,” y otras cuantas palabras más. Detrás de las etiquetas ha habido, con dolorosa abundancia, exageraciones y sofismas, en particular, el muy famoso sofisma del “hombre de paja": presentar una caricatura de la postura del otro para así ridiculizarlo y vencerlo.

3. El silencio, o simplemente dejar pasar el tiempo, no arregla nada. Si alguien pregunta, sobre todo si se esfuerza por preguntar con respeto, ciertamente merece una respuesta que esté por lo menos al mismo nivel de elaboración y precisión de la pregunta. El simple silencio envía un mensaje errado, o mejor, una serie de mensajes que sólo pueden hacer daño: ¿No me responden porque no merezco que me respondan, es decir, predicamos diálogo con los de fuera pero despreciamos el diálogo con los de adentro? ¿O es que todo lo que estoy preguntando ya está respondido en alguna parte? ¿O ese silencio es una estrategia para que, en el tiempo que va pasando, se afiancen posturas pastorales, como quien “crea un hecho” con el que después no se pueden ya detener? ¿O ese silencio es una estrategia mediática para supuestamente no dar voz a los que tenemos objeciones, o sea, estamos frente a una simple pugna de poder ante los medios? Uno ve que todas esas nuevas preguntas, claramente dolorosas y legítimas, sólo pueden empeorar la división y no sanarla.

4. Los actos administrativos o de potestad contra personas que sostienen perspectivas contrarias a la de uno aumentan y no disminuyen la desconfianza. Si un adversario teológico es simplemente removido de su cargo, la teología no resulta enriquecida ni aclarada ni beneficiada. La desconfianza, en cambio, crece, y con ella crece también la sensación de que aquel que está en el poder está aprovechando su tiempo para instalar su propio programa y su propia agenda con su propia gente. Todo ello parece sólo una invitación a que un día los del otro “bando,” cuando por fin logren “el poder” hagan lo mismo. ¿Acaso se parece eso a la Iglesia de Cristo?

 
Cosas que SÍ funcionan

1. Es nuestro deber más inmediato ORAR. Pedir luz, gracia, don del Espíritu Santo, y en particular, don de sabiduría. Pedir en favor de todos, empezando por el Papa. Pedir con perseverancia, humildad, esperanza firme, caridad ardiente.

2. Es necesario utilizar lenguajes más formales. Las metáforas, anécdotas y sobre todo, como ya se dijo, las caricaturas, crean demasiado “ruido” y no son útiles para aclarar las cosas. Los grandes maestros de la “disputatio,” entre los cuales todos cuentan a Santo Tomás de Aquino, se caracterizaron siempre por el sosiego de ánimo, la precisión del lenguaje, el uso coherente de los términos. Esto vale particularmente para los temas de moral en los cuales el emocionalismo, las historias particulares, el dramatismo en el discurso no ayudan a un verdadero discernimiento. De hecho, ese lenguaje de emociones crispadas ha sido útil a los enemigos de la Iglesia, como en el ya conocido caso de la despenalización del aborto en tantos países: siempre se empieza por casos lacrimógenos como la pobre niña violada que ahora es “condenada” a tener el hijo fruto de esa violación.

3. Conviene centralizar los espacios de diálogo. Lo propio de la Iglesia está en la unidad expresada por el apóstol: “Un Señor, una fe, un bautismo” (véase Efesios 4,5-6). Cuando lo que es creído y vivido en una parte se opone frontalmente a los que es creído y vivido en otra parte la belleza y la verdad de la Iglesia dejan de ser reconocibles. No puede ser bueno para la Iglesia que a pocos kilómetros, los que cruzan la frontera entre Polonia y Alemania se practique la fe y se entiendan los sacramentos de modos opuestos e incompatibles. Cuanto más se delegue a las Conferencias Episcopales mayor es el riesgo de que casos así se multipliquen. Y lo que cabe esperar de tales diferencias de credo es que cada uno se endurezca más en lo suyo, sea porque lo considera una especie de “conquista” o porque lo ve como una “verdad defendida.” Por todo ello, es muy necesario centralizar el diálogo: un diálogo real, honesto, seguramente prolongado, pero que puede dar verdadero fruto.

4. Hay que enviar un mensaje claro sobre la verdadera catolicidad de la Iglesia. Es preciso cuidar que la potestad de régimen no se utilice como una especie de argumento implícito, que luego todos tendrían que “descifrar.” Sobre todo porque cuando los nombramientos dependen de “si eres o no” de mi grupo, el mensaje que se está enviando es: “Haz esto y tu carrera eclesiástica tendrá futuro.” Ello se traduce en que lo verdaderamente correcto es nombrar también a aquellos que pueden parecer “opuestos” en un cierto sentido de doctrina o de teología pero cuya adhesión a Cristo y deseo de servicio estén fuera de discusión.

5. Este es el tiempo para mostrar el verdadero sentido de la “senda estrecha” y de la Cruz misma de salvación. Mientras que el mundo se rige por la lógica de las mayorías; mientras que el mundo usa sin remordimiento estrategias de manipulación y marketing masivo; mientras que el pensamiento mundano se impone con dinero y lobbies, la Iglesia está llamada a ser a la vez signo de misericordia y signo de contradicción. ¡No puede renunciar a ninguna de las dos cosas! No puede, a precio de verse más acogedora, ser menos verdadera, ni tampoco, a precio de fidelidad a la doctrina, ser menos compasiva y madre de todos.

6. Sobre todo es necesario preguntarse con honestidad en qué puede estar acertando el que no piensa como yo. Y en este punto quiero terminar con una alusión personal. Si hay algo que, como cristiano, como teólogo y como dominico, le admiro a Santo Tomás de Aquino es su capacidad de buscar hasta el último miligramo de acierto o verdad en sus oponentes, o en general en quienes él cita o estudia. Es una actitud sabia, prudente, de la más alta caridad, que tiene mucho que enseñarnos hoy.

6.04.15

Cinco Homilías sobre la Resurreccion de Cristo

Primera homilía (enlace)

Los que niegan la resurrección diciendo que es relato que crearon los discípulos no tienen cómo explicar que los textos nos presentan a estos discípulos como escépticos y resistentes a la fe.

Segunda homilía (enlace)

Que Dios muera por nosotros en una Cruz no es menor misterio que el Crucificado se levante del sepulcro.

Tercera homilía (enlace)

Puesto que los poderes de tinieblas se enseñorean sobre el cuerpo, no es accesorio sino muy necesario creer y proclamar que la resurrección corporal de Cristo es nuestra esperanza.

Cuarta homilía (enlace)

La resurrección es señal de llegada de la creación nueva, después de la “pérdida total” causada por el pecado.

Quinta homilía (enlace)

Sumario sobre el valor de verdad de la resurrección y algo sobre las razones que llevan a algunos a perderse el corazón de nuestra fe.

21.04.14

Cinco Homilías sobre la Resurrección

Desde el siglo XIX ha tomado impulso peculiar una verdadera guerra contra el Resucitado. O para ser más exactos: oposición abierta, pero vestida de racionalidad, al dato tan sencillo y tan fundamental que nos traen los Evangelios: el que murió en la Cruz no ha quedado sujeto a la corrupción de los cadáveres; vive, está lleno de la gloria del Padre, y la muerte ya no tiene poder sobre Él.

Ya San Mateo (28,11-15) cuenta de un primer intento, muy burdo, de negar la victoria postrera del Crucificado: los soldados que guardaban la tumba deben testificar que, mientras ellos dormían, los discípulos robaron el cadáver.

Uno puede leer la historia de las herejías cristológicas como un esfuerzo continuado de robar su sentido y significado real a la resurrección. Por ejemplo: Si Cristo es un ser altísimo distinto de Dios y creado por Dios, como cree el arrianismo, entonces no es Dios pero tampoco es hombre, luego su muerte es falsa, o no es la muerte nuestra, y su resurrección no dice en verdad nada a nosotros.

Resucitó!

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5.11.13

La supuesta encuesta del Vaticano sobre gays y divorciados

Encuesta?¿Con esta insólita encuesta que está enviando el Vaticano a todo el mundo está la Iglesia preparando un cambio en su enseñanza sobre algunos temas morales, padre Nelson? ¿Está por fin “poniéndose al día” en temas en que la Iglesia ha ido siempre a la retaguardia y a la defensiva? Le pido una respuesta honesta y no simplemente una defensa de posturas preestablecidas. Gracias. -E.E.

* * *

Lo primero que hay que decir es que no es “insólito” que antes de un sínodo de obispos haya una encuesta. Es la práctica común por una razón muy sencilla: un sínodo acoge a obispos de muchos lugares del mundo y trata temas específicos. Es necesario preparar la reunión de la mejor manera y crear el ambiente que ayude a concentrarse en los temas más urgentes.

Lo segundo es que tampoco es cierto que la encuesta sea “a todo el mundo” como si se tratara de una “consulta a las bases.” Es una encuesta clara y unívocamente dirigida a los obispos. Al usar, seguramente de manera intencional, ese lenguaje de “pregunta a todos,” algunos medios de comunicación están creando la falsa expectativa de que la Iglesia tendrá que acoger la opinión de “la base,” a la manera como un partido político termina cambiando su plataforma ideológica si ve que una aplastante mayoría quiere un viraje. La Iglesia no es una democracia ni sus decisiones se toman por mayoría. La Cruz no fue definida por mayoría. La Eucaristía no salió de una votación. El pretender que hay que evangelizar a todas las naciones no es el fruto de plebiscitos realizados en todas las naciones. Así que quitemos esa idea de que el Papa Francisco “por fin” está democratizando lo que no es democratizable ni tiene por qué serlo.

Lo tercero, ¿tiene la Iglesia que ponerse al día con el mundo, o debe el mundo convertirse al Evangelio? A ver, situémonos en el siglo I. Suponte que eres el apóstol Pablo. Vas a cualquier puerto del mediterráneo y ves todo tipo de prácticas gays, divorcios y brujerías. ¿Tiene Pablo que adaptar lo que cree para que sea “aceptable” por personas que definitivamente disfrutan su modo de vida?

Y lo cuarto, ¿es represivo mostrar el camino del Señor? Decía San Alfonso María de Ligorio: “¿Pesan al ave sus alas? ¡Y sin ellas no puede levantarse!” El camino de la Iglesia no tiene que ser lo que gusta al mundo. Los Papas, incluyendo por supuesto a Francisco, han repetido a todos, y muy particularmente a los jóvenes, que para ser cristiano hay que aprender a ir contracorriente. Lo hizo Jesús. Lo vivieron los apóstoles y los mártires. No se espera algo menos ni más hermoso y noble para nosotros.