La clandestina procesión del Corpus
Este domingo de Corpus amaneció lluvioso en Barcelona. Fue una lluvia fina, suave, persistente; que cesó totalmente a partir del mediodía. A las 18,30 h. estaba programada la tradicional procesión del Corpus por las calles adyacentes a la Catedral. La celebración de la Misa estaba prevista en la propia plaza de la Seu. Al aire libre. ¡Qué gran alegría! Una celebración católica en la calle. Después de las protestas por las beatificaciones intra muros del Doctor Samsó y del Padre Tous, se iba a celebrar públicamente una misa en las calles de Barcelona. Ciertamente, por la mañana la llovizna parecía amenazar la suspensión del acto. Pero, repito, antes de las cuatro de la tarde ya había parado de llover y salió tímidamente el sol. Las nubes alternaban con los claros y se descartaba cualquier amenaza de chubasco. Nadie se iba a mojar en la plaza de la Catedral. Eso creíamos los que nos desplazamos allí. Ingenuos. El acto se suspendió, pese a la bonanza atmosférica que se observa en la foto, tomada poco antes de la hora en que estaba señalado su inicio. La misa se celebró en el interior de la Basílica así como la procesión que finalizó en el claustro. La verdad es que la asistencia de fieles fue numerosísima, teniendo que cerrar las puertas de la Catedral. Pero Jesús Sacramentado no salió a las calles de Barcelona. Ahí se quedó la tarima para la misa, con su funda ya completamente seca.

Queridos hermanos en Cristo:
“Que 1965 iba a ser un año difícil para la vida de la Iglesia es algo que podía pronosticarse al concluir la pasada sesión conciliar sin necesidad de ser profeta: el tenso final de la tercera etapa había sembrado por toda la superficie de la Iglesia un clima polémico, arisco, que no podía menos de dar sus amargos frutos en los meses siguientes…”
En estos días estamos celebrando las fiestas que ponen broche de oro al tiempo litúrgico de Pascua-Pentecostés. El domingo antigua octava de la Pascua Granada está dedicado de manera especial al misterio de la Santísima Trinidad. Hoy nuestra atención se centra en el misterio Eucarístico, culmen de la Encarnación y consumación de la obra redentora de Cristo. El viernes de la semana que viene será la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, la fiesta del amor de Jesucristo. Es como si antes de emprender el llamado “tiempo ordinario” de la liturgia, la Iglesia quisiera recapitular toda la religión Católica en estas tres conmemoraciones, que nos hablan de las virtudes teologales: la fe (Santísima Trinidad), la esperanza (el Corazón de Jesús) y la caridad (Corpus Christi). En tiempos fueron objeto de gran devoción y seguimiento, que se traducía en ejercicios de piedad popular: trisagios, horas santas, visitas al Santísimo, guardias de honor, comuniones de los primeros viernes, novenas de confianza, entronizaciones del Sagrado Corazón, etc.