Dios no se impone. Pide permiso

Una de las escenas más tiernas de Adviento es, sin duda alguna,  la visitación de María a su prima Isabel.

“Por aquellos días, María se levantó, y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel”1.

La criatura más perfecta que ha salido de las manos de Dios, en cuanto conoce la noticia del embarazo de su anciana prima, no lo duda, no repara en dificultades, ni le amedrenta el largo y difícil viaje. Al contrario, María, la ya Madre de Dios, se pone en camino sin demoras, con prontitud. Quiere darse, servir, ayudar, anticiparse a sus necesidades. ¡Menudo ejemplo el de María! ¡Qué grandeza! ¡Qué señorío!

“Vuelve tus ojos a la Virgen y contempla cómo vive la virtud de la lealtad. Cuando la necesita Isabel, dice el Evangelio que acude «cum festinatione», —con prisa alegre. ¡Aprende!”2

Y entre ellas, ¡cómo me hubiera gustado verles preparar la canastilla desde un rinconcito!, se desborda todo un mundo de ayuda fraternal, de amistad, de confidencias, de risas nerviosas, contagiosas, esperanzadas. La espera ha sido larga para Isabel, quedan pocos meses para tener a su hijo en los brazos, pero se sienten bienaventuradas, pletóricas de agradecimiento por lo que Dios ha hecho en ellas… “porque para Dios nada hay imposible”3.

“Dichosa tu que has creído, porque se cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor”4

Isabel, movida por el Espíritu, alaba así la fe de María. Una fe sólida, firme, que tras el anuncio del Arcángel, sin reservas ni dudas, entrega su corazón y su vida a la Voluntad del Señor. Su corazón “oye con atención lo que Dios quiere, pondera lo que no entiende, pregunta lo que no sabe. Luego, se entrega toda al cumplimiento de la voluntad divina: he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”5.

La fe de María es una “fe vivida”, una “fe operativa”. Se ha fiado de Dios, y desde ese mismo instante, nada más pronunciar su “fiat” generoso, la colaboración a los planes divinos, sus continuos actos de fe en sus obras, es total.

Y al oír estas palabras, María desborda de alegría y de gozo. Fiel a la sabiduría divina, siente el deseo de cantar, con humildad, con confianza, las maravillas que Dios ha hecho con ella. Y entona un canto maravilloso lleno de agradecimiento:

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de la misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.6

“María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa”7

Mientras hizo falta, María, madre de Dios, acompañó y cuidó a Isabel. Ella sabe muy bien que servir es amar, “con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza”8 . Ahora, una vez llevada a fin su tarea, vuelve a su casa. Tiene muchas cosas que preparar todavía…

—————–

1 Lc 1,39-40

2San Josemaría Escrivá de Balaguer,Surco, n.371

3Lc 1, 36-37

4Lc 1, 45

5San Josemaría Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, n.173

6Lc 1, 46-55

7Lc 1,56

8Dt 6, 5

7 comentarios

  
Horacio Castro
*****
También estaba predestinada al consentimiento. "Dios escogió para ser la Madre de su Hijo a una hija de Israel, una joven judía de Nazaret en Galilea, a "una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María" (Lc 1, 26-27): «El Padre de las misericordias quiso que el consentimiento de la que estaba predestinada a ser la Madre precediera a la Encarnación para que, así como una mujer contribuyó a la muerte, así también otra mujer contribuyera a la vida» (Lumen Gentium 56; cf. 61)." Hermoso post. Feliz Navidad Remedios.
16/12/14 5:58 PM
  
Gabriel B
Preciosa reflexión. Muy femenina.
Varias veces he meditado el pasaje de la Visitación como la alegría compartida de dos mujeres ante la maternidad... Una experiencia que por razones obvias no tendré... jejejeje...
Saludos
16/12/14 6:35 PM
  
Roberto
Es verdad que ya en el curso de su vida pública Jesús no se impone a nadie pero sí que es profundamente radical (no fanático), su planteamiento no es, "bueno, esto es un camino más" "si quieres", "hay que ser tolerante con todos", "lo importante es ser buena gente", "todo es relativo", "depende de como se vea" "todos de una u otra forma se van a salvar", etc
No es fanático pero en su predicación muestra una radicalidad difícilmente entendible por la mentalidad actual.
"el que no recoge conmigo desparrama"
"que difícil es que un rico entre en el Reino de los Cielos"
"el que mira a una mujer deseándola ya cometió pecado en su corazón"
"si no os convertís, perecereis todos de la misma manera" (aplastados por la torre de Siloé).
"será el llanto y rechinar de dientes"
"si comeis mi carne y bebeis mi sangre no tendreis vida eterna"
"el que quiera seguirme que cargue con su cruz y se niegue a sí mismo"
etc, etc, no pongo las citas bíblicas pero seguro que os suenan ¿no?
A mí, personalmente me parece un mensaje bastante duro, no hay que entenderlo en clave de condena, por supuesto, pero en el fondo nos está diciendo "o me sigues o acabas en el abismo". O la fe o la perdición.
No es una propuesta melíflua, ni mucho menos
16/12/14 6:39 PM
  
Horacio Castro
Roberto. Se coló una errata. Es: San Juan 6,53. "Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si 'no' coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros." Saludos y Feliz Navidad.
16/12/14 6:51 PM
  
bon home
¿Y por que me borra el mensaje? ¿que habia de malo en el? :)
17/12/14 8:50 AM
  
Roberto
Horacio Castro.

Gracias por la puntualización.
17/12/14 1:52 PM
  
voy
*****
Dios no se impone, pero no es supérfluo. ¡ Ay, del que no lo admite !. Es todo un tremendo misterio: Me salvaré o me condenaré.
19/12/14 3:50 PM

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