InfoCatólica / Javier Tebas / Categoría: Sociedad

2.11.09

Yira yira

Me pregunto si no estamos haciendo suficiente. No puedo evitar pensar que defender la vida en una tertulia entre amigos, acudir a una manifestación o llevar unos piececillos en la solapa, son esfuerzos necesarios, pero todavía extremadamente pequeños en proporción a la magnitud de la atrocidad que tenemos delante.

Mientras vuelvo en tren a Madrid, cruzando a 300 kilómetros por hora los paisajes de España, me doy cuenta de que el engranaje de la sociedad funciona indiferente a cualquier mínima preocupación. El AVE de la mañana, en el tiempo que cuesta tomar un café y leer el periódico, nos lleva a todas estas personas al trabajo, a la universidad, quizás a casa después de un fin de semana fuera.

Entonces me doy cuenta de que es irremediable ser parte de esa corriente que vive en el día a día las facilidades de una sociedad que ha superado los límites del desarrollo y el confort. Somos una suma de individuos completando nuestra agenda rutinaria, interpretando un papel preestablecido en el que no hay lugar a la improvisación.

Leo en ABC que a 95 de cada 100 niños a los que se diagnostica Síndrome de Down durante la gestación les matan bajo el segundo supuesto de la despenalización del aborto. Un consenso eugenésico macabro que ha conseguido introducir una nueva “comodidad” en la sociedad del bienestar, la de no tener que ver ni cuidar a personas con alguna discapacidad.

Me dan ganas de escupir el café, que tiembla por el movimiento del tren junto al ordenador portátil. No solo porque me distraje escribiendo y ahora esté frío, sino porque estoy tan asqueado que se me ha hecho un nudo en el estómago. Estoy asqueado de un mundo hipócrita que se jacta con el humanismo paralímpico, con presidentes que ofrecen trabajo por la tele a jóvenes con Síndrome de Down, para luego cometer con ellos una temprana matanza sin precedentes. Estoy asqueado de una sociedad deshumanizada, autómata, que si apenas sabemos reaccionar no nos acercamos a agotar los recursos y esfuerzos que merecería evitar un genocidio de inocentes.

Pero desde la ventana del tren ya se ve el Cerro de los Ángeles y las afueras de Madrid, y como dice el conocido tango de Gardel “al mundo nada le importa, yira, yira”.

Javier Tebas
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14.10.09

La prostitución y quienes se lucran de ella

Aunque las culturas de Mesopotamia, los sumerios, los fenicios, los griegos y tantas otras sociedades ya practicasen la prostitución, no creo que por milenaria pueda justificarse de ningún modo. Tan milenaria y extendida fue también la esclavitud, el sometimiento de la mujer o tantas otras expresiones de la imperfección del hombre a lo largo de la historia.

Pero la prostitución hoy, sigue gozando de una cierta aceptación hipócrita por parte de la sociedad, que sigue sin querer ver la continua injusticia cada día ante sus ojos.

La progresía que se jacta de defender a la mujer, no ha sabido ser tajante con lo que no es otra cosa sino una explotación machista. Una explotación del hombre que somete la integridad más íntima de las mujeres a un puñado de euros, para satisfacer egoístamente sus vicios. Aquí no hay excepcionales voluntarismos como las cuatro señoras de dudosa capacidad mental que se pasean por los platos, afirmándose orgullosas de ser prostitutas. Aquí hay un raciocinio muy claro por el que a nadie le gustaría ver a un ser querido –una madre, una hija, una hermana- en esa situación. A nadie. Ni a los carcas conservadores más cavernícolas, ni al progres más desaforados.

Cuando decía más arriba que la sociedad no quiere ver la profunda injusticia cada día “ante sus ojos”, iba al pelo para los lectores de la prensa de papel, que publicita y se lucra de anuncios de prostitución descarados, pagados por redes mafiosas y explotadoras de mujeres de diversos países. Cabría recordar a los directores de estos periódicos, a todos, la Ley Orgánica 10/1995 que en su artículo 188 establece una pena de 2 a 4 años de prisión, y una multa de 12 a 24 meses, para quienes aún con el consentimiento de la persona, se lucren del ejercicio de la prostitución.

Hay una excepción entre los periódicos generalistas que no acepta anuncios de prostitución. Y no es El Mundo, La Razón, ABC, ni El País o La Vanguardia, todos esos son escaparate de redes mafiosas de prostitución. El único que curiosamente ha decidido no ser partícipe de ese delito es el diario Público. Si, ese panfleto descaradamente sesgado y ultraizquierdista. ¡Qué cosas!.

Javier Tebas
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15.09.09

Como Hitler en una manifestación contra el exterminio judío

Creo que debo ser el último loco reaccionario que ha llegado a esta conclusión enrevesada, pero me parece una contradicción insultante el hecho de que el Partido Popular apoye la manifestación del 17 de Octubre por el “Derecho a Vivir”.

Y digo que debo estar loco porque los hechos objetivos son los que son, la posición del PP con respecto al tema del aborto es pública, clara, cristalina y manifiesta. Mientras el Partido Popular gobernó en España -con mayoría absoluta- se dio muerte al amparo de la ley a millones de niños en sus primeras semanas o meses de vida. El mismo PP en la oposición, ha apoyado la vigencia de la actual ley del aborto -que ya ellos pusieron en práctica- muriendo más de medio millón de niños al año. Por si fuera poco han subvecionado clínicas privadas en comunidades como Madrid, que gobiernan con mayoría absoluta. Y todo esto, que puede parecer un juicio de valor “antipepero", no lo es de ningún modo, son datos objetivos al alcance de la mano de cualquiera.

Y a todo el mundo le parece normal que estos señores se adhieran y animen a asistir a una concentración por el “Derecho a Vivir”. Insisto en que debo estar loco. ¿Acaso les habría parecido normal que Hitler, se hubiese adherido a una manifestación contra los campos de exterminio de judíos?. Quizás sí, acaso si Hitler defendiese el exterminio como una “despenalización” en lugar de como un derecho. Demencial.

Seamos prácticos, veamos los hechos y no los aspectos técnicos de tipificaciones legales. A la persona que ha muerto no le puedes explicar que le trituraron bajo una despenalización o un derecho, da igual, está muerto. No podemos entrar en ese debate de mejores o peores “estatus jurídicos”, cuando a la postre hablamos de cientros de miles de muertes anuales.

Pasó en las grandes manifestaciones contra la LOE y el matrimonio homosexual. El Partido Popular solamente se sumó a ellas cuando tuvo la certeza de que iban a ser muy multitudinarias. Y no lo hicieron antes porque ya sabemos como funciona “el sistema”, la política se ha convertido en la habilidad de complacer a multitudes. Tanto le debe convenir al PP apoyar ciertas movilizaciones, que aun en una manifiesta contradicción con lo que públicamente han puesto en práctica, apoyaron las movilizaciones en defensa de la familia, contra reformas educativas, y ahora lo hacen apoyando la manifestación por el Derecho a Vivir del próximo 17 de Octubre.

La lógica es aplastante, haciendo una valoración de los hechos objetivos el absurdo y la ceguera me parecen generalizados, debe ser mi enrevesada mente reaccionaria cada día más atónita en este mundo de locos.


Javier Tebas
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8.09.09

Sobre mi generación y lo sucedido en Pozuelo

Como conozco bien a mi generación, no me ha sorprendido la noticia de los recientes altercados en Pozuelo de Alarcón. Por desgracia los disturbios son más que habituales en las fiestas de los pueblos de Madrid, donde es frecuente que las botellas vuelen y la gente rompa cristales y coches.

Nosotros, los jóvenes que nacimos cuando Lech Walesa había llegado a la presidencia de Polonia, quizás cuando caía el muro de Berlín o cuando los estudiantes encaraban a los tanques en Tiananmenn, hemos olvidado el idealismo -para lo bueno y lo malo- y hemos escrito un bochornoso punto y aparte en la historia de la juventud. Ahora los jóvenes ya no movemos un dedo por un ideal, no buscamos revoluciones, cambios o utopías. Si tiramos piedras y destrozamos cosas es simplemente porque somos subnormales (en el peor sentido de la palabra).

Nuestras vidas vacías de sentido se traducen en actitudes sin sentido, en gamberrismo absurdo de instinto animal, por parte de quienes creen que tirando piedras, pintando fachadas y quemando contenedores van a encontrar la forma de completarse como personas.

Tampoco me ha sorprendido que fueran chicos con un buen nivel económico. Nunca se puede generalizar, pero las mentes aburguesadas, apoltronadas, acostumbradas a tenerlo todo sin esfuerzo, suprimen cualquier capacidad de raciocinio.

Me imagino en comisaria a alguno de los detenidos en Pozuelo. En ningún caso justifico la violencia, pero el muy zopenco no tenía nada que alegar, ni siquiera estaba defendiendo una causa por mísera y absurda que ésta fuese. No protestaba ante el G20 contra el cambio climático, ni por la liberación de las ballenas o del coatí brasileño. El chico tiraba piedras a sus vecinos solamente “porque sí”. Manda… narices.

Pues esto es lo que hay, personas incompletas, insatisfechas, frustradas, que bajo el anonimato y el alcohol se convierten en cretinos en la busca enfurecida de sentir que son alguien. Esta es mi generación, la que dentro de poco va a tomar las riendas de la sociedad.

De momento Ángel Gabilondo, ministro de Educación, pide que los ayuntamientos organicen cursos de ocio y cultura para los jóvenes y se pregunta “¿qué estamos haciendo mal?". Es una pregunta retórica para dar la talla, no se les ocurra intentar explicarles lo que creen que se está haciendo mal, a no ser que no les importe que les tachen de retrógados y fascistas.


Javier Tebas
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9.08.09

En recuerdo de Mosén Marino

Cuando llegué al tanatorio solamente estaban dos sobrinos lejanos y mi madre. No había lágrimas o condolencias por el difunto, la vida se había llevado antes a la gran mayoría de las personas con las que había compartido su tiempo.

Hay personas que sientes cercanas y sin embargo, apenas les has llegado a conocer completamente. Quizás porque forman parte de anécdotas y recuerdos familiares que has escuchado una y otra vez los haces parte de tu identidad. Con Mosén Marino creo que me pasa algo así. Era muy amigo de mi abuelo y fue parte de la familia muchos años antes de que yo naciera.

Mosén Marino siempre me pellizcaba los mofletes con fuerza hasta hacerme apartar la cara, como si todavía fuese un niño pequeño. Quizás para él nunca dejé de serlo. Era su forma de saludar con cariño, como si fingiese que el tiempo no había pasado.

Recuerdo a Mosén Marino con una faria en la boca y una boina negra cruzada en la cabeza. Sí, “Mósen” era un cura de los de antes. Dedicó su vida a dos pueblecillos de Huesca tan pequeños como uno puede imaginar.

Se había ganado fama de gruñón, y probablemente con razón. Quizás esa primera impresión que causaba a la gente, me ha hecho apreciar más los detalles de cariño que vi en él. En el fondo era un nostálgico bonachón. Una persona que se entregó a Cristo hasta el final, y que hasta el momento de su muerte hizo el sacrificio de seguir atendiendo esos dos pueblos, pese a las taras físicas de la edad.

Me preocupé cuando murió porque sentí muy profundamente una deuda con aquello que me ha hecho como persona, mi familia. Con mi abuelo, al que le habría gustado que fuésemos la familia que Marino no tenía en el momento de despedirle.

Llevé en el hombro hasta el altar a quién me bautizó, a un hombre sencillo que pasará desapercibido por los libros de historia, pero que dejó para siempre mucho más de lo que nunca él podría haberse imaginado. Para mí Marino forma parte de mi infancia, de la vida de personas a las que debo todo. Así que allá donde estás Mosen, en la gloria de Dios, espero que te llegue mi más sincera muestra de cariño.

Javier Tebas
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