Por la obligatoriedad de la clase de Religión
La polémica en torno a las aulas es uno de los síntomas más tristes que nos muestra una sociedad enferma. Bien entrado el mes de octubre con el engranaje del curso escolar en pleno funcionamiento, no parece que estemos ante una situación exenta de controversias. Si la politización hacia determinadas ideologías en la enseñanza más básica, durante la edad en la que los niños forman su criterio moral, ha levantado ampollas con la obligatoriedad de “Educación para la Ciudadanía”. Parece que el empeño de ese eterno sector anticlerical del que España no se libra desde hace siglos, insiste por otra parte en poner más pegas y zancadillas a la clase de Religión, tal y como hemos podido leer en ésta página recientemente. Parece pues que nunca el anticlericalismo termina por saciar sus resentimientos.
Si como católicos acotamos nuestra petición, a exigir la libertad de que se imparta con normalidad y buen funcionamiento clases de religión católica exclusivamente para quien lo desee, hemos dado un paso atrás en favor del laicismo radical, que consiguió ya apartarla de la obligatoriedad curricular.

El día de hoy “Domingo Mundial de las Misiones” se nos presenta como una paradoja ante el futuro - que ya roza lo presente- donde los países occidentales, vamos a pasar por el cambio necesario de ser misioneros a misionados. Además misionados por los mismos a los que años atrás hemos llevado la Fe, y que ahora en Hispanoamérica, e incluso en África, fructifican con muchas más vocaciones a la vida consagrada y al sacerdocio que en occidente.
Pese a que la mayoría de obispos (no generalizo), teme abandonar la senda de la corrección política y la complicidad con el poder vigente, quizás con la buena intención de no causar demasiado rechazo social. Hay que reconocer que tal cosa no es así siempre. La actitud de la Conferencia Episcopal en ocasiones sigue siendo osada, valiente.
Ha nacido en Sevilla un bebé con unas características genéticas que permitirán a su hermano mayor a librarse de una enfermedad sanguínea grave. Los medios de comunicación nos lo han presentado entre penuria y penuria como la buena noticia del día, y seguro que más de uno en su casa ha esbozado una sonrisa. No quiero aguar ninguna fiesta, ni pisotear la única buena noticia del día que traen los telediarios, pero las cosas como son, no estoy de acuerdo en absoluto con ésta peculiar y novedosa “solución clínica”.
Quiso Dios que fuera un día 12 de Octubre de 1492, todavía de madrugada, cuando los ojos de Rodrigo de Triana divisaron tierra firme. Lo significativo de ésta fecha, no pasaría en vano a los ojos de la Historia, y está señalada por la providencia.