Morir y perdurar en el tiempo
El 21 de Mayo de 1972, un hombre llamado Lazlo Toth se abalanzó con un martillo sobre la Piedad de Miguel Ángel en el Vaticano, causando serios destrozos a una de las obras de arte más admiradas. Su único objetivo era el de grabar su nombre en los anales de la Historia.
Quizás movido por el miedo - desencadenado en una paranoia macabra- este joven australiano (residente en Hungría) expresó fatídicamente el temor a que su persona, pasase por el mundo desapercibida por el resto de los humanos. O a que su recuerdo fuese solamente uno más entre tantos millones, anónimos y olvidados por el ineludible transcurso de los años.
La obsesión por hacer perdurar nuestro nombre en el tiempo, por encima de la mera voluntad ejemplarizante en la memoria de nuestros seres queridos, que nos sucederán en él. Pone sobre la mesa actitudes llevadas al extremo, como la de Toth, y tantas cada cual más calamitosa en la Historia del hombre, que son consecuencia de la propia naturaleza humana, encarcelada en la barrera mental de ésta concepción espaciotemporal, a la que través de nuestras limitaciones físicas estamos avocados hasta la muerte, o mejor dicho hasta la resurrección.

Tras varios intentos de comprender - un poco al detalle- el sistema electoral americano. Terminé por abandonar el imposible, para conformarme con conocer a grandes rasgos tan genuina democracia, que a saber si el mismísimo Abraham Lyncoln llegaría a entender del todo, por su compleja amplitud funcional y sus laberintos electorales.
Además de subir a Segunda División, y estar cumpliendo con creces en cuanto a su buen juego, el club de fútbol de mi ciudad, la Sociedad Deportiva Huesca, comenzó ésta temporada estrenando una segunda equipación no solo bonita, sino también muy significativa.
La publicación de la “Opera omnia” del Santo Padre, que será una recopilación de sus escritos sobre la Liturgia, está al caer. Es tristemente previsible que la inclusión de un texto en el que Benedicto XVI argumenta y analiza las razones por las que es apropiado que el sacerdote celebre la Santa Misa de cara al altar, sea objeto de polémica por parte de determinadas personas. No deja de ser curioso que los que más se las dan de “progres”, son en la práctica los más intolerantes e intransigentes, y como ya hicieron en su día - me da la ligera sensación- de que no dudarán en escandalizarse y levantar polémica.
“And the ¡Bravo! goes to…” Mientras leía los nombres de los galardonados con el premio ¡Bravo! 2008 que otorga la Conferencia Episcopal, brindaba en mi interior - con la mente- un cálido aplauso a los afortunados. Tan caluroso resonaba en mi cráneo, como sí se tratase del mismísimo auditorio de Los Ángeles en plena gala de entrega de los Oscar. Pero las entusiasmadas palmadas perdieron intensidad cuando llegó la mención del premio ¡Bravo! de Cine, que fue para Karma Films. No tenía ni idea de lo que era (perdón sí soy un inculto del celuloide). Hay que reconocer que el nombre sonaba un poco a hindú, así que lleno de curiosidad, lo puse en el buscador.




