Por la obligatoriedad de la clase de Religión
La polémica en torno a las aulas es uno de los síntomas más tristes que nos muestra una sociedad enferma. Bien entrado el mes de octubre con el engranaje del curso escolar en pleno funcionamiento, no parece que estemos ante una situación exenta de controversias. Si la politización hacia determinadas ideologías en la enseñanza más básica, durante la edad en la que los niños forman su criterio moral, ha levantado ampollas con la obligatoriedad de “Educación para la Ciudadanía”. Parece que el empeño de ese eterno sector anticlerical del que España no se libra desde hace siglos, insiste por otra parte en poner más pegas y zancadillas a la clase de Religión, tal y como hemos podido leer en ésta página recientemente. Parece pues que nunca el anticlericalismo termina por saciar sus resentimientos.
Si como católicos acotamos nuestra petición, a exigir la libertad de que se imparta con normalidad y buen funcionamiento clases de religión católica exclusivamente para quien lo desee, hemos dado un paso atrás en favor del laicismo radical, que consiguió ya apartarla de la obligatoriedad curricular.
