Escolios escogidos


Nicolás Gómez Dávila puede ser cualquier cosa menos un pensador común. Para mí era un auténtico desconocido hasta que un amigo me dejó amablemente el libro que hoy traigo al blog. Pensó con buen criterio que me iba a gustar. Y acertó plenamente.

Gómez Dávila nació (1.913) y murió (1.994) en Bogotá, Colombia. Nunca asistió a la Universidad y fue educado por profesores particulares. Poseía una erudición vastísima, que le permitió escribir unos aforismos irónicos, cáusticos, corrosivos y llenos de inteligencia, que abarcaban todos los temas.

Nos encontramos ante un maestro de la paradoja, que recuerda a veces a Chesterton. Sin embargo, los rasgos que caracterizan a este filósofo colombiano es, por un lado, el de ser un antimoderno (en el sentido de Antoine Compagnon) irredento e irreductible y, por otro, su profundo catolicismo.

Aunque el autor es tildado de reaccionario, él – y yo con él – se define de la siguiente manera: «No soy un intelectual moderno inconforme, sino un campesino medieval indignado».

El libro que he tenido oportunidad de leer, llegó a mis manos gracias a un sacerdote amigo mío – de hecho, me casó – que con la amabilidad que le caracteriza me lo prestó. El título del volumen es «Escolios escogidos», editado por la editorial Los Papeles del Sitio, sita en Valencia de la Concepción. Pertenece el libro a una edición limitada de 200 ejemplares.

Como su nombre indica, Escolios escogidos, nos muestra una selección de sentencias de Gómez Dávila, realizada por el responsable de la edición, Juan Arana. Se tocan prácticamente todos los temas. Pero mejor será que Nicolás se exprese con total libertad:

Cuando la noción de deber expulsa la de vocación, la sociedad se puebla de almas truncadas.

Cuando definen la propiedad como función social, la confiscación se avecina; cuando definen el trabajo como función social, la esclavitud se acerca.

El día se compone de sus momentos de silencio. Lo demás es tiempo perdido.

La promiscuidad sexual es la propina con que la sociedad aquieta a sus esclavos.

El igualitarismo de las democracias liberales no suprimió a los ricos, meramente a los ricos decentes.

El progreso imbeciliza tanto al progresista que lo vuelve incapaz de ver la imbecilidad del progreso.

A las éticas formales el diablo acaba dándoles el contenido.

Pero sin duda, lo mejor son los aforismos dedicados al progresismo religioso:

Los cristianos de Nietzsche no son los de ayer, sino los de hoy. Historiador inexacto, pero tal vez profeta.

En el seno de la Iglesia actual, son «integristas» los que no han entendido que el cristianismo necesita una teología nueva y «progresistas» los que no han entendido que la nueva teología debe ser cristiana.

Los tontos antes atacaban a la Iglesia, ahora la reforman.

Los católicos no sospechan que el mundo se siente estafado con cada concesión que el catolicismo le hace.

Los que se consagran a «salvar el cristianismo» acaban ofreciéndole sus servicios como sepultureros.

No tiene desperdicio D. Nicolás. Todo magro.

Es una pena, por otro lado, que su obra no se encuentre disponible en el mercado español y haya que acudir al mercado hispanoamericano a conseguirla. Aparte de esta antología, la editorial Áltera publicó hace algunos años «Sucesivos escolios a un texto implícito», una lástima que no se pueda disfrutar en España de la sabiduría de D. Nicolás.

Sirva, por tanto, este artículo como petición, al que corresponda, para que las obras de D. Nicolás sean ofrecidas al público español.

3 comentarios

  
Aquilifer
Isaac:
Soy admirador entusiasta de D. Nicolás y no creo que a él le hiciera gracia tu bienintencionado intento de redimirle de su carácter reaccionario. Así se confesaba él, para honra suya y nada malo, sino todo lo contrario, tiene el pensamiento reaccionario, del que D. Nicolás es uno de los más eximios exponentes.
Véanse algunos ejemplos de su confesión reaccionaria:
«Los reaccionarios les procuramos a los bobos el placer de sentirse atrevidos pensadores de vanguardia»
«El reaccionario no es un pensador excéntrico, sino un pensador insobornable»
«A la tentación de estar de moda sólo escapa el reaccionario»
«Ser reaccionario es haber comprendido que a una verdad no se debe renunciar simplemente porque no tiene posibilidades de triunfar»
«La raíz del pensamiento reaccionario no es la desconfianza en la razón, sino la desconfianza en la voluntad»
«La objeción del reaccionario no se discute, se desdeña»
29/04/08 9:43 PM
  
Juanjo Romero
Isaac, me encanta coincidir contigo en gustos. Es una auténtica delicia, como Castellani.

Te dejo alguna de sus perspicacias sociológicas:

—Lo que aún protege al hombre, en nuestro tiempo, es su natural incoherencia. Es decir: su espontáneo horror ante consecuencias implícitas en principios que admira.

—Lo que aún protege al hombre, en nuestro tiempo, es su natural incoherencia. Es decir: su espontáneo horror ante consecuencias implícitas en principios que admira.

—La apologética debe mezclar escepticismo y poesía. Escepticismo para estrangular ídolos, poesía para seducir almas.

—El cristiano moderno se siente obligado profesionalmente a mostrarse jovial y jocoso, a exhibir los dientes en benévola sonrisa, a profesar cordialidad babosa, para probarle al incrédulo que el cristianismo no es religión «sombría», doctrina «pesimista», moral «ascética». El cristiano progresista nos sacude la mano con ancha risa electoral.
29/04/08 9:46 PM
Una errata: no es "Valencia de la Concepción", sino "Valencina de la Concepción". Saludos.
30/04/08 1:56 AM

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