Los copistas de la esquina de la calle
Cuando Avellaneda sacó su falsa segunda parte del Quijote, don Miguel de Cervantes dijo una sentencia que se ha cumplido siempre: “ Segundas partes, nunca fueron buenas.” En la vida de la Iglesia cuando alguien “copia” descaradamente el asunto pastoral que sea, el fracaso del plagio está asegurado.
Si, además, se pretende ridiculizar al primer autor de la obra equis, entonces se está cayendo en una falta de caridad, y con el código jurídico en la mano se puede acudir al juzgado de guardia más cercano para interponer la correspondiente denuncia contra el ofensor y copista.




