Los extremos del odio dentro de la Iglesia hacia la JMJ
La semilla del odio entre los seres humanos tiene una pareja ejemplar: los hermanos Caín y Abel. El texto bíblico lo expresa de forma sencilla para cualquier lector natural t con fe en la Palabra de Dios. El odio humano tuvo su culmen cuando los enemigos de Jesús de Nazaret lo llevan a morir en la Cruz, que así llega a ser el símbolo de la reconciliación.
Pero una cosa es la perfección del ideal de santidad y otra la realidad de la miseria humana pecadora. Dentro de la historia de la Iglesia los odios han existido y creado cismas, muertes, y lances alejados del signo del perdón mutuo.
Ahora, cuando estamos esperando a Benedicto XVI en Madrid, han surgido dos tipos de odio a la celebración de la JMJ. Uno está instalado en la izquierda eclesial enemiga de estas manifestaciones masivas de la fe en Cristo, porque se tira el dinero en dispendios inútiles habiendo tantos pobres a los que entregárselo. El otro está situado en la derecha eclesial más cerril, que no perdona que el inventor de estas Jornadas fuera el Beato Juan Pablo II, el Grande, a quien le tienen un furor propio de los patios colegiales, y les asusta y odian el “juanpablismo” como antesala de otros ismos que pueden llegar.










