5.05.17

Inculturación y multiculturalidad

Iglesia de San Pedro, Andahuaylillas, PerúVoy a comenzar una serie de publicaciones en las que quiero desarrollar un tema que pienso puede dar mucho juego para el debate. En esta primera quiero únicamente presentar la cuestión, de tal manera que los comentaristas puedan ir dando sus puntos de vista. Se trata de que, a través de las participaciones en los comentarios —que espero no falten—, podamos ir abriendo nuevas perspectivas enriquecedoras. Digamos que quiero poner en práctica aquel lema que propuso San Alberto Magno para su studium: In dulcedine societatis quaerere Veritatem.

Uno de los focos de atención hacia los que quiero dirigir mis aportaciones es el de la Evangelización de América, y los temas que se derivan de la misma. Anticipo que comparto el juicio de aquellos que consideran que este acontecimiento, que providencialmente protagonizó la gran nación Hispana, es la obra más grande del Dios Omnipotente, después de la Creación del mundo y su Redención por Jesucristo. En el marco de este tema apasionante, quiero plantear el asunto de la inculturación, que es omnipresente, hoy en día, en cualquier reflexión sobre las misiones y la Evangelización.

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4.05.17

A modo de presentación

Miguel Ángel, Profeta Ezequiel, Capilla Sixtina«Dos amores han dado origen a dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial. La primera se gloría en sí misma; la segunda se gloría en el Señor. Aquélla solicita de los hombres la gloria; la mayor gloria de ésta se cifra en tener a Dios como testigo de su conciencia. Aquélla se engríe en su gloria; ésta dice a su Dios: Gloria mía, Tú mantienes alta mi cabeza (Sal 3,4). La primera está dominada por la ambición de dominio en sus príncipes o en las naciones que somete; en la segunda se sirven mutuamente en la caridad los superiores mandando y los súbditos obedeciendo. Aquélla ama su propia fuerza en los potentados; ésta le dice a su Dios: Yo te amo, Señor; Tú eres mi fortaleza (Sal 17,2).» (San Agustín, La Ciudad de Dios, XIV, 28

Soy consciente que el título de este blog requiere una explicación. Y para presentarlo, como es costumbre hacer en este sitio que generosamente me acoge, parece oportuno empezar por ella.

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