Amen

Tú conoces, Señor, mi corazón y todos mis pensamientos y, al acercarme a ti en oración, sabes de antemano mis luchas, mis debilidades e incluso lo que te voy a pedir y lo que necesito realmente.
Amado Jesús, más que cualquier otra cosa, te quiero a ti, quiero tu presencia, quiero tu amistad, tu compañía; enséñame a ser tu amigo y que cada uno de mis días sea iluminado por la seguridad de que estás conmigo por tu fidelidad.
Amen
Lo que yo digo es que, si un ateo, un evangélico fundamentalista, un mormon, Testigo de Jehová e incluso un católico-pone-objeciones-a-todo, tuviera la mínima idea del agua que ha debido de correr bajo el puente para que de un alma brote una plegaria de este tipo, sería porque ha conocido la Misericordia de Dios, pero no parece ser así, parece más bien que lo único que posee es su corazón endurecido y amargo que utiliza como mazo para machacar y humillar a los que han sido regalados con la gracia de Su compañía.
Para todos ellos, el agua seguirá corriendo bajo el puente, es inevitable, por lo mismo imploro al cielo que consigan ver en esta vida de su alma brotar como un torrente una plegaria así.
Eso imploro para ellos y para mi, no olvidar nunca cuánta agua ha debido correr bajo el puente.
Amen

Finalmente he comprendido para qué está en mi vida el Trabajador Estrella.
Escuchamos a un Juan Pablo II que desde joven apostó a mantenerse fiel a la imagen del hombre que halló reflejado en la mirada del Señor, lo estamos viendo subir a los altares.
¡Lo he resuelto! O, al menos, empezado a hacerlo.
Me he limitado hasta el momento a observar las quejas de los fumadores españoles surgidas de la entrada en vigencia de la nueva ley y lo he hecho porque no sería la primera vez que me meto a opinar sobre un asunto español del cual desconozco los pormenores y salgo trasquilada; pero bien, llegó el momento de atreverme a decir algo y no más por un par de cosas que llamaron mi atención:





