Confiar o desconfiar
Para mi existen cosas tan fáciles de comprender sobre Dios que he llegado a la conclusión de que debe ser Gracia. Si lo es y provoca que en determinados aspectos comprender sus asuntos sea algo natural es probable que implique el que tendría que ser luz para mis hermanos. Esa es mi sospecha. Ya me dirán si me equivoco.

Tengo especial cariño por el cántico de Zacarías ya que lo conocí cuando después de estar muy alejada de Dios empecé a asistir a misa diaria con mi madre en la capilla de los padres terciarios capuchinos (Amigonianos) con quienes, además, rezábamos Laudes. Particular cariño le tengo al versículo 78 que dice así: “gracias a la misericordiosa ternura de nuestro Dios nos visita el Sol naciente para iluminar a los que están en tinieblas y sombra de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz.”
Algo de lo que había pensado hablar pero no lo había hecho debido a que todavía no tenía muy claro lo que diría es sobre el papel del orgullo y los prejuicios en tiempo de crisis.
Uno, sencillamente, no puede imaginar que para Juan o Andrés, Pedro o Santiago, para la misma María el Señor y la vida a su lado haya sido aburrida.
A ver, analicemos