Pisando huevos o como locazas desbocadas
Es mi impresión. Vamos por la vida de puntillas, midiendo gestos y palabras, hablando de cuatro generalidades para no molestar, evitando cada vez más cuestiones por molestas, incomprendidas o porque nosotros mismos cada vez tenemos las cosas menos claras. Mejor dicho, vamos de puntillas en algunas cosas y como locazas desbocadas en otras. Me explico.
Aquí mandan los medios progresistas de izquierdas. Ya saben, y vamos a dar nombres: El Pais, la Ser, la Sexta, Público… en lo civil, y Religión Digital en lo eclesiástico. Religión Digital cada vez manda menos, pero curiosamente es el terror de muchos eclesiáticos: ¡que no se enfade Vidal! Antes muertos que molestar a esta gente. Horror, terror y pavor que pudiera sacarnos Guarroming en la Sexta o que Vidal y Bastante nos tachen de ultraconservadores. Por tanto, nada que pudiera molestar a estos medios.

En la Iglesia tenemos, se supone, normas. En la práctica, meramente orientativas y sujetas a que cada uno haga con ellas lo que quiera.
Esta mañana, a la hora del desayuno, me he fijado en el cestillo de las medicinas que ocupa un lugar estable en la cocina de la casa parroquial. He vuelto la vista atrás, mucho más atrás, y pensaba que un servidor, hace años, no sabía qué era eso. Lo más que había en casa era una caja de aspirinas para el caso de algún dolorcillo de cabeza o un catarro imprevisto, alcohol, agua oxigenada, tiritas y mercromina y ya.
Aquí el que no se consuela es porque no quiere. Los hay emocionados por el proceso sinodal en España. Hacen bien. Las emociones son libres. Los ridículos, también.





