La iglesia patriótica catalana
Resulta realmente curioso e interesante comprobar cómo los países de dictaduras más consolidadas han intentado crear “su” propia Iglesia que dé razón a sus desvaríos y ensoñaciones. La cosa viene de lejos.
Ahí tenemos al “bueno” de Enrique VIII de Inglaterra que fundó su propia iglesia habida cuenta de que en Roma se empeñaban en recordarle de forma molesta y machacona la vigencia del sexto mandamiento. Pues nada, hombre, el jefe de la iglesia soy yo y me dispenso lo que me venga en gana.
Hoy tenemos una iglesia patriótica china que se maneja a su antojo sin tener que obedecer ni someterse a los caprichos de Roma. Y en Venezuela ahí andan, no sé si con demasiado éxito, lanzando la iglesia chavista, sin más objetivo que aplaudir las chorradas de Chávez y legitimar lo que no es más que un conjunto de barbaridades.

“Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras”. Cosas tenedes, cosas veredes, cosas estamos viendo, amigos, que farán fablar las piedras, las redes sociales, las linotipias, los mudos y los muertos.
En víspera del domingo “gaudete” puede ser buen momento para hablar de esto. Porque tendrán que reconocerme que hay pasajes del evangelio que no es que saquen una sonrisa, es que te arrancan la carcajada. Voy a referirme a tres, empezando por el texto de mañana domingo.
No pensaba escribir nada del asunto, y menos después de lo que escribió hace unos días el





