Nada con sifón. Diez palabras para quedar bien y no decir nada

Los cristianos vivimos mucho de frases hechas y palabras bonitas que parece que dicen todo pero que no comprometen a nada. Tenemos algunas palabras que son como el perejil de Arguiñano: no aporta nada pero adorna.
Me gustaría que al hablar de los pobres alguien me diera alguna idea CONCRETA además de eso tan lindo del amor universal y solidario, que queda bien pero no alimenta. Que al hablar de la confesión me aclararan si es bueno confesarse, cuándo y cómo y de qué. Que me concreten si el aborto es un crimen o nos quedamos en el cada cual sabrá. Pero lo que me temo es que las palabras lindas en el fondo no son más que la careta que me permite hacer lo que quiera en cada instante disfrazándolo de espíritu evangélico por decisión propia.

Rocío es gitana de pura cepa y orgullosa de serlo. Nos conocemos desde hace tiempo, cuando su parroquia nos la derivó a Cáritas para que la ayudáramos con alimentos. No sé cuántos churumbeles y una alegría que no la cabe en el cuerpo.
Hay cosas que te dejan un triste regusto en el alma. Hace unos días me vino Francisco, un niño que hizo la primera comunión en la parroquia hace dos años. Los ojos enrojecidos y una carita de pena de esas que no se olvidan. Llevaba unas semanas sin saber de él y entre sollozos me contó el motivo: flojea algo en el comportamiento y en consecuencia mamá le ha castigado sin ir a misa los domingos. ¿La razón? Que le gusta mucho venir, así que se acabó. No pude decirle muchas cosas. Simplemente que tiene que portarse bien, estudiar, ayudar en casa. ¿Qué otra cosa vas a explicar a un chiquillo de doce años?
El pasado 19 de marzo, hace exactamente hoy ocho meses, el papa Francisco celebraba la misa de inicio de su pontificado. En este tiempo el papa se ha convertido en una figura muy especial. Claramente no deja indiferente a nadie. Sus gestos siempre llaman la atención, desde el primer día.
Es de las cosas que peor llevo en la parroquia. Un crío portándose digamos que solo regular. Apareces por la iglesia y en ese momento escuchas a la mamá o a la abuelita la frase lapidaria: “pórtate bien que te va a regañar el señor cura”.





