Misa tradicional. Los peores enemigos están dentro
Para empezar, vamos a ponernos de acuerdo en que es la Iglesia quien ha recibido del Señor el encargo de anunciar el evangelio y de administrar los dones de la salvación. Vamos a confesar que es la Iglesia quien tiene potestad para determinar cómo celebrar los sacramentos en modo y tiempo. Es la Iglesia quien regula cómo celebrar correctamente la Eucaristía, los posibles ritos, tiempo y lugar y demás circunstancias.
Hoy en la Iglesia subsisten diferentes ritos aprobados por ella para celebrar la Eucaristía. El más conocido y generalizado, el que tiene como referencia el misal de Pablo VI, con el que celebramos en la inmensa mayoría del orbe católico. Junto a él subsisten otros como podría ser el ambrosiano, el siro malabar, el mozárabe o el maronita. También, cómo no, el que sigue el misal de San Pío V, llamado hoy “rito tradicional”.

En estos últimos días, desde que saltó a toda la prensa la palabra “Valdeluz”, son ya unas cuantas las personas que me preguntan por el asunto, muy posiblemente con la vana pretensión de obtener de mí alguna revelación secreta o al menos palabras de reproche contra lo que ha sido mi vida durante años. Insisto: vana pretensión.
Hace unos días ha pasado por aquí un grupo de voluntarias de Cáritas de una parroquia vecina para conocer nuestros proyectos, especialmente en el tema de empleo. Buena gente, entregada, solidaria, acompañadas por la trabajadora social de la zona que es quien anda coordinando y animando sus proyectos.
Poca cosa hay más falaz que presentar la disidencia pura y dura con la doctrina de la iglesia bajo capa de mansedumbre, humildad, bonhomía, deseo de autenticidad y vuelta al más puro espíritu del evangelio, en el camino del Vaticano II, y en la confianza de que “volverá a reír la primavera, que por cielo, tierra y mar se espera”. Echo en falta lo de “arriba hermanos a vencer, que en la Iglesia empieza a amanecer”, pero lo dejo como sugerencia por si a alguno le vale.
Hoy se cumple el año de la inauguración de la capilla de adoración perpetua en la parroquia. Escribo este post para contar a los lectores cómo estamos viviendo el aniversario y para animar a sacerdotes y parroquias a abrir nuevas capillas. Los frutos son extraordinarios por pura misericordia de Dios.