Piedad no cree que Dios sea todopoderoso
Te quedas, como vulgarmente se dice, a cuadros. Llevaba yo creo que años y años sin ver a Piedad. Bonito encuentro de amigos, del cura con una antigua feligresa. Creo que los dos hemos cambiado. Ella cada vez más progre y liberal. Servidor, por lo visto, convertido en un radical de cuidado. Cosas de la vida.
De todo lo que hablamos en un rato hubo una cosa que me llamó poderosamente la atención. No me digan cómo surgió el asunto pero el caso es que Piedad me confesó que ella no cree que Dios sea todopoderoso. La cosa ciertamente tiene bemoles, porque si Dios no es todopoderoso directamente deja de ser Dios para convertirse en otra cosa, eso te lo explica el filósofo más elemental.

Quisimos hacer una fe desnuda, tan desnuda, que mucha gente se quedó huérfana. Decidimos que “su” fe, apoyada en imágenes, devociones, tradición, sentimiento e incluso mucho sentimentalismo, traducida en ofrendas, promesas, penitencia era una fe que nosotros, con la boca llena del “hay que respetar” decidimos unilateralmente calificar de “falsa”, “mágica”, “preconcliliar” y “alejada de la realidad”.
Me sucede año tras año. En cuanto empiezo a preparar las últimas cosas del jueves santo normalmente en la tarde del miércoles, se me pone un nudo en la boca del estómago que me dura hasta la mañana del viernes. Cosas mías, qué les voy a decir.
Alguna vez he hablado de esta ocurrencia. Vuelvo sobre el asunto porque cada vez nos parece más interesante y útil para la vida de la comunidad parroquial.