Saludos desde Jordania
Un saludo para todos los amigos de Infocatólica desde Jordania. Aquí estamos un grupo de treinta y cinco personas dispuestos a recorrer juntos el país de Jesus, la tierra santa, el quinto evangelio que dijo Benedicto XVI.
Hora de descanso en el hotel dispuestos a comenzar nuestra peregrinación nada menos que en el monte Nebo, el lugar de la muerte de Moisés, donde Dios le permitió llegar a ver la tierra prometida, pero no pisarla por haber dudado de las promesas de Dios.
Mañana sábado, a las nueve de la mañana, diez de la mañana en España, celebraremos la eucaristía y pediremos a Dios nos conceda vivir esta peregrinación como un camino de fe.
Mucha ilusión a partir especialmente de la noche de mañana en Tiberiades, que ya nos permitirá pasear junto al lago a la espera de un radiante domingo en el que tenemos previsto celebrar la Eucaristía nada menos que en Nazaret.
Aunque casa vez es más común la conexión wifi en los hoteles, no respondo de la posibilidad de poder escribir algo cada día, aunque lo intentaré. Estoy con la tablet y pido disculpas desde ahora por sí no soy capaz de editar especialmente bien los textos.
Pisar por donde pisó Jesús. Mirarse en el mismo lago. Dejar que el desierto de Judea ilumine la mirada. Qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor. Esto es vivir la tierra de Jesus. Volverse loco con los peces en el río en Belén aunque sea julio. Arrastrar una cruz por la vía dolorosa. Tocar la resurrección en el santo sepulcro. Poder proclamar un sacerdote en el cenáculo que quiere ser sacerdote para siempre. Renovar el sacramento en Caná los matrimonios presentes. Dejarse llenar de Jesús.
Rezaremos por vosotros. Por lo demás tranquilos. Dicen que hay guerra. Pues vale. De momento no nos enteramos de nada.
El grupo es diverso. En él algún adorador de la capilla de adoración perpetua, una voluntaria de Cáritas, colaboradores de la parroquia,amigos… Un ambiente fantástico. Qué grande es Dios.

¿O acaso lo dudan? La comunicación del rectorado de la Universidad Complutense de Madrid al arzobispado de Madrid de que mañana martes procederán a desmantelar la capilla de la facultad de Geografía e Historia es un punto y final.
Es que somos así, es como si en el día de la ordenación se nos transformara algún gen y desde ese momento adquiriésemos el vicio de poner pegas a todo y por todo. Es verdad que hay compañeros que lo superan y a todo dicen que sí, pero consideren el hecho como esa famosa excepción que confirma la regla: el cura, por ser cura, sufre permanentemente una irresistible inclinación a poner pegas a todo, a todos y por todo.
Decidió don Jesús aprovechar el verano para ofrecer a los fieles de su pequeña parroquia unas sencillas charlas de formación. Decía el buen cura que en cuaresma había cuatro en el pueblo, pero que ahora, con la cosa de los veraneantes, siempre se llegaba a más gente. Así que lo tenía como costumbre.
No nos falta razón a los curas cuando nos quejamos de que a las parroquias nos llegan demasiados trastos. Cualquier compañero sabe de imágenes y cuadros infumables que alguien llevó a la parroquia convencido de que “todo vale”. Como tampoco extraña abrir las puertas del templo y encontrar cuatro bolsones de ropa, dos sillas a medio uso, un televisor obsoleto y un conjunto de sartenes con más uso y más grasa que el palo de un churrero que alguien generosamente donó en favor de los pobres, que ya se sabe que se muestran encantados de poder llevarse a casa la sartén con la que la señora María ha frito empanadillas en los últimos veinticinco años y si encima lleva la grasa incorporada, pues mejor.





