De párrocos y vicarios. Por si sirve
Con mi post de ayer se abrió el melón de las no siempre fáciles relaciones entre párroco y vicario parroquial, lo que en tiempos se denominaban coadjutores. Muchos estereotipos. De un lado el párroco mandón que tiene al pobre cura joven asustado, en un puño, que no le deja respirar y que hasta le mantiene asfixiado económicamente. También podría darse el extremo del vicario parroquial poco amigo de trabajar, que hace lo que le viene en gana y que necesita para sus labores pastorales más presupuesto que la catedral de la Almudena. O el párroco progre pasado de rosca que todo lo sabe o el vicario puntillista que se escandaliza ante una genuflexión no exctamente bien ejecutada. O a la vicevrsa.
En medio de estos dos extremos, podemos colocar todas las matizaciones que consideremos oportunas y sacar a colación una multitud de casos particulares. Más que eso lo que pretendo es hacer una pequeña reflexión sobre algunas cosas que yo creo que habría que tener en cuenta para que párroco y vicarios parroquiales puedan vivir como hermanos y colaborar y ayudarse en el trabajo pastoral y a ser buenos sacerdotes.

En una ocasión, comentando con alguien el evangelio del domingo pasado, la parábola del juicio final de San Mateo ¿recuerdan? “Venid benditos de mi padre porque tuve hambre y me disteis de comer…” Me decía que si al final nos vamos a salvar o a condenar por eso, que qué sentido tenía entonces rezar, formarse, leer la escritura o celebrar los sacramentos. Que no dejaba entonces de ser una pérdida de tiempo. En el fondo subyacía algo clave: ¿nos diferencia, nos debería diferenciar algo de una ONG al uso? ¿Qué nos aporta la fe en esto?
Tienen los fieles tal impresión de falta de autoridad en sus pastores que cuando un obispo ante una situación especialmente complicada señala que hasta aquí hemos llegado y toma una decisión firme, decimos que ha pegado un baculazo. Por ejemplo: vaya baculazo, ¿no te has enterado? El obispo llamó ayer al párroco de Tal, le ha cantado las cuarenta por aquello que ya sabes y sin más, trasladado a la otra punta.
Me encuentro con gente que me sugiere que en algunas celebraciones, especialmente en las muy especiales o en aquellas que se da una mayor abundancia de niños, tengamos en la parroquia una especie de monitor – comentarista que vaya explicando los gestos, los signos, las partes de la celebración.
Hace algún tiempo





