Qué cosa sea la auténtica misericordia
No cabe duda de que una de las palabras, o mejor la palabra que identifica el papado de Francisco es “misericordia”. Tanto que hasta tenemos en puertas un año jubilar especial dedicado a ella.
Desgraciadamente descubro que mucha gente está comprendiendo mal esta palabra. Unos, los más, porque dicen que el papa con esta realidad lo que nos muestra es un camino de completa tolerancia con situaciones irregulares, vidas personales difíciles, pecados personales y colectivos. Identifican la misericordia con un hay que respetar, hay que tolerar, no se debe juzgar, quiénes somos nosotros, la Iglesia, para imponer criterios o valores. Equivocados están si así interpretaren las palabras de Francisco. El papa no puede decir tal cosa, comprender ni presentar así la misericordia.

De cuando en cuando pasa. Se te ocurre decir en la parroquia algo que no gusta, o recordar las normas de siempre, y lo primero que te encuentras es la amenaza: “lo que hay que hacer es llamar a Telemadrid, o a la prensa, o acudir al Facebook y este cura que se entere. (Las televisiones van. Sacudir a un cura, sobre todo si es conservador, siempre vende).
Es mi impresión, y como tal la cuento. Mejor dicho, mi impresión y la de muchos compañeros y no pocos fieles. Vivimos en una Iglesia débil, fragmentada, convertida en una especie de reino de taifas donde cada parroquia es una iglesia particular, cada sacerdote un pontífice, cada laico o grupo de laicos una autonomía cuasi personal.
A propósito del bautizo de Cádiz y su discutido padrinazgo se han escrito multitud de consideraciones que van desde rectificar es de sabios a bajada de pantalones. No es mi intención valorar la decisión, sino más bien hacer una reflexión sobre el papelón que le tocado hacer al párroco que no es otro que el que nos toca a veces hacer a otros.
Lo malo no son las memeces, lo malo son los pobres que se las tragan. En titulares en algunos medios digitales, e incluso en informativos de televisión dan como noticia de extraordinaria importancia que el papa Francisco I, ha afirmado, hablando de los divorciados que han contraído un nuevo matrimonio: “estas personas no están excomulgadas, y no deben ser tratadas como tales. Siempre forman parte de la Iglesia".





