Talleres de economía doméstica. Y de paso dar a conocer por qué estamos en Cáritas
La semana que viene comenzamos en la parroquia unos talleres de economía doméstica destinados especialmente a las familias usuarias del economato. Fue una decisión de los voluntarios tras venir observando durante tiempo la forma de administrarse y de funcionar de muchas de las personas que acudían a hacer su compra a este servicio de Cáritas parroquial.
Algo falla, me decían, cuando hay gente que llega al economato, hace su compra con el dinero que puede gastar según su carnet y, si sobra un euro, se lleva leche. Pues no, la leche lo primero, y si sobra, galletas. O gente que te manda un “guasap” para decirte que no acude a la compra porque no tiene dinero.

Concluyó, por fin, el Sínodo. Una
Llevaba tiempo sin echar una buena parrafada con Rafaela. La llamé anoche porque un amable comentarista me pidió la opinión de esta buena mujer sobre ir a misa y rezar por el papa. Su respuesta solo podía ser una: ir a misa y rezar por el papa, aunque matizando: rezar por el papa y su ministerio, no por sus intenciones que no me fío.
La falta de transparencia es total, por eso no hay que extrañarse de dimes, diretes, hablillas y rumores. No era tan complicado dar a conocer las intervenciones en el plenario, así como la composición de los círculos menores. Luz y taquígrafos. Nada. No se sabe nada. Bueno, se sabe que, si parece que dicen, me han contado, yo tengo una fuente de toda solvencia… ¿Así se piensa alguien que es la forma de cortar la rumorología? Así justamente se fomenta.
Tengo una feligresa, una Rafaela cualquiera, que cada vez que escucha la última parte de la parábola del hijo pródigo se la llevan los demonios. Porque a ver, dice ella, ¿tan malo era el hijo mayor? Toda la vida fiel, trabajando por la casa común, obedeciendo al padre, y sin un solo detalle por parte de este, ni siquiera un ternero por una vez en la vida. Nada de nada. Pero cuando llega el hermano menor, después de haber dilapidado la herencia, todo son fiestas, alegrías y dispendios. Encima, para la historia y la exégesis, qué malo el hermano mayor. Y dentro de lo malo, al menos el menor, después de unos años de pecado y alejamiento, regresó arrepentido a la casa paterna. Menos mal.





