Elogio de la rutina como fuente de santidad
Complicadillo que es un servidor, empeñado en hacer las cosas al revés y de paso “suscitar” nuevas amistades, o al menos eso me dicen, que uno siempre haciendo amigos.
Es que verán, una de las cosas que más se escuchan por ahí, de manera especialísima en las cosas de la fe, que lo importante es no caer en la rutina ¿a que sí? Como si lo de hacer las cosas de manera rutinaria las privara de todo valor.
Ya les digo que servidor el caso es llevar la contraria, por eso me declaro ferviente partidario de la rutina, defensor, promotor, apologeta y amparador de la tan denostada como poco bien conocida hermana rutina. ¿Por qué este decisión? Porque en definitiva lo que da vida y lo que da vida eterna es una vida “ordenada”, “metódica”, “arreglada”, poco “emocionante” pero profunda y arraigada.

Parece que hay gente feliz con ello, pero un servidor lo está pasando mal. Quizá por mi propia forma de ser, tal vez por educación o genética. Qué sé yo. Lo único que puedo constatar, lo único que puedo decir ahora mismo es que solo sé que no sé nada, y que lo único que llego a comprender es que no comprendo nada.
Básicamente, este post lo publiqué hace más de dos años. Pero es que ahora, con lo de los refugiados, y sobre todo con el asunto del tan próximo sínodo sobre la familia, en cuanto dices que eres partidario de lo que ha dicho siempre la Iglesia y recuerda la Famiiaris Consortio y por supuesto el catecismo, directamente te tachan de ultracatólico y no hay necesidad de discutir más.
Las Rafaelas están por todas partes. Viajan, pasean, leen y hasta se meten en internet. Y cuando algo no lo entienden, o simplemente tienen la sensación, muy posiblemente falsa, de que alguien, especialmente un clérigo, les anda buscando las cosquillas, pues además de rezar por el susodicho, que me consta lo hacen, pues directamente patalean, chillan, lo dan a conocer y me lo envían por si tuviera a bien decir algo.
Acoger. Eso no se duda. Ante el drama de los miles y miles de refugiados que están abandonando su tierra desde Siria de manera especial y desde otros países aledaños, hay que darlo todo y acoger a estas personas como sea. De hecho, hay que ver la explosión de solidaridad que se ha destapado en toda Europa y la generosa respuesta de instituciones, familias e individuos.