La importancia de saber a qué atenerse
Una de las cosas que más descoloca a la gente, y en consecuencia a los católicos, es eso de andar por la vida sin saber exactamente a qué atenerse. Cuando la gente se sabía el catecismo, y cuando nadie ponía en duda su validez, empezando por los curas, la cosa era evidente. Las afirmaciones de fe claras, la moral indudable y la liturgia intachable. Esto es lo que hay, se sabe, y se cumple, y el que se coloca fuera es un pecador y punto final.
Esto hoy no existe. En teoría, sí. La doctrina es clara, la moral clarísima y la liturgia perfectamente regulada. En la práctica todo resulta aleatorio. Esa es al menos la sensación de muchos fieles.



Teníamos nuestros miedos. La parroquia, pequeña en feligreses. Apenas llegamos a los nueve mil. Mucha gente que nos había dicho que salía ya ayer mismo. Desde primera hora las carreteras colapsadas. Y encima, para más INRI, se anunciaba lluvia por la tarde. No solo se anunciaba, sino que media hora antes de la salida de la procesión, más que llover, jarreaba, que dirían los castizos.





