Rafaela pide la palabra
Tiene la sana costumbre nuestra amiga Rafaela de leerse las lecturas del domingo con días de anticipación, y así cuando va a misa ya sabe de qué va la cosa. Pues bien, me dice, me cuenta que lleva toda la semana rumiando unas palabras de la primera lectura de este próximo domingo: “Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres”.
Explícate…
Me explico.
No he tenido oportunidad en mi vida apenas de estudiar y de formarme como me hubiera gustado, pero en las cosas de la fe puedo decir que tuve una excelente maestra y unos sacerdotes que me supieron explicar el catecismo sin que hubiera duda alguna.

La Universidad Eclesiástica de
Día de todos los santos. Los cementerios, a tope. Ayer pude ausentarme de la parroquia por la tarde para acudir al cementerio del pueblo y rezar por mis padres y demás familiares. Es una sana y piadosa costumbre que aprendí de mi madre: ir alguna vez al cementerio y recorrer las sepulturas de los parientes y amigos para rezar un breve responso en cada una de ellas.
Contenido y tenso. Porque aquí nadie dice nada, pero hay mucho murmullo entre dientes. No se dice nada en alta voz porque el papa es el papa y un católico medianamente formado no se pone a despotricar contra el santo padre y menos en público. Un católico formado calla, acepta la providencia, reza por el sumo pontífice y si tiene algo que comentar lo dice a su director espiritual o a alguna persona de toda confianza.
Hace un par de días supimos, a través de los medios, el nombramiento del cardenal español Ricardo Blázquez como miembro de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos. En principio nada que aportar, si acaso sus anteriores nombramientos para otras tres congregaciones y además en la administración de patrimonio de la Santa Sede. Afortunadamente tiene un obispo auxiliar.