El día en que don Senén quiso ingresar como novicia en las expeditinas
Tan tranquila estaba sor Visitación de la Santísima Trinidad junto al torno, repasando unos purificadores mientras rezaba sus consabidos padrenuestros por las ánimas del purgatorio e incluso daba una cabezadita de cuando en cuando. Invierno, braserito a la antigua, silencio… y hasta el gato ronroneando.
Se sobresaltó con el sonido de la campanilla y sobre todo con un vozarrón entre estibador de puerto y camionero curtido que soltó un educado “Ave María Purísima”. Soy Senén García de la Pompadour.
- Sin pecado concebida, hermano… ¿qué desea?
- No soy hermano, sino hermana.
- Perdón, me debí confundir por la voz, respondió mientras abría la celosía aneja para descubrir un tiarrón de dos por dos, provisto además de muy poblada barba. ¿En qué puedo servirle? Tenemos unas yemas exquisitas de san Expedito y los mantecados de san Anselmo.

Mis lectores son gente tenaz, de buena memoria e insistentes en sus interpelaciones. Dices algo y, como es natural, luego preguntan qué pasó, no sea que te hayas tirado un farol y después de la bravuconada la cosa quede en el aire. Los hay incluso que, Dios les conserve la vista, me dicen que yo amago, digo, pero que ni hablo claro ni me atrevo a llevar a cabo mis proyectos porque en el fondo soy un asustadizo. Pues vale.
Belleza o fealdad son ideas muy particulares. Hay categorías mensurables y las hay que naranjas de la China, que solo entran en el apartado gustos personales, que es una sección muy particular sobre la que, ya saben ustedes, no hay nada escrito.
Pues sí. Y se pueden rasgar las vestiduras con las manos y los pies, vestirse de saco y ceniza y comenzar las cuarenta horas en desagravio. Por mí como si quieren lanzar una campaña en las redes contra ese cura infocatólico que dice cosas tan raras. A mí plin.





