Nos importa tres X que nos cierren la edición
La libertad de expresión es la capacidad que tiene uno de hablar a favor del poder establecido, sea por lo civil, sea por lo eclesiástico. Más aún, cuanto más se oye hablar de libertad de expresión, cuanto más se exalta y se promociona la necesidad de expresarse libremente, más cuidado hay que tener con lo que se dice (axioma de Logos).
Por ejemplo, todos somos libres para hablar del papa Francisco y su ministerio. El problema es que como esa libertad se use para mostrar discrepancias o para pedir explicaciones, la has liado. De hecho, miren lo que ha pasado con los cuatro cardenales y su carta, que aquí mucha libertad, pero como digas algo inconveniente te crucifico. Por tanto, libertad, pero unidireccional y siempre vigilada. Lo de salir en la foto ¿me comprenden?
El poder nunca quiso discrepancias sonoras. Está bien eso de mantener pequeñas diferencias en cosas más bien de tipo secundario, pero como se ponga en duda una línea o se denuncien situaciones concretas, ahí la has pifiado. Se pasa de la libertad de expresión a la alta traición, y eso se paga, y esto se sabe.

Antes de nada, amables lectores. ¿Cómo ven ustedes las cosas ahora mismo en la Iglesia?
La verdad es que, aunque el título lo pone abreviado, me soltó el palabro entero. Que si, padre, que lo que yo soy es un gili con todas las letras. Hombre… Pues sí, y se lo explico.
Cualquiera que conozca mínimamente la archidiócersis de Madrid sabe que a don Leropoldo Eijo y Garay, obispo titular de Madfrid desde 1922 hasta su muerte, ocurrida en 1963, se le conocía popularmente como “el patriarca” desde que el papa Pío XII, en 1946, le concediera el honorífico título de patricarca de las Indias Occidentales, título por cierto que nunca más volvió a otorgarse.
Hace mucho que no les cuento cómo va el economato de Cáritas parroquial. Se lo cuento hoy aprovechando que acabamos de firmar un año más, creo que este es el cuarto, la renovación del acuerdo que mantenemos con Natixis, financiera francesa, que es quien nos garantiza unos importantes ingresos cada mes que salen en un buen porcentaje de los propios empleados (ahora es cuando salen dos o tres puristas con eso de bancos inmorales y financieras al paredón).