Domingo de ramos: serán los mismos
Les dejo la reflexión que un servidor ha dejado esta mañana en Radio María. Por si les vale en esta mañana de domingo de ramos.
Cuenta la historia que cuando el rey Alfonso XII entró en Madrid el año 1875, fue recibido por una ingente multitud que lo fue vitoreando por toda la ciudad. Impresionado el joven monarca por el apoteósico recibimiento, se dirigió a uno de los cercanos para agradecerle tan extraordinarias muestras de bienvenida. Gracias majestad, repuso, pero esto no es nada ¡si hubiese visto cómo gritábamos cuando echamos a su madre!

La Virgen es fea. Mejor dicho, la imagen de la Virgen de los Dolores que veneramos en la parroquia, es fea. Eso me dicen. Sin embargo, a mí me emociona porque me parece que es una imagen de Nuestra Señora del todo real.
En España, al menos, y en una buena parte de Hispanoamérica, la teología de los años setenta y ochenta, llegando en muchos casos hasta hoy, se ha nutrido de una serie de personas que alcanzaron y hoy mantienen la categoría de intocables e infalibles. Sus textos estaban por encima de toda crítica y revisión. Eran textos, perdón por el palabro, “axiomáticos”: no necesitaban demostración. Eran la demostración, el paradigma, la verdad cuasi con mayúscula.
Leo estos días que desde
Quien paga manda, y nos puede pasar que, por recibir subvenciones para algunas actividades netamente católicas y eclesiales, nos quieran hacer pasar por el aro y encima crearnos mala conciencia.