Cuentos chinos
Eso quisiera yo. Que todo lo que se viene escuchando estos días respecto a la relación entre China y la Iglesia católica o a la viceversa, que tanto monta, se quedara en cuentos chinos, y ya saben lo que es eso: pura fabulación sin parecido alguno con la realidad.
Ya quisiera un servidor que esos rumores, o no tan rumores según el cardenal Zen, fueran meros cuentos chinos. Me refiero a esa noticia, pseudo noticia, rumor, posibilidad o dato contrastado, que dice que desde el Vaticano se está pidiendo la renuncia a sus sedes de obispos fieles a Roma, para colocar en ellas a otros obispos consensuados con el gobierno chino. Si esto es tan solo un cuento chino, pues como broma pre carnavalesca no está mal. Si es una realidad, la cosa se pone muy fea, porque supondría una falta de respeto a los obispos encarcelados por fidelidad, a los laicos escondidos, a tantos mártires por fidelidad a Pedro.

Va para dos meses que empecé a pedir paga por leer mis posts. Paga chica o grande, depende. Chica porque una avemaría es apenas unos segundos. Grande, porque el valor de la oración es inmenso. En estos dos meses son cientos, miles, las avemarías que se están rezando por tres pequeñísimas parroquias de la sierra norte de Madrid: Braojos, Gascones y La Serna del Monte.
Me sigue sorprendiendo cuando se acerca alguien a confesar o pedir consejo para su vida espiritual, muchas veces me diga que “tiene que ser capaz”. No solo es que me sorprenda. Es que cuando oigo esas cosas, directamente corto y digo que no, que no es eso.