Reivindicación de Poncio Pilato
Les digo que casi que estoy por lanzar una recogida de firmas en change.org o similar, porque el pobre Poncio Pilato ha sido denostado, ridiculizado, puesto en un brete y de paso en solfa como ejemplo de falta de compromiso, relativismo, comodidad y ahí me las den todas. Pero hete aquí que al final vamos a tener que darle la razón.
Lo primero, en lo de la relatividad de la verdad relativa del relativismo actual. Su conocidísima frase “¿y qué es la verdad?”, antaño compendio de todas las maldades, los modernismos y la sinrazón relativista del relativismo relativo de hoy, hogaño ha devenido en ser la madre de todas las verdades, clave de principios de inmutabilidad mutable y guía y criterio de un modus vivendi consistente en que todo vale y por qué no.

Ayer lo he vuelto a escuchar. Falleció José María Iñigo y ya tenemos a algún sacerdote más bueno, evidentemente que los demás, proclamando “santo súbito”. Mejor, no “santo súbito”, sino “ya es santo”. Porque si el clérigo en cuestión afirma tajantemente que el finado ya está en el cielo, es lo que está diciendo: que ya es santo.
Estamos en proceso de ordenación y catalogación del extraordinario archivo parroquial de Braojos, y, entre otras cosas, ha aparecido un curioso cuadernillo, fechado en 1946, y en el que bajo el título de “Diario costumbrero de la parroquia de San Vicente Mártir de Braojos de la Sierra”, el párroco de entonces realiza una descripción de usos y costumbres religiosas e incluso algunas civiles, de su pueblo.
Me es obligado. En su día mostré mi
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que no permanece en mí no da fruto y va al fuego. Serio esto.





