Son bobadas, pero...
Yo no sé mis lectores, pero a uno, desde su experiencia de cura y de fiel, le basta entrar en un templo para darse cuenta de si eso es una parroquia medio seria o cualquier otra cosa. Yo les voy a señalar cosas en las que me fijo, y luego me dicen si ando más o menos acertado o si me faltan o sobran cosas.
- Horarios de apertura, misas, confesiones, despacho y teléfono de contacto en el exterior
- Carteleras de avisos actualizadas y ordenadas
- Orden en el interior (no hay folletos, libros, cantorales en los bancos y de cualquier manera)
- Orden en el presbiterio: altar, sede, credencia

No, no me gusta nada lo del acuerdo con China. Como al cardenal emérito de Hong Kong, cardenal Zen, que ha llegado a afirmar que Parolin ha cometido una increíble traición y debe dimitir. ¿Y por qué no me gusta? Vayamos por partes.
De vez en cuando intento aclarar los términos y no hay forma. Verán la cosa. A mí no me gusta dividir el mundo y menos la Iglesia en grupos o facciones. Pero por más que lo intento, me lo sueltan a la cara en cuanto me descuido. Sí, ya saben, eso de que este obispo es francisquista, aquél ultracavernario, este cura progresista, estotro ultra hiper mega maxi conservador, esa persona abierta y dialogante, mientras que aquella otra es la ultracaverna. No es cosa mía, es que la clasificación está a la orden del día en muchos, algunos, lugares de información religiosa.
Me parece que hay que entrar por el camino de la simplificación. Los planes pastorales de diócesis y parroquias me superan. Objetivos, contenidos, actitudes que fomentar, valores que proponer. Si hablamos de actividades, ya es que ni cuento. Entre catequesis, campamentos, liturgias varias, grupo de A, B, C y X, salidas, excursiones, Cáritas, cultura, vida ascendente, fiesta parroquial y encuentros a diversos niveles: parroquia, arciprestazgo, vicaría, diocesanos, alguna peregrinación… un estrés de padre y muy señor mío.
Una de las “grandes estrellas” del pasado congreso de la Juan XXIII fue una tal Mary E. Hunt, que según el propio congreso es teóloga feminista, católica activa en el movimiento de mujeres-iglesia y en asuntos religiosos LGBTIQ, y Codirectora de la Alianza de mujeres para la Teología, Ética y Rituales (WATER). Ya dije en su momento que las siglas las carga el diablo, y que presentarse en España como codirectora de una cosa llamada WATER presagia las peores conclusiones.