Menos mal que nos quitaron los crucifijos
Cosas que he dicho en mi homilía de hoy. Si es que esto es el ABC. Hemos echado a Cristo de la vida, entró el pecado, y con el pecado la violencia, el dolor y la muerte. Hoy no hay más solución, si queremos paz, justicia, libertad y dignidad para todos, y además la vida eterna, que volver a Cristo, dejar que sea Él quien llene el corazón y disponernos a vivir según el código tan viejo y tan actual de los diez mandamientos.
Con la cosa del respeto, la sana laicidad, el no ofender y el ser más comprensivo que nadie, hemos acabado haciendo un pan como unas tortas. Y si no, se lo piensen.
El crucifijo, el crucificado, ha sido expulsado de todos los ámbitos de la vida política. Antes muertos que ver un crucifijo en el Congreso, el Senado, los parlamentos autonómicos, ayuntamientos, ministerios. Pues vale. ¿Y el resultado? ¿Me van a decir que desde que los crucifijos salieron de la vida política tenemos unos políticos más honrados, benévolos, solidarios y preocupados por el bien común?

Desbordado con la respuesta de los lectores. Más de cien comentarios en el post amén de no sé cuántos correos, así que no queda otra que ponerse a ello con ilusión y con ganas.
Poco a poco este blog se ha convertido en algo más que una simple forma de expresarse un cura hoy de pueblo. De manera especial desde hace un año, cuando me hice cargo de las parroquias de Braojos, Gascones y La Serna del Monte, se ha ido formando una comunidad eclesial que, por encima de distancias físicas o matices eclesiales, reza, vive en comunión, apoya y se siente iglesia de la sierra madrileña.
Mala cosa encontrarte un comercial que no confía en su producto. Peor un comercial que disfruta como un loco con productos de la competencia.





