Treinta cochinas monedas
No necesitó más Judas para entregarlo. Apenas treinta monedas de plata que ardieron en sus manos, su corazón y su conciencia. Treinta monedas de plata que no pudo soportar y que acabaron arrancándole la vida. Resultó barata la traición.
En el evangelio de ayer, miércoles santo, pudimos escuchar una terrorífica frase de Jesús: “¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.” Cristo entregado otra vez, cada día.
Entregado por los políticos, que reniegan de dos mil años de cultura cristiana en Europa, solo por conseguir mantener un escaño, un puesto, un sueldo, un lugar. Escaños, puestos y sueldos comprados a precio de sangre del no nacido, a precio de la destrucción de la antropología más básica, de mentira, engaño, manipulación, desprecio del pobre.

Son ya tres semanas celebrando solo en La Serna y emitiendo la misa a través de mi perfil de Facebook y de la web de nuestra parroquia virtual de san José de la Sierra. Desde este pasado sábado celebro “ad orientem”, es decir, con el misal de Pablo VI, pero “coram Deo”. Lo expliqué el primer día: no celebro de espaldas ni soy un mal educado, sino que toda la asamblea, con el sacerdote al frente, celebra el memorial del sacrificio de Cristo en la cruz mirando en la misma dirección.
Nos mienten. En todo y cada día. Sin disimulo, sin medias tintas, con todo el cinismo del mundo.
Vamos a ver si conseguimos no hacer más tonterías que las imprescindibles. La situación nos supera y nos rebasa. Los muertos por coronavirus, especialmente en España, nos abruman cada día. A estas horas llevamos más de ocho mil muertos y nos acercamos a los cien mil contagiados. Además de todo esto, nos llegan los reproches de muchas personas y colectivos acusando a la Iglesia de no estar aportando nada ante esta situación. Ya sabemos que no es así, pero estas cosas duelen.





