Seminarios y opaca transparencia. Si no hay mata, no hay patata
Próximo el día del seminario, tenemos los últimos datos de España que nos ofrece la Conferencia Episcopal. Seguimos por debajo del número mítico de los 1.000 y descendiendo. Este es el resumen:
Curso 2023-2024
- Seminaristas: 956
- Ingresos: 143
- Ordenados: 79
Curso 2022-2023
- Seminaristas: 974
- Ingresos: 172
- Ordenados: 97
Hasta hace pocos años estos datos se ofrecían desglosados por diócesis. Últimamente la Subcomisión episcopal para los seminarios nos hace llegar los datos totales que recopila la Oficina de Transparencia de la Conferencia episcopal española, oficina tan transparente que crudo lo tienen mis amables lectores si quieren saber cómo están el seminario de Solsona, el de Albacete o el de Barcelona. La transparencia es así. Antes, sin transparencia, uno podía saber sin problema las ordenaciones en Barbastro. Ahora con ella rien de rien. Qué oficina de transparencia tan opaca.

Últimamente uno se da cuenta de que cada vez son más los católicos que están dejando de sufrir en silencio y no se callan ni debajo del agua. Nuestros fieles, siempre tan comedidos, tan respetuosos con lo que decían sus sacerdotes, tan confiados en que todo iba por buen camino, se empiezan a echar al monte y cuando algo no les cuadra simplemente se ponen en jarras, como una Rafaela cualquiera, y cantan las verdades del barquero a cura común, párroco de campanillas, vicario episcopal y de ahí hasta donde haga falta.
Cuando algo imposible se presenta como imposible pero con un resquicio de posible en determinadas circunstancas, lo que en la práctica ocurre es que se entiende que ya tiene carta de naturaleza lo hasta ahora vetado.
Ya saben. Aventuras, charcos, en los que se mete uno, y que no son una cosa tan simple como pudiera parecer. Bah, media horita para contar cuatro cosas. Je. Bien se conoce que no han pensado en el asunto.





